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Edad media


Santa Sof铆a de Constantinopla (532-537). Los cuatro minaretes son una adici贸n correspondiente a su transformaci贸n en mezquita, a ra铆z de la conquista turca (1453). El Imperio bizantino fue la 煤nica instituci贸n pol铆tica (aparte del papado) que mantuvo su existencia por la totalidad del periodo medieval.
La ciudad medieval de Carcasona. Ciudades amuralladas, puentes bien guarnecidos y castillos son parte de la imagen b茅lica de la Edad Media. El aspecto actual es fruto de una recreaci贸n historicista del siglo XIX, cuando las murallas ya no eran funcionales, y la mayor parte de las ciudades europeas las derribaba. El deseo de recuperarlas es una muestra de medievalismo.
Ermita del Cristo de la Luz en Toledo, anteriormente mezquita. La convivencia entre civilizaciones altern贸 entre el enfrentamiento y la tolerancia, el aislamiento y la influencia mutua.

La Edad Media, Medievo o Medioevo es el per铆odo hist贸rico de la civilizaci贸n occidental comprendido entre el siglo V y el XV. Su comienzo se sit煤a convencionalmente en el a帽o 476 con la ca铆da del Imperio romano de Occidente y su fin en 1492 con el descubrimiento de Am茅rica,1 o en 1453 con la ca铆da del Imperio bizantino, fecha que tiene la ventaja de coincidir con la invenci贸n de la imprenta (Biblia de Gutenberg) y con el fin de la Guerra de los Cien A帽os.

Actualmente los historiadores del periodo prefieren matizar esta ruptura entre Antig眉edad y Edad Media de manera que entre los siglos III y VIII se suele hablar de Antig眉edad Tard铆a, que habr铆a sido una gran etapa de transici贸n en todos los 谩mbitos: en lo econ贸mico, para la sustituci贸n del modo de producci贸n esclavista por el modo de producci贸n feudal; en lo social, para la desaparici贸n del concepto de ciudadan铆a romana y la definici贸n de los estamentos medievales, en lo pol铆tico para la descomposici贸n de las estructuras centralizadas del Imperio romano que dio paso a una dispersi贸n del poder; y en lo ideol贸gico y cultural para la absorci贸n y sustituci贸n de la cultura cl谩sica por las teoc茅ntricas culturas cristiana o isl谩mica (cada una en su espacio).2

Suele dividirse en dos grandes per铆odos: Temprana o Alta Edad Media (siglo V a siglo X, sin una clara diferenciaci贸n con la Antig眉edad Tard铆a); y Baja Edad Media (siglo XI a siglo XV), que a su vez puede dividirse en un periodo de plenitud, la Plena Edad Media (siglo XI al siglo XIII), y los dos 煤ltimos siglos que presenciaron la Crisis de la Edad Media o del siglo XIV.

Aunque hay algunos ejemplos de utilizaci贸n previa,3 el concepto de Edad Media naci贸 como la segunda edad de la divisi贸n tradicional del tiempo hist贸rico debida a Crist贸bal Cellarius (Historia Medii Aevi a temporibus Constantini Magni ad Constaninopolim a Turcis captam deducta (Jena, 1688),4 quien la consideraba un tiempo intermedio, sin apenas valor por s铆 mismo, entre la Edad Antigua identificada con el arte y la cultura de la civilizaci贸n grecorromana de la Antig眉edad cl谩sica y la renovaci贸n cultural de la Edad Moderna -en la que 茅l se sit煤a- que comienza con el Renacimiento y el Humanismo. La popularizaci贸n de este esquema, seg煤n historiadores medievalistas como Le Goff o Eco, ha perpetuado un preconcepto err贸neo: el de considerar a la Edad Media como una 茅poca oscura, sumida en el retroceso intelectual y cultural, y un aletargamiento social y econ贸mico secular (que a su vez se asocia con el feudalismo en sus rasgos m谩s oscurantistas, tal como se defini贸 por los revolucionarios que combatieron el Antiguo R茅gimen). Ser铆a un periodo dominado por el aislamiento, la ignorancia, la teocracia, la superstici贸n y el miedo milenarista alimentado por la inseguridad end茅mica, la violencia y la brutalidad de guerras e invasiones constantes y epidemias apocal铆pticas.5

Sin embargo, en este largo periodo de mil a帽os hubo todo tipo de hechos y procesos muy diferentes entre s铆, diferenciados temporal y geogr谩ficamente, respondiendo tanto a influencias mutuas con otras civilizaciones y espacios como a din谩micas internas. Muchos de ellos tuvieron una gran proyecci贸n hacia el futuro, entre otros los que sentaron las bases del desarrollo de la posterior expansi贸n europea, y el desarrollo de los agentes sociales que desarrollaron una sociedad estamental de base predominantemente rural pero que presenci贸 el nacimiento de una incipiente vida urbana y una burgues铆a que con el tiempo desarrollar谩n el capitalismo.6 Lejos de ser una 茅poca inmovilista, la Edad Media, que hab铆a comenzado con migraciones de pueblos enteros, y continuado con grandes procesos repobladores (Repoblaci贸n en la Pen铆nsula Ib茅rica, Ostsiedlung en Europa Oriental) vio c贸mo en sus 煤ltimos siglos los antiguos caminos (muchos de ellos v铆as romanas deca铆das) se reparaban y modernizaban con airosos puentes, y se llenaban de toda clase de viajeros (guerreros, peregrinos, mercaderes, estudiantes, goliardos) encarnando la met谩fora espiritual de la vida como un viaje (homo viator).7

Tambi茅n surgieron en la Edad Media formas pol铆ticas nuevas, que van desde el califato isl谩mico a los poderes universales de la cristiandad latina (Pontificado e Imperio) o el Imperio bizantino y los reinos eslavos integrados en la cristiandad oriental (aculturaci贸n y evangelizaci贸n de Cirilo y Metodio); y en menor escala, todo tipo de ciudades estado, desde las peque帽as ciudades episcopales alemanas hasta rep煤blicas que mantuvieron imperios mar铆timos como Venecia; dejando en la mitad de la escala a la que tuvo mayor proyecci贸n futura: las monarqu铆as feudales, que transformadas en monarqu铆as autoritarias prefiguran el estado moderno.

De hecho, todos los conceptos asociados a lo que se ha venido en llamar modernidad aparecen en la Edad Media, en sus aspectos intelectuales con la misma crisis de la escol谩stica.8 Ninguno de ellos ser铆a entendible sin el propio feudalismo, se entienda 茅ste como modo de producci贸n (basado en las relaciones sociales de producci贸n en torno a la tierra del feudo) o como sistema pol铆tico (basado en las relaciones personales de poder en torno a la instituci贸n del vasallaje), seg煤n las distintas interpretaciones historiogr谩ficas.9

El choque de civilizaciones entre Cristiandad e Islam, manifestado en la ruptura de la unidad del Mediterr谩neo (hito fundamental de la 茅poca, seg煤n Henri Pirenne, en su cl谩sico Mahoma y Carlomagno10 ), la Reconquista espa帽ola y las Cruzadas; tuvo tambi茅n su parte de f茅rtil intercambio cultural (escuela de Traductores de Toledo, Escuela M茅dica Salernitana) que ampli贸 los horizontes intelectuales de Europa, hasta entonces limitada a los restos de la cultura cl谩sica salvados por el monacato altomedieval y adaptados al cristianismo.

La Edad Media realiz贸 una curiosa combinaci贸n entre la diversidad y la unidad. La diversidad fue el nacimiento de las incipientes naciones... La unidad, o una determinada unidad, proced铆a de la religi贸n cristiana, que se impuso en todas partes... esta religi贸n reconoc铆a la distinci贸n entre cl茅rigos y laicos, de manera que se puede decir que... se帽al贸 el nacimiento de una sociedad laica. ... Todo esto significa que la Edad Media fue el per铆odo en que apareci贸 y se construy贸 Europa.11

Esa misma Europa Occidental produjo una impresionante sucesi贸n de estilos art铆sticos (prerrom谩nico, rom谩nico y g贸tico), que en las zonas fronterizas se mestizaron tambi茅n con el arte isl谩mico (mud茅jar, arte andalus铆, arte 谩rabe-normando) o con el arte bizantino.

Art铆culo principal: Arte medieval

La ciencia medieval no respond铆a a una metodolog铆a moderna, pero tampoco lo hab铆a hecho la de los autores cl谩sicos, que se ocuparon de la naturaleza desde su propia perspectiva; y en ambas edades sin conexi贸n con el mundo de las t茅cnicas, que estaba relegado al trabajo manual de artesanos y campesinos, responsables de un lento pero constante progreso en las herramientas y procesos productivos. La diferenciaci贸n entre oficios viles y mec谩nicos y profesiones liberales vinculadas al estudio intelectual convivi贸 con una te贸rica puesta en valor espiritual del trabajo en el entorno de los monasterios benedictinos, cuesti贸n que no pas贸 de ser un ejercicio piadoso, sobrepasado por la mucho m谩s trascendente valoraci贸n de la pobreza, determinada por la estructura econ贸mica y social y que se expres贸 en el pensamiento econ贸mico medieval.

Art铆culo principal: Medievalismo

Medievalismo es tanto la cualidad o car谩cter de medieval,12 como el inter茅s por la 茅poca y los temas medievales y su estudio; y medievalista el especialista en estas materias.13 El descr茅dito de la Edad Media fue una constante durante la Edad Moderna, en la que Humanismo, Renacimiento, Racionalismo, Clasicismo e Ilustraci贸n se afirman como reacciones contra ella, o m谩s bien contra lo que entienden que significaba, o contra los rasgos de su propio presente que intentan descalificar como pervivencias medievales. No obstante desde fines del siglo XVI se producen interesantes recopilaciones de fuentes documentales medievales que buscan un m茅todo cr铆tico para la ciencia hist贸rica. El Romanticismo y el Nacionalismo del siglo XIX revalorizaron la Edad Media como parte de su programa est茅tico y como reacci贸n anti-acad茅mica (poes铆a y drama rom谩nticos, novela hist贸rica, nacionalismo musical, 贸pera), adem谩s de como 煤nica posibilidad de encontrar base hist贸rica a las emergentes naciones (pintura de historia, arquitectura historicista, sobre todo el neog贸tico -labor restauradora y recreadora de Eug猫ne Viollet-le-Duc- y el neomud茅jar). Los abusos rom谩nticos de la ambientaci贸n medieval (exotismo), produjeron ya a mediados del siglo XIX la reacci贸n del realismo.14 Otro tipo de abusos son los que dan lugar a una abundante literatura pseudohist贸rica que llega hasta el presente, y que ha encontrado la f贸rmula del 茅xito medi谩tico entremezclando temas esot茅ricos sacados de partes m谩s o menos oscuras de la Edad Media (Archivo Secreto Vaticano, templarios, rosacruces, masones y el mism铆simo Santo Grial).15 Algunos de ellos se vincularon al nazismo, como el alem谩n Otto Rahn. Por otro lado, hay abundancia de otros tipos de producciones art铆sticas de ficci贸n de diversa calidad y orientaci贸n inspiradas en la Edad Media (literatura, cine, c贸mic). Tambi茅n se han desarrollado en el siglo XX otros movimientos medievalistas: un medievalismo historiogr谩fico serio, centrado en la renovaci贸n metodol贸gica (fundamentalmente por la incorporaci贸n de la perspectiva econ贸mica y social aportada por el materialismo hist贸rico y la Escuela de los Annales) y un medievalismo popular (espect谩culos medievales, m谩s o menos genuinos, como actualizaci贸n del pasado en el que la comunidad se identifica, lo que se ha venido en llamar memoria hist贸rica).

Contenido

Es impropio hablar de Edad Media en otras civilizaciones

Mapa TO, con Jerusal茅n en el centro, y las tres partes simplificadas del mundo recordado, m谩s que conocido en la Edad Media.

Las grandes migraciones de la 茅poca de las invasiones significaron parad贸jicamente un cierre al contacto de Occidente con el resto del mundo. Muy pocas noticias ten铆an los europeos del milenio medieval (tanto los de la cristiandad latina como los de la cristiandad oriental) de que, aparte de la civilizaci贸n isl谩mica, que ejerci贸 de puente pero tambi茅n de obst谩culo entre Europa y el resto del Viejo Mundo,10 se desarrollaban otras civilizaciones. Incluso un vasto reino cristiano como el de Etiop铆a, al quedar aislado, se convirti贸 en el imaginario cultural en el m铆tico reino del Preste Juan, apenas distinguible de las islas atl谩nticas de San Borond贸n y del resto de las maravillas dibujadas en los bestiarios y los escasos, rudimentarios e imaginativos mapas. El desarrollo marcadamente aut贸nomo de China, la m谩s desarrollada civilizaci贸n de la 茅poca (aunque volcada hacia su propio interior y ensimismada en sus ciclos din谩sticos: Sui, Tang, Song, Yuan y Ming), y la escasez de contactos con ella (el viaje de Marco Polo, o la mucho m谩s importante expedici贸n de Zheng He), que destacan justamente por lo inusuales y por su ausencia de continuidad, no permiten denominar a los siglos V al XV de su historia como historia medieval, aunque a veces se haga, incluso en publicaciones especializadas, m谩s o menos impropiamente.16

La Historia de Jap贸n (que durante este periodo estaba en formaci贸n como civilizaci贸n, adaptando las influencias chinas a la cultura aut贸ctona y expandi茅ndose desde las islas meridionales a las septentrionales), a pesar de su mayor lejan铆a y aislamiento, suele ser parad贸jicamente m谩s asociada al t茅rmino medieval; aunque tal denominaci贸n es acotada por la historiograf铆a, significativamente, a un periodo medieval que se localiza entre los a帽os 1000 y 1868, para adecuarse al denominado feudalismo japon茅s anterior a la era Meiji (v茅ase tambi茅n shogunato, han y castillo japon茅s).17

La Historia de la India o la del 脕frica negra a partir del siglo VII contaron con una mayor o menor influencia musulmana, pero se atuvieron a din谩micas propias bien diferentes (Sultanato de Delhi, Sultanato de Bahmani, Imperio Vijayanagara 鈥揺n la India鈥 Imperio de Mal铆, Imperio Songhay 鈥揺n 脕frica negra鈥). Incluso lleg贸 a producirse una destacada intervenci贸n sahariana en el mundo mediterr谩neo occidental: el Imperio Almor谩vide.

De un modo todav铆a m谩s claro, la Historia de Am茅rica (que atravesaba sus periodos cl谩sico y postcl谩sico) no tuvo ning煤n tipo de contacto con el Viejo Mundo, m谩s all谩 de la llegada de la denominada Colonizaci贸n vikinga en Am茅rica que se limit贸 a una reducida y ef铆mera presencia en Groenlandia y la enigm谩tica Vinland, o la posibles posteriores expediciones de balleneros vascos en parecidas zonas del Atl谩ntico Norte, aunque este hecho ha de entenderse en el contexto del gran desarrollo de la navegaci贸n de los 煤ltimos siglos de la Baja Edad media, ya encaminada a la Era de los Descubrimientos.

Lo que s铆 ocurri贸, y puede considerarse como una constante del periodo medieval, fue la peri贸dica repetici贸n de puntuales interferencias centroasi谩ticas en Europa y el Pr贸ximo Oriente en forma de invasiones de pueblos del Asia Central, destacadamente los turcos (k枚kt眉rks, j谩zaros, otomanos) y los mongoles (unificados por Gengis Kan) y cuya Horda de Oro estuvo presente en Europa Oriental y conform贸 la personalidad de los estados cristianos que se crearon, a veces vasallos y a veces resistentes, en las estepas rusas y ucranianas. Incluso en una rara ocasi贸n, la primitiva diplomacia de los reinos europeos bajomedievales vio la posibilidad de utilizar a los segundos como contrapeso a los primeros: la frustrada embajada de Ruy Gonz谩lez de Clavijo a la corte de Tamerl谩n en Samarcanda, en el contexto del asedio mongol de Damasco, un momento muy delicado (1401-1406) en el que tambi茅n intervino como diplom谩tico Ibn Jald煤n. Los mongoles ya hab铆an saqueado Bagdad en una incursi贸n de 1258.18

Sue帽o de Constantino antes de la batalla del Puente Milvio. In hoc signo vinces (Con este signo vencer谩s). Ilustraci贸n de las Homil铆as de san Gregorio Nacianceno, siglo IX.
El papa Silvestre I bendice a Constantino, del que recibe con la tiara (s铆mbolo del pontificado romano cl谩sico, similar a otros tocados pol铆tico-religiosos, como la doble corona de los faraones) el poder temporal sobre Roma. Fresco del siglo XIII, capilla de San Silvestre, monasterio de los Cuatro Santos Coronados.

El inicio de la Edad Media

Art铆culo principal: Antig眉edad tard铆a

Aunque se han propuesto varias fechas para el inicio de la Edad Media, de las cuales la m谩s extendida es la del a帽o 476, lo cierto es que no podemos ubicar el inicio de una manera tan exacta ya que la Edad Media no nace, sino que "se hace" a consecuencia de todo un largo y lento proceso que se extiende por espacio de cinco siglos y que provoca cambios enormes a todos los niveles de una forma muy profunda que incluso repercutir谩n hasta nuestros d铆as. Podemos considerar que ese proceso empieza con la crisis del siglo III, vinculada a los problemas de reproducci贸n inherentes al modo de producci贸n esclavista, que necesitaba una expansi贸n imperial continua que ya no se produc铆a tras la fijaci贸n del limes romano. Posiblemente tambi茅n confluyeran factores clim谩ticos para la sucesi贸n de malas cosechas y epidemias; y de un modo mucho m谩s evidente las primeras invasiones germ谩nicas y sublevaciones campesinas (bagaudas), en un periodo en que se suceden muchos breves y tr谩gicos mandatos imperiales. Desde Caracalla la ciudadan铆a romana estaba extendida a todos los hombres libres del Imperio, muestra de que tal condici贸n, antes tan codiciada, hab铆a dejado de ser atractiva. El Bajo Imperio adquiere un aspecto cada vez m谩s medieval desde principios del siglo IV con las reformas de Diocleciano: difuminaci贸n de las diferencias entre los esclavos, cada vez m谩s escasos, y los colonos, campesinos libres, pero sujetos a condiciones cada vez mayores de servidumbre, que pierden la libertad de cambiar de domicilio, teniendo que trabajar siempre la misma tierra; herencia obligatoria de cargos p煤blicos -antes disputados en re帽idas elecciones- y oficios artesanales, sometidos a colegiaci贸n -precedente de los gremios-, todo para evitar la evasi贸n fiscal y la despoblaci贸n de las ciudades, cuyo papel de centro de consumo y de comercio y de articulaci贸n de las zonas rurales cada vez es menos importante. Al menos, las reformas consiguen mantener el edificio institucional romano, aunque no sin intensificar la ruralizaci贸n y aristocratizaci贸n (pasos claros hacia el feudalismo), sobre todo en Occidente, que queda desvinculado de Oriente con la partici贸n del Imperio. Otro cambio decisivo fue la implantaci贸n del cristianismo como nueva religi贸n oficial por el Edicto de Tesal贸nica de Teodosio I el Grande (380) precedido por el Edicto de Mil谩n (313) con el que Constantino I el Grande recompens贸 a los hasta entonces subversivos por su providencialista ayuda en la Batalla del Puente Milvio (312), junto con otras presuntas cesiones m谩s temporales cuya fraudulenta reclamaci贸n (Pseudo-donaci贸n de Constantino) fue una constante de los Estados Pontificios durante toda la Edad Media, incluso tras la evidencia de su refutaci贸n por el humanista Lorenzo Valla (1440).

Ning煤n evento concreto -a pesar de la abundancia y concatenaci贸n de hechos catastr贸ficos- determin贸 por s铆 mismo el fin de la Edad Antigua y el inicio de la Edad Media: ni los sucesivos saqueos de Roma (por los godos de Alarico I en el 410, por los v谩ndalos en el 455, por las propias tropas imperiales de Ricimero en 472, por los ostrogodos en 546), ni la pavorosa irrupci贸n de los hunos de Atila (450-452, con la Batalla de los Campos Catal谩unicos y la extra帽a entrevista con el papa Le贸n I el Magno), ni el derrocamiento de R贸mulo Aug煤stulo (煤ltimo emperador romano de Occidente, por Odoacro el jefe de los h茅rulos -476-); fueron sucesos que sus contempor谩neos consideraran iniciadores de una nueva 茅poca. La culminaci贸n a finales del siglo V de una serie de procesos de larga duraci贸n, entre ellos la grave dislocaci贸n econ贸mica, las invasiones y el asentamiento de los pueblos germanos en el Imperio romano, hizo cambiar la faz de Europa. Durante los siguientes 300 a帽os, la Europa Occidental mantuvo un per铆odo de unidad cultural, inusual para este continente, instalada sobre la compleja y elaborada cultura del Imperio romano, que nunca lleg贸 a perderse por completo, y el asentamiento del cristianismo. Nunca lleg贸 a olvidarse la herencia cl谩sica grecorromana, y la lengua latina, sometida a transformaci贸n (lat铆n medieval), continu贸 siendo la lengua de cultura en toda Europa occidental, incluso m谩s all谩 de la Edad Media. El derecho romano y m煤ltiples instituciones continuaron vivas, adapt谩ndose de uno u otro modo. Lo que se oper贸 durante ese amplio periodo de transici贸n (que puede darse por culminado para el a帽o 800, con la coronaci贸n de Carlomagno) fue una suerte de fusi贸n con las aportaciones de otras civilizaciones y formaciones sociales, en especial la germ谩nica y la religi贸n cristiana. En los siglos siguientes, a煤n en la Alta Edad Media, ser谩n otras aportaciones las que se a帽adan, destacadamente el Islam.

Alta Edad Media (siglos V al X)

Art铆culo principal: Alta Edad Media

Los reinos germanorromanos (siglos V al VIII)

Art铆culo principal: Reinos germ谩nicos

驴B谩rbaros?

Los b谩rbaros se desparraman furiosos... y el azote de la peste no causa menos estragos, el tir谩nico exactor roba y el soldado saquea las riquezas y las vituallas escondidas en las ciudades; reina un hambre tan espantosa, que obligado por ella, el g茅nero humano devora carne humana, y hasta las madres matan a sus hijos y cuecen sus cuerpos para alimentarse con ellos. Las fieras aficionadas a los cad谩veres de los muertos por la espada, por el hambre y por la peste, destrozan hasta a los hombres m谩s fuertes, y ceb谩ndose en sus miembros, se encarnizan cada vez m谩s para destrucci贸n del g茅nero humano. De esta suerte, exacerbadas en todo el orbe las cuatro plagas: el hierro, el hambre, la peste y las fieras, c煤mplense las predicciones que hizo el Se帽or por boca de sus Profetas. Asoladas las provincias... por el referido encruelecimiento de las plagas, los b谩rbaros, resueltos por la misericordia del Se帽or a hacer la paz, se reparten a suertes las regiones de las provincias para establecerse en ellas.
Hidacio, Chronicon (hacia 468).19

El texto se refiere concretamente a Hispania y sus provincias, y los b谩rbaros citados son espec铆ficamente los suevos, v谩ndalos y alanos, que en el 406 hab铆an cruzado el limes del Rin (inhabitualmente helado) a la altura de Maguncia y en torno al 409 hab铆an llegado a la Pen铆nsula Ib茅rica; pero la imagen es equivalente en otros momentos y lugares que el mismo autor narra, del periodo entre 379 y 468.

Los pueblos germ谩nicos procedentes de la Europa del Norte y del Este, se encontraban en un estadio de desarrollo econ贸mico, social y cultural obviamente inferior al del Imperio romano, al que ellos mismos percib铆an admirativamente. A su vez eran percibidos con una mezcla de desprecio, temor y esperanza (retrospectivamente plasmados en el influyente poema Esperando a los b谩rbaros de Constantino Cavafis),20 e incluso se les atribuy贸 un papel justiciero (aunque involuntario) desde un punto de vista providencialista por parte de los autores cristianos romanos (Orosio, Salviano de Marsella y San Agust铆n de Hipona).21 La denominaci贸n de b谩rbaros (尾维蟻尾伪蟻慰蟼) proviene de la onomatopeya bar-bar con la que los griegos se burlaban de los extranjeros no hel茅nicos, y que los romanos -b谩rbaros ellos mismos, aunque helenizados- utilizaron desde su propia perspectiva. La denominaci贸n invasiones b谩rbaras fue rechazada por los historiadores alemanes del siglo XIX, momento en el que el t茅rmino barbarie designaba para las nacientes ciencias sociales un estadio de desarrollo cultural inferior a la civilizaci贸n y superior al salvajismo. Prefirieron acu帽ar un nuevo t茅rmino: V枚lkerwanderung ("Migraci贸n de Pueblos"),22 menos violento que invasiones, al sugerir el desplazamiento completo de un pueblo con sus instituciones y cultura, y m谩s general incluso que invasiones germ谩nicas, al incluir a hunos, eslavos y otros.

Los germanos, que dispon铆an de instituciones pol铆ticas peculiares, en concreto la asamblea de guerreros libres (thing) y la figura del rey, recibieron la influencia de las tradiciones institucionales del Imperio y la civilizaci贸n grecorromana, as铆 como la del cristianismo (aunque no siempre del cristianismo cat贸lico o atanasiano, sino del arriano); y se fueron adaptando a las circunstancias de su asentamiento en los nuevos territorios, sobre todo a la alternativa entre imponerse como minor铆a dirigente sobre una mayor铆a de poblaci贸n local o fusionarse con ella.

Los nuevos reinos germ谩nicos conformaron la personalidad de Europa Occidental durante la Edad Media, evolucionaron en monarqu铆as feudales y monarqu铆as autoritarias, y con el tiempo, dieron origen a los estados-naci贸n que se fueron construyendo en torno a ellas. Socialmente, en algunos de estos pa铆ses (Espa帽a o Francia), el origen germ谩nico (godo o franco) pas贸 a ser un rasgo de honor u orgullo de casta ostentado por la nobleza como distinci贸n sobre el conjunto de la poblaci贸n.

Las transformaciones del mundo romano

El Imperio romano hab铆a pasado por invasiones externas y guerras civiles terribles en el pasado, pero a finales del siglo IV, aparentemente, la situaci贸n estaba bajo control. Hac铆a escaso tiempo que Teodosio hab铆a logrado nuevamente unificar bajo un solo centro ambas mitades del Imperio (392) y establecido una nueva religi贸n de Estado, el Cristianismo niceno (Edicto de Tesal贸nica -380), con la consiguiente persecuci贸n de los tradicionales cultos paganos y las heterodoxias cristianas. El clero cristiano, convertido en una jerarqu铆a de poder, justificaba ideol贸gicamente a un Imperium Romanum Christianum y a la dinast铆a Teodosiana como hab铆a comenzado a hacer ya con la Constantiniana desde el Edicto de Mil谩n (313).

Se hab铆an encauzado los afanes de protagonismo pol铆tico de los m谩s ricos e influyentes senadores romanos y de las provincias occidentales. Adem谩s, la dinast铆a hab铆a sabido encauzar acuerdos con la poderosa aristocracia militar, en la que se enrolaban nobles germanos que acud铆an al servicio del Imperio al frente de soldados unidos por lazos de fidelidad hacia ellos. Al morir en 395, Teodosio confi贸 el gobierno de Occidente y la protecci贸n de su joven heredero Honorio al general Estilic贸n, primog茅nito de un noble oficial v谩ndalo que hab铆a contra铆do matrimonio con Flavia Serena, sobrina del propio Teodosio. Sin embargo, cuando en el 455 muri贸 asesinado Valentiniano III, nieto de Teodosio, una buena parte de los descendientes de aquellos nobles occidentales (nobilissimus, clarissimus) que tanto hab铆an confiado en los destinos del Imperio parecieron ya desconfiar del mismo, sobre todo cuando en el curso de dos decenios se hab铆an podido dar cuenta de que el gobierno imperial recluido en R谩vena era cada vez m谩s presa de los exclusivos intereses e intrigas de un peque帽o grupo de altos oficiales del ej茅rcito it谩lico. Muchos de 茅stos eran de origen germ谩nico y cada vez confiaban m谩s en las fuerzas de sus s茅quitos armados de soldados convencionales y en los pactos y alianzas familiares que pudieran tener con otros jefes germ谩nicos instalados en suelo imperial junto con sus propios pueblos, que desarrollaban cada vez m谩s una pol铆tica aut贸noma. La necesidad de acomodarse a la nueva situaci贸n qued贸 evidenciada con el destino de Gala Placidia, princesa imperial reh茅n de los propios saqueadores de Roma (el visigodo Alarico I y su primo Ata煤lfo, con quien finalmente se cas贸); o con el de Honoria, hija de la anterior (en segundas nupcias con el emperador Constancio III) que opt贸 por ofrecerse como esposa al propio Atila enfrent谩ndose a su propio hermano Valentiniano.

Alaricus rex gothorum, sello de Alarico II, rey visigodo.

Necesitados de mantener una posici贸n de predominio social y econ贸mico en sus regiones de origen, reducidos sus patrimonios fundiarios a dimensiones provinciales, y ambicionando un protagonismo pol铆tico propio de su linaje y de su cultura, los honestiores (los m谩s honestos u honrados, los que tienen honor), representantes de las aristocracias tardorromanas occidentales habr铆an acabado por aceptar las ventajas de admitir la legitimidad del gobierno de dichos reyes germ谩nicos, ya muy romanizados, asentados en sus provincias. Al fin y al cabo, 茅stos, al frente de sus soldados, pod铆an ofrecerles bastante mayor seguridad que el ej茅rcito de los emperadores de R谩vena. Adem谩s, el avituallamiento de dichas tropas resultaba bastante menos gravoso que el de las imperiales, por basarse en buena medida en s茅quitos armados dependientes de la nobleza germ谩nica y alimentados con cargo al patrimonio fundiario provincial de la que 茅sta ya hac铆a tiempo se hab铆a apropiado. Menos gravoso tanto para los arist贸cratas provinciales como tambi茅n para los grupos de humiliores (los m谩s humildes, los rebajados en tierra -humus-) que se agrupaban jer谩rquicamente en torno a dichos arist贸cratas, y que, en definitiva, eran los que hab铆an venido soportando el m谩ximo peso de la dura fiscalidad tardorromana. Las nuevas monarqu铆as, m谩s d茅biles y descentralizadas que el viejo poder imperial, estaban tambi茅n m谩s dispuestas a compartir el poder con las aristocracias provinciales, m谩xime cuando el poder de estos monarcas estaba muy limitado en el seno mismo de sus gentes por una nobleza basada en sus s茅quitos armados, desde su no muy lejano origen en las asambleas de guerreros libres, de los que no dejaban de ser primun inter pares.

Pero esta metamorfosis del Occidente romano en romano-germano, no hab铆a sido consecuencia de una inevitabilidad claramente evidenciada desde un principio; por el contrario, el camino hab铆a sido duro, zigzagueante, con ensayos de otras soluciones, y con momentos en que parec铆a que todo pod铆a volver a ser como antes. As铆 ocurri贸 durante todo el siglo V, y en algunas regiones tambi茅n en el siglo VI como consecuencia, entre otras cosas, de la llamada Recuperatio Imperii o Reconquista de Justiniano.

Los distintos reinos

Batalla de Vouill茅 (507), entre francos y visigodos, representada en un manuscrito del siglo XIV.

Las invasiones b谩rbaras desde el siglo III hab铆an demostrado la permeabilidad del limes romano en Europa, fijado en el Rin y el Danubio. La divisi贸n del Imperio en Oriente y Occidente, y la mayor fortaleza del imperio oriental o bizantino, determin贸 que fuera 煤nicamente en la mitad occidental donde se produjo el asentamiento de estos pueblos y su institucionalizaci贸n pol铆tica como reinos.

Fueron los visigodos, primero como Reino de Tolosa y luego como Reino de Toledo, los primeros en efectuar esa institucionalizaci贸n, vali茅ndose de su condici贸n de federados, con la obtenci贸n de un foedus con el Imperio, que les encarg贸 la pacificaci贸n de las provincias de Galia e Hispania, cuyo control estaba perdido en la pr谩ctica tras las invasiones del 410 por suevos, v谩ndalos y alanos. De 茅stos, s贸lo los suevos lograron el asentamiento definitivo en una zona: el Reino de Braga, mientras que los v谩ndalos se establecieron en el norte de 脕frica y las islas del Mediterr谩neo Occidental, pero fueron al siglo siguiente eliminados por los bizantinos durante la gran expansi贸n territorial de Justiniano I (campa帽as de los generales Belisario, del 533 al 544, y Nars茅s, hasta el 554). Simult谩neamente los ostrogodos consiguieron instalarse en Italia expulsando a los h茅rulos, que hab铆an expulsado a su vez de Roma al 煤ltimo emperador de Occidente. El Reino Ostrogodo desapareci贸 tambi茅n frente a la presi贸n bizantina de Justiniano I.

Un segundo grupo de pueblos germ谩nicos se instala en Europa Occidental en el siglo VI, de entre los que destaca el Reino franco de Clodoveo y sus sucesores merovingios, que desplaza a los visigodos de las Galias, forz谩ndolos a trasladar su capital de Tolosa (Toulouse) a Toledo. Tambi茅n derrotaron a burgundios y alamanes, absorbiendo sus reinos. Algo m谩s tarde los lombardos se establecen en Italia (568-9), pero ser谩n derrotados a finales del siglo VIII por los mismos francos, que reinstaurar谩n el Imperio con Carlomagno (a帽o 800).

En Gran Breta帽a se instalar谩n los anglos, sajones y jutos, que crear谩n una serie de reinos rivales que ser谩n unificados por los daneses (un pueblo n贸rdico) en lo que terminar谩 por ser el reino de Inglaterra.

Las instituciones

Breviario de Alarico, en un manuscrito del siglo X.

La monarqu铆a germ谩nica era en origen una instituci贸n estrictamente temporal, vinculada estrechamente al prestigio personal del rey, que no pasaba de ser un primus inter pares (primero entre iguales), que la asamblea de guerreros libres eleg铆a (monarqu铆a electiva), normalmente para una expedici贸n militar concreta o para una misi贸n espec铆fica. Las migraciones a que se vieron sometidos los pueblos germ谩nicos desde el siglo III hasta el siglo V (encajonados entre la presi贸n de los hunos al este y la resistencia del limes romano al sur y oeste) fue fortaleciendo la figura del rey, al tiempo que se entraba en contacto cada vez mayor con las instituciones pol铆ticas romanas, que acostumbraban a la idea de un poder pol铆tico mucho m谩s centralizado y concentrado en la persona del Emperador romano. La monarqu铆a se vincul贸 a las personas de los reyes de forma vitalicia, y la tendencia era a hacerse monarqu铆a hereditaria, dado que los reyes (al igual que hab铆an hecho los emperadores romanos) procuraban asegurarse la elecci贸n de su sucesor, la mayor parte de las veces a煤n en vida y asoci谩ndolos al trono. El que el candidato fuera el primog茅nito var贸n no era una necesidad, pero se termin贸 imponiendo como una consecuencia obvia, lo que tambi茅n era imitado por las dem谩s familias de guerreros, enriquecidos por la posesi贸n de tierras y convertidos en linajes nobiliarios que se emparentaban con la antigua nobleza romana, en un proceso que puede denominarse feudalizaci贸n. Con el tiempo, la monarqu铆a se patrimonializ贸, permitiendo incluso la divisi贸n del reino entre los hijos del rey.

El respeto a la figura del rey se reforz贸 mediante la sacralizaci贸n de su toma de posesi贸n (unci贸n con los sagrados 贸leos por parte de las autoridades religiosas y uso de elementos distintivos como orbe, cetro y corona, en el transcurso de una elaborada ceremonia: la coronaci贸n) y la adici贸n de funciones religiosas (presidencia de concilios nacionales, como los Concilios de Toledo) y taumat煤rgicas (toque real de los reyes de Francia para la cura de la escr贸fula). El problema se suscitaba cuando llegaba el momento de justificar la deposici贸n de un rey y su sustituci贸n por otro que no fuera su sucesor natural. Los 煤ltimos merovingios no gobernaban por s铆 mismos, sino mediante los cargos de su corte, entre los que destacaba el mayordomo de palacio. 脷nicamente tras la victoria contra los invasores musulmanes en la batalla de Poitiers el mayordomo Carlos Martel se vio justificado para argumentar que la legitimidad de ejercicio le daba m茅ritos suficientes para fundar 茅l mismo su propia dinast铆a: la carolingia. En otras ocasiones se recurr铆a a soluciones m谩s imaginativas (como forzar la tonsura -corte eclesi谩stico del pelo- del rey visigodo Wamba para incapacitarle).

Los problemas de convivencia entre las minor铆as germanas y las mayor铆as locales (hispano-romanas, galo-romanas, etc.) fueron solucionados con m谩s eficacia por los reinos con m谩s proyecci贸n en el tiempo (visigodos y francos) a trav茅s de la fusi贸n, permitiendo los matrimonios mixtos, unificando la legislaci贸n y realizando la conversi贸n al catolicismo frente a la religi贸n originaria, que en muchos casos ya no era el paganismo tradicional germ谩nico, sino el cristianismo arriano adquirido en su paso por el Imperio Oriental.

Algunas caracter铆sticas propias de las instituciones germanas se conservaron: una de ellas el predominio del derecho consuetudinario sobre el derecho escrito propio del Derecho romano. No obstante los reinos germ谩nicos realizaron algunas codificaciones legislativas, con mayor o menor influencia del derecho romano o de las tradiciones germ谩nicas, redactadas en lat铆n a partir del siglo V (leyes teodoricianas, edicto de Teodorico, C贸digo de Eurico, Breviario de Alarico). El primer c贸digo escrito en lengua germ谩nica fue el del rey Ethelberto de Kent, el primero de los anglosajones en convertirse al cristianismo (comienzos del siglo VI). El visig贸tico Liber Iudicorum (Recesvinto, 654) y la franca Ley S谩lica (Clodoveo, 507-511) mantuvieron una vigencia muy prolongada por su consideraci贸n como fuentes del derecho en las monarqu铆as medievales y del Antiguo R茅gimen.23

V茅anse tambi茅n: Derecho germ谩nico y Derecho visigodo

La cristiandad latina y los b谩rbaros

Libro de Kells o Evangeliario de San Columba, arte hiberno-saj贸n o irlando-saj贸n.

La expansi贸n del cristianismo entre los b谩rbaros, el asentamiento de la autoridad episcopal en las ciudades y del monacato en los 谩mbitos rurales (sobre todo desde la regla de San Benito de Nursia -monasterio de Montecassino, 529-), constituyeron una poderosa fuerza fusionadora de culturas y ayud贸 a asegurar que muchos rasgos de la civilizaci贸n cl谩sica, como el derecho romano y el lat铆n, pervivieran en la mitad occidental del Imperio, e incluso se expandiera por Europa Central y septentrional. Los francos se convirtieron al catolicismo durante el reinado de Clodoveo I (496 贸 499) y, a partir de entonces, expandieron el cristianismo entre los germanos del otro lado del Rin. Los suevos, que se hab铆an hecho cristianos arrianos con Remismundo (459-469), se convirtieron al catolicismo con Teodomiro (559-570) por las predicaciones de San Mart铆n de Dumio. En ese proceso se hab铆an adelantado a los propios visigodos, que hab铆an sido cristianizados previamente en Oriente en la versi贸n arriana (en el siglo IV), y mantuvieron durante siglo y medio la diferencia religiosa con los cat贸licos hispano-romanos incluso con luchas internas dentro de la clase dominante goda, como demostr贸 la rebeli贸n y muerte de San Hermenegildo (581-585), hijo del rey Leovigildo). La conversi贸n al catolicismo de Recaredo (589) marc贸 el comienzo de la fusi贸n de ambas sociedades, y de la protecci贸n regia al clero cat贸lico, visualizada en los Concilios de Toledo (presididos por el propio rey). Los a帽os siguientes vieron un verdadero renacimiento visigodo24 con figuras de la influencia de san Isidoro de Sevilla (y sus hermanos Leandro, Fulgencio y Florentina, los cuatro santos de Cartagena), Braulio de Zaragoza o Ildefonso de Toledo, de gran repercusi贸n en el resto de Europa y en los futuros reinos cristianos de la Reconquista (v茅ase cristianismo en Espa帽a, monasterio en Espa帽a, monasterio hispano y liturgia hisp谩nica). Los ostrogodos, en cambio, no dispusieron de tiempo suficiente para realizar la misma evoluci贸n en Italia. No obstante, del grado de convivencia con el papado y los intelectuales cat贸licos fue muestra que los reyes ostrogodos los elevaban a los cargos de mayor confianza (Boecio y Casiodoro, ambos magister officiorum con Teodorico el Grande), aunque tambi茅n de lo vulnerable de su situaci贸n (ejecutado el primero -523- y apartado por los bizantinos el segundo -538-). Sus sucesores en el dominio de Italia, los tambi茅n arrianos lombardos, tampoco llegaron a experimentar la integraci贸n con la poblaci贸n cat贸lica sometida, y su divisiones internas hicieron que la conversi贸n al catolicismo del rey Agilulfo (603) no llegara a tener mayores consecuencias.

El cristianismo fue llevado a Irlanda por San Patricio a principios del siglo V, y desde all铆 se extendi贸 a Escocia, desde donde un siglo m谩s tarde regres贸 por la zona norte a una Inglaterra abandonada por los cristianos britones a los paganos pictos y escotos (procedentes del norte de Gran Breta帽a) y a los tambi茅n paganos germanos procedentes del continente (anglos, sajones y jutos). A finales del siglo VI, con el Papa Gregorio Magno, tambi茅n Roma envi贸 misioneros a Inglaterra desde el sur, con lo que se consigui贸 que en el transcurso de un siglo Inglaterra volviera a ser cristiana.

A su vez, los britones hab铆an iniciado una emigraci贸n por v铆a mar铆tima hacia la pen铆nsula de Breta帽a, llegando incluso hasta lugares tan lejanos como la costa cant谩brica entre Galicia y Asturias, donde fundaron la di贸cesis de Britonia. Esta tradici贸n cristiana se distingu铆a por el uso de la tonsura c茅ltica o escocesa, que rapaba la parte frontal del pelo en vez de la coronilla.

La supervivencia en Irlanda de una comunidad cristiana aislada de Europa por la barrera pagana de los anglosajones, provoc贸 una evoluci贸n diferente al cristianismo continental, lo que se ha denominado cristianismo celta. Conservaron mucho de la antigua tradici贸n latina, que estuvieron en condiciones de compartir con Europa continental apenas la oleada invasora se hubo calmado temporalmente. Tras su extensi贸n a Inglaterra en el siglo VI, los irlandeses fundaron en el siglo VII monasterios en Francia, en Suiza (Saint Gall), e incluso en Italia, destac谩ndose particularmente los nombres de Columba y Columbano. Las Islas Brit谩nicas fueron durante unos tres siglos el vivero de importantes nombres para la cultura: el historiador Beda el Venerable, el misionero Bonifacio de Alemania, el educador Alcuino de York, o el te贸logo Juan Escoto Er铆gena, entre otros. Tal influencia llega hasta la atribuci贸n de leyendas como la de Santa 脷rsula y las Once Mil V铆rgenes, bretona que habr铆a efectuado un extraordinario viaje entre Britania y Roma para acabar martirizada en Colonia.25

Otras cristianizaciones medievales
Cirilo y Metodio, los ap贸stoles de los eslavos, con el alfabeto cir铆lico en un icono ruso del siglo XVIII o XIX.

Por su parte, la extensi贸n del cristianismo entre los b煤lgaros y la mayor parte de los pueblos eslavos (serbios, moravos y los pueblos de Crimea y estepas ucranianas y rusas) fue muy posterior, y a cargo del Imperio bizantino, con lo que se hizo con el credo ortodoxo (predicaciones de Cirilo y Metodio, siglo IX); mientras que la evangelizaci贸n de otros pueblos de Europa Oriental (el resto de los eslavos -polacos, eslovenos y croatas-, b谩lticos y h煤ngaros) y de los pueblos n贸rdicos (vikingos escandinavos) se hizo por el cristianismo latino partiendo de Europa Central, en un periodo todav铆a m谩s tard铆o (hasta los siglos XI y XII).

Rey San Esteban I de Hungr铆a, cristianizador de los h煤ngaros. Imagen del Chronicon Pictum del Siglo XIV.
Es una locura creer en los dioses.
Saga de Hrafnkell, sacerdote de Frey (Islandia, compuesta a finales del siglo XIII, pero ambientada en 茅poca precristiana).26

La mayor铆a de estas cristianizaciones se llevaron a cabo entre finales del Siglo IX y comienzos del Siglo XI. A finales del Siglo X, los sacerdotes ortodoxos de bizancio manten铆an una intensa actividad cristianizadora en los pueblos eslavos, sin tener gran 茅xtito hasta la aparici贸n de la figura del Gran Pr铆ncipe Vladimiro I de Kiev quien se convirti贸 en el 988 al cristianismo bajo el rito de Constantinopla, y con 茅l gran parte de sus s煤bditos. De esta manera fue tomando forma el Estado medieval conocido como el Gran Principado de Kiev, a partir del cual surgieron posteriormente los dem谩s Estados eslavos rusos.

Por otra parte, el papado mantuvo gran influencia en Europa Central y Oriental, extendiendose desde su vecino el Reino de Croacia, hasta el lejano Ducado de Polonia. Sin embargo, el mosaico europeo no se complet贸 finalmente sino hasta el a帽o 1000, cuando los h煤ngaros se convirtieron al cristianismo bajo la figura del rey San Esteban I de Hungr铆a. De esta manera, el pacto surgido entre el Papa Silvestre II y el monarca h煤ngaro, por intervenci贸n del j贸ven emperador germ谩nico Ot贸n III acabaron con la incertidubre que envolv铆a a ese basto terreno pagano en la Cuenca de los C谩rpatos. De esta manera, pronto Hungr铆a ahora convertida en un reino cristiano se volvi贸 uno de los aliados m谩s cercanos del papado durante varios siglos, sirviendo de Estado fronterizo y mediador entre el mundo Oriental Ortodoxo eslavo, y la Europa cat贸lica. Igualmente la cristianizaci贸n del Gran Principado de Hungr铆a y la fundaci贸n del Estado h煤ngaro medieval permiti贸 el surgimiento de incontables v铆as comerciales y de peregrinaci贸n que r谩pidamente interconectaron a Europa. Precisamente 茅ste fue el caso de la peregrinaci贸n a Tierra Santa, que hasta 1018 se hac铆a en barco, pues San Esteban I permiti贸 el paso de los fieles por territorios h煤ngaros en este a帽o, concret谩ndose la primera ruta terrestre de peregrinaje.27

Los j谩zaros, un caso peculiar
Art铆culo principal: J谩zaros

Los j谩zaros eran un pueblo turco procedente del Asia central (donde se hab铆a formado desde el siglo VI el imperio de los K枚kt眉rks) que en su parte occidental hab铆a dado origen a un importante estado que dominaba el C谩ucaso y las estepas rusas y ucranianas hasta Crimea en el siglo VII. Su clase dirigente se convirti贸 mayoritariamente al juda铆smo, peculiaridad religiosa que le convert铆a en un vecino excepcional entre el Califato isl谩mico de Damasco y el Imperio cristiano de Bizancio.

El Imperio bizantino (siglos IV al XV)

Art铆culo principal: Imperio bizantino

La divisi贸n entre Oriente y Occidente fue, adem谩s de una estrategia pol铆tica (inicialmente de Diocleciano -286- y hecha definitiva con Teodosio -395-), un reconocimiento de la diferencia esencial entre ambas mitades del Imperio. Oriente, en s铆 mismo muy diverso (Tracia -Pen铆nsula Balc谩nica-, Asia -Anatolia, C谩ucaso, Siria, Palestina y la frontera mesopot谩mica con los persas- y Egipto), era la parte m谩s urbanizada y con econom铆a m谩s din谩mica y comercial, frente a un Occidente en v铆as de feudalizaci贸n, ruralizado, con una vida urbana en decadencia, mano de obra esclava cada vez m谩s escasa y la aristocracia cada vez m谩s ajena a las estructuras del poder imperial y recluida en sus lujosas villae autosuficientes, cultivadas por colonos en r茅gimen similar a la servidumbre. La lingua franca en Oriente era el griego, frente al lat铆n de Occidente. En la implantaci贸n de la jerarqu铆a cristiana, Oriente dispon铆a de todos los patriarcados de la Pentarqu铆a menos el de Roma (Alejandr铆a, Antioqu铆a y Constantinopla, a los que se a帽adi贸 Jerusal茅n tras el concilio de Calcedonia de 451); incluso la primac铆a romana (sede pontificia o c谩tedra de San Pedro) era un hecho discutido.

Mosaico bizantino con el tema de la Theotokos (Mar铆a como Madre de Dios). Los nimbos representan la santidad (el del Ni帽o Jes煤s, cruciforme, la divinidad y el sacrificio de la Cruz). El fondo dorado representa la eternidad celeste, adem谩s de cumplir con el horror vacui propio del estilo. Todos sus rasgos: el cromatismo, la frontalidad y la linealidad (bordes n铆tidos, marcado de los pliegues), adem谩s de influir grandemente en el rom谩nico de Europa Occidental, se reprodujeron y continuaron, estereotipados, en los iconos religiosos de 茅pocas posteriores en toda Europa Oriental.

La supervivencia de Roma en Oriente no depend铆a de la suerte de Occidente, mientras que lo contrario s铆: de hecho, los emperadores orientales optaron por sacrificar la ciudad de R贸mulo y Remo -que ya ni siquiera era la capital occidental- cuando lo consideraron conveniente, abandon谩ndola a su suerte o incluso desplazando hacia ella a los b谩rbaros m谩s agresivos, lo que precipit贸 su ca铆da.

V茅ase tambi茅n: Constantinopla

La restauraci贸n imperial de Justiniano

Art铆culo principal: Recuperatio Imperii

Justiniano I consolid贸 la frontera del Danubio y, desde 532 logr贸 un equilibrio en la frontera con la Persia sas谩nida, lo que le permiti贸 desplazar los esfuerzos bizantinos hacia el Mediterr谩neo, reconstruyendo la unidad del Mare Nostrum: En 533, una expedici贸n del general Belisario aniquila a los v谩ndalos (batalla de Ad Decimum y batalla de Tricamarum) incorporando la provincia de 脕frica y las islas del Mediterr谩neo Occidental (Cerde帽a, C贸rcega y las Baleares). En 535 Mundus ocup贸 Dalmacia y Belisario Sicilia. Nars茅s elimina a los ostrogodos de Italia en 554-555. R谩vena volvi贸 a ser una ciudad imperial, donde se conservar谩n los fastuosos mosaicos de San Vital. Liberio s贸lo consigui贸 desplazar a los visigodos de la costa sureste de la Pen铆nsula Ib茅rica y de la provincia B茅tica.

En Constantinopla se iniciaron dos programas ambiciosos y de prestigio con el fin de asentar la autoridad imperial: uno de recopilaci贸n legislativa: el Digesto, dirigido por Triboniano (publicado en 533), y otro constructivo: la Iglesia de Santa Sof铆a, de los arquitectos Antemio de Tralles e Isidoro de Mileto (levantada entre el 532 y el 537). Un s铆mbolo de la civilizaci贸n cl谩sica fue clausurado: la Academia de Atenas (529).28 Otro, las carreras de cuadrigas siguieron siendo una diversi贸n popular que levantaba pasiones. De hecho, eran utilizadas pol铆ticamente, expresando el color de cada equipo divergencias religiosas (un precoz ejemplo de movilizaciones populares utilizando colores pol铆ticos). La revuelta de Nik谩 (534) estuvo a punto de provocar la huida del emperador, que evit贸 la emperatriz Teodora con su famosa frase la p煤rpura es un glorioso sudario.29

Crisis, supervivencia y helenizaci贸n del Imperio

Psalterio Chludov, uno de los tres 煤nicos manuscritos ilustrados icon贸dulos que sobrevivieron al siglo IX. Esta p谩gina ilustra un pasaje evang茅lico en que un soldado ofrece a Cristo vinagre en una esponja atada a una lanza. En el plano inferior se caricaturiza al 煤ltimo Patriarca de Constantinopla iconoclasta, Juan el Gram谩tico, borrando un icono de Cristo con una esponja similar.

Los siglos VII y VIII representaron para Bizancio una edad oscura similar a la de occidente, que incluy贸 tambi茅n una fuerte ruralizaci贸n y feudalizaci贸n en lo social y econ贸mico y una p茅rdida de prestigio y control efectivo del poder central. A las causas internas se sum贸 la renovaci贸n de la guerra con los persas, nada decisiva pero especialmente extenuante, a la que sigui贸 la invasi贸n musulmana, que priv贸 al Imperio de las provincias m谩s ricas: Egipto y Siria. No obstante, en el caso bizantino, la disminuci贸n de la producci贸n intelectual y art铆stica respond铆a adem谩s a los efectos particulares de la querella iconoclasta, que no fue un simple debate teol贸gico entre iconoclastas e icon贸dulos, sino un enfrentamiento interno desatado por el patriarcado de Constantinopla, apoyado por el emperador Le贸n III, que pretend铆a acabar con la concentraci贸n de poder e influencia pol铆tica y religiosa de los poderosos monasterios y sus apoyos territoriales (puede imaginarse su importancia viendo c贸mo ha sobrevivido hasta la actualidad el Monte Athos, fundado m谩s de un siglo despu茅s, en 963).

Basilio II Bulgar贸ctono 螔伪蟽委位蔚喂慰蟼 螔蝿 螔慰蠀位纬伪蟻慰魏蟿蠈谓慰蟼, que quiere decir: 芦matador de b煤lgaros禄; el nombre Basilio, Basileus significa rey en griego, y era el t铆tulo que se daba al emperador.

La recuperaci贸n de la autoridad imperial y la mayor estabilidad de los siglos siguientes trajo consigo tambi茅n un proceso de helenizaci贸n, es decir, de recuperaci贸n de la identidad griega frente a la oficial entidad romana de las instituciones, cosa m谩s posible entonces, dada la limitaci贸n y homogeneizaci贸n geogr谩fica producida por la p茅rdida de las provincias, y que permit铆a una organizaci贸n territorial militarizada y m谩s f谩cilmente gestionable: los temas (themata) con la adscripci贸n a la tierra de los militares en ellos establecidos, lo que produjo formas similares al feudalismo occidental.

El periodo entre 867 y 1056, bajo la dinast铆a macedonia, se conoce con el nombre de Renacimiento Maced贸nico, en que Bizancio vuelve a ser una potencia mediterr谩nea y se proyecta hacia los pueblos eslavos de los Balcanes y hacia el norte del Mar Negro. Basilio II Bulgar贸ctono que ocup贸 el trono en el per铆odo 976-1025 llev贸 al Imperio a su m谩xima extensi贸n territorial desde la invasi贸n musulmana, ocupando parte de Siria, Crimea y los Balcanes hasta el Danubio. La evangelizaci贸n de Cirilo y Metodio obtendr谩 una esfera de influencia bizantina en Europa Oriental que cultural y religiosamente tendr谩 una gran proyecci贸n futura mediante la difusi贸n del alfabeto cir铆lico (adaptaci贸n del alfabeto griego para la representaci贸n de los fonemas eslavos, que se sigue utilizando en la actualidad); as铆 como la del cristianismo ortodoxo (predominante desde Serbia hasta Rusia).

Sin embargo, la segunda mitad del siglo XI presenciar谩 un nuevo desaf铆o isl谩mico, esta vez protagonizado por los turcos sely煤cidas y la intervenci贸n del Papado y de los europeos occidentales, mediante la intervenci贸n militar de las Cruzadas, la actividad comercial de los mercaderes italianos (genoveses, amalfitanos, pisanos y sobre todo venecianos)30 y las pol茅micas teol贸gicas del denominado Cisma de Oriente o Gran Cisma de Oriente y Occidente, con lo que la te贸rica ayuda cristiana se demostr贸 tan negativa o m谩s para el Imperio Oriental que la amenaza musulmana. El proceso de feudalizaci贸n se acentu贸 al verse forzados los emperadores Comneno a realizar cesiones territoriales (denominadas pronoia) a la aristocracia y a miembros su propia familia.31

La expansi贸n del Islam (desde el siglo VII)

Expansi贸n 谩rabe en el siglo VII: califa Abu Bakr en la zona I, Omar en la II, Uthman en la III y Ali en la IV.
Art铆culo principal: Expansi贸n musulmana

En el siglo VII, tras las predicaciones de Mahoma y las conquistas de los primeros califas (a la vez l铆deres pol铆ticos y religiosos, en una religi贸n -el Islam- que no reconoce distinciones entre laicos y cl茅rigos), se hab铆a producido la unificaci贸n de Arabia y la conquista del Imperio persa y de buena parte del Imperio bizantino. En el siglo VIII se lleg贸 a la Pen铆nsula Ib茅rica, la India y el Asia Central (batalla del Talas -751- victoria isl谩mica ante China tras la que no se profundiz贸 en ese Imperio, pero que permiti贸 un mayor contacto con su civilizaci贸n, aprovechando los conocimientos de los prisioneros). En el occidente la expansi贸n musulmana se fren贸 desde la batalla de Poitiers (732) ante los francos y la mitificada batalla de Covadonga ante los asturianos (722). La presencia de los musulmanes como una civilizaci贸n rival alternativa asentada en la mitad sur de la cuenca del Mediterr谩neo, cuyo tr谩fico mar铆timo pasan a controlar, oblig贸 al cierre en s铆 misma de Europa Occidental por varios siglos, y para algunos historiadores signific贸 el verdadero comienzo de la Edad Media.32

Manuscrito 谩rabe ilustrado del siglo XIII. La representaci贸n de figuras s贸lo se consiente en algunas interpretaciones del Islam, pero se proh铆be mayoritariamente. Esta prohibici贸n incentiv贸 otras artes, como la caligraf铆a. Esta ilustraci贸n representa a S贸crates (Sughrat). La recuperaci贸n y difusi贸n de la cultura cl谩sica grecorromana fue una de las principales aportaciones del Islam medieval a la civilizaci贸n.

Desde el siglo VIII se produjo una difusi贸n m谩s lenta de la civilizaci贸n isl谩mica por sitios tan lejanos como Indonesia y el continente africano, y desde el siglo XIV por Anatolia y los Balcanes. Las relaciones con la India fueron tambi茅n muy estrechas durante el resto de la Edad Media (aunque la imposici贸n del imperio mogol no se produjo hasta el siglo XVI), mientras que el Oc茅ano 脥ndico se convirti贸 casi en un Mare Nostrum 谩rabe, donde se ambientaron las aventuras de Simbad el marino (uno de los cuentos de Las mil y una noches de la 茅poca de Har煤n al-Rashid).33 El tr谩fico comercial de las rutas mar铆timas y caravaneras un铆an el 脥ndico con el Mediterr谩neo a trav茅s del Mar Rojo o el Golfo P茅rsico y las caravanas del desierto. Esa llamada ruta de las especias (prefigurada por la ruta del incienso en la Edad Antigua) fue esencial para que llegaran a occidente retazos de la ciencia y la cultura de Extremo Oriente. Por el norte, la ruta de la seda cumpli贸 la misma funci贸n atravesando los desiertos y las cordilleras del Turquest谩n. El ajedrez, la numeraci贸n indo-ar谩biga y el concepto de cero, as铆 como algunas obras literarias (Calila e Dimna) estuvieron entre los aportes hind煤es y persas. El papel, el grabado o la p贸lvora, entre las chinas. La funci贸n de los 谩rabes, y de los persas, sirios, egipcios y espa帽oles arabizados (no s贸lo isl谩micos, pues hubo muchos que mantuvieron su religi贸n cristiana o jud铆a -no tanto la zoroastriana-) dist贸 mucho de ser mera transmisi贸n, como testimonia la influencia de la reinterpretaci贸n de la filosof铆a cl谩sica que lleg贸 a trav茅s de los textos 谩rabes a Europa Occidental a partir de las traducciones latinas desde el siglo XII, y la difusi贸n de cultivos y t茅cnicas agr铆colas por la regi贸n mediterr谩nea. En un momento en que estaban pr谩cticamente ausentes de la econom铆a europea, destacaron las pr谩cticas comerciales y la circulaci贸n monetaria en el mundo isl谩mico, animadas por la explotaci贸n de minas de oro tan lejanas como las del 脕frica subsahariana, junto con otro tipo de actividades, como el tr谩fico de esclavos.

La Kaaba en la Mezquita de la Meca o mezquita sagrada (Masjid al-Haram).

La unidad inicial del mundo isl谩mico, que se hab铆a cuestionado ya en el aspecto religioso con la separaci贸n de sun铆es y chi铆es, se rompi贸 tambi茅n en lo pol铆tico con la sustituci贸n de los Omeyas por los Abbas铆es al frente del califato en el 749, que adem谩s sustituyeron Damasco por Bagdad como capital. Abderram谩n I, el 煤ltimo superviviente Omeya, consigui贸 fundar en C贸rdoba un emirato independiente para Al-脕ndalus (nombre 谩rabe de la Pen铆nsula Ib茅rica), que su descendiente Abderram谩n III convirti贸 en un califato alternativo en el 929. Poco antes, en el 909 los Fatim铆es hab铆an hecho lo propio en Egipto. A partir del siglo XI se producen cambios muy importantes: el desaf铆o a la hegemon铆a 谩rabe como etnia dominante dentro del Islam a cargo de los islamizados turcos, que pasar谩n a controlar distintas zonas del Medio Oriente (mamelucos, otomanos), o de kurdos como Saladino; la irrupci贸n de los cristianos latinos en tres puntos clave del Mediterr谩neo (reinos cristianos de la Reconquista en Al 脕ndalus, normandos en el sur de Italia y cruzados en Siria y Palestina); y la de los mongoles desde el centro de Asia.

Los eruditos como al-Biruni, al-Jahiz, al-Kindi, Abu Bakr Muhammad al-Razi, Ibn Sina, al-Idrisi, Ibn Bajja, Omar Khayyam, Ibn Zuhr, Ibn Tufail, Ibn Rushd, al-Suyuti, y miles de otros acad茅micos no fueron una excepci贸n, sino la norma general en la civilizaci贸n musulmana. La civilizaci贸n musulmana del periodo cl谩sico fue destacable por el elevado n煤mero de eruditos polifac茅ticos que produjo. Es una muestra de la homogeneidad de la filosof铆a isl谩mica sobre la ciencia, y su 茅nfasis sobre la s铆ntesis, las investigaciones interdisciplinares y la multiplicidad de m茅todos.34
Ziauddin Sardar

Al-Andalus (siglo VIII al XV)

Interior de la Mezquita de C贸rdoba. Durante algo m谩s de un siglo C贸rdoba fue la capital de un califato
Art铆culo principal: Historia de Al-Andalus
V茅anse tambi茅n: Tudmir, Banu Qasi y Omar ibn Hafs煤n
V茅anse tambi茅n: Mulad铆, Maulas, Dhimmi, Moz谩rabe, Yizya, Azaque, Aceifa y Parias
V茅anse tambi茅n: Medina, Arrabal, Zoco y Alcazaba

Imperio carolingio (siglos VIII y IX)

Art铆culo principal: Imperio carolingio

Surgimiento y ascenso

Coronaci贸n de Carlomagno por el papa Le贸n III, el d铆a de Navidad del a帽o 800.

Hacia el siglo VIII, la situaci贸n pol铆tica europea se hab铆a estabilizado. En oriente, el Imperio bizantino era fuerte otra vez, gracias a una serie de emperadores competentes. En occidente, algunos reinos aseguraban relativa estabilidad a varias regiones: Northumbria a Inglaterra, Visigotia a Espa帽a, Lombard铆a a Italia, y el Reino Franco a la Galia. En realidad, el "reino franco" era un compuesto de tres reinos: Austrasia, Neustria y Aquitania.

El Imperio carolingio surge de las bases creadas por los predecesores de Carlomagno desde principios del siglo VIII (Carlos Martel y Pipino el Breve). La proyecci贸n de sus fronteras a trav茅s de una gran parte de la Europa Occidental permiti贸 a Carlos la aspiraci贸n de reconstruir la extensi贸n del antiguo Imperio romano Occidental, siendo la primera entidad pol铆tica de la Edad Media que estuvo en condiciones de convertirse en una potencia continental. Aquisgr谩n (Aachen en alem谩n, Aix-la Chapelle en franc茅s) fue elegida como capital, en una situaci贸n central y suficientemente alejada de Italia, que a pesar de ser liberada del dominio de los longobardos y de las te贸ricas reivindicaciones bizantinas, conserv贸 una gran autonom铆a que llegaba a la soberan铆a temporal con la cesi贸n de unos incipientes estados papales (el Patrimonium Petri o Patrimonio de San Pedro, que inclu铆a Roma y buena parte del centro de Italia). Como resultado de la estrecha vinculaci贸n entre el pontificado y la dinast铆a carolingia, que se legitimaban y defend铆an mutuamente ya por tres generaciones, el papa Le贸n III reconoci贸 las pretensiones imperiales de Carlomagno con una coronaci贸n en extra帽as circunstancias, el d铆a de Navidad del a帽o 800.

K-A-R-L-O-S. Monograma de Carlomagno, que 茅ste utilizaba como firma. Carlomagno, a pesar de sus esfuerzos, nunca aprendi贸 a escribir con soltura

Se crearon las marcas para fijar las fronteras ante los enemigos exteriores (谩rabes en la Marca Hisp谩nica, sajones en la Marca Sajona, bretones en la Marca Bretona, lombardos -hasta su derrota- en la Marca Lombarda y 谩varos en la Marca 脕vara; posteriormente tambi茅n se cre贸 una para los magiares: la Marca del Friuli). El territorio interior fue organizado en condados y ducados (uni贸n de varios condados o marcas). Los funcionarios que los dirig铆an (condes, marqueses y duques) eran vigilados por inspectores temporales (los missi dominici -enviados del se帽or-), y se procuraba que no se heredaran para evitar que quedaran patrimonializados en una familia (cosa, que con el tiempo, no pudo evitarse). La consignaci贸n de tierras junto con los cargos, pretend铆a sobre todo el mantenimiento de la costosa caballer铆a pesada y los nuevos caballos de batalla (destreros, introducidos desde Asia en el siglo VII, que se empleaban de una manera completamente distinta a la caballer铆a antigua, con estribos, aparatosas sillas y que pod铆an sostener armaduras).35 Tal proceso estuvo en el origen del nacimiento de los feudos que hab铆a que ceder a cada militar de acuerdo con su rango, hasta la unidad b谩sica: el caballero que ejerc铆a de se帽or sobre un territorio, se quedaba para su mantenimiento con una reserva se帽orial y dejaba los mansos para sus siervos, que estaban obligados a cultivar la reserva con prestaciones gratuitas de trabajo a cambio de la protecci贸n militar y el mantenimiento del orden y la justicia, que eran las funciones del se帽or. L贸gicamente, los feudos en sus distintos niveles sufrieron la misma transformaci贸n patrimonial que marcas y condados, estableciendo una red piramidal de fidelidades que es el origen del vasallaje feudal.

Carlomagno negoci贸 de igual a igual con otras grandes potencias de la 茅poca, como el Imperio bizantino, el Emirato de C贸rdoba, y el Califato Abasida. Aunque 茅l mismo, ya en edad adulta, no sab铆a escribir (cosa habitual en la 茅poca, en que 煤nicamente algunos cl茅rigos lo hac铆an), Carlomagno sigui贸 una pol铆tica de prestigio cultural y un notable programa art铆stico. Pretendi贸 rodearse de una corte de sabios e iniciar un programa educativo basado en el trivium y el quadrivium, para lo que mand贸 llamar a la intelectualidad de su tiempo a sus dominios impulsando, con la colaboraci贸n de Alcuino de York, el llamado Renacimiento carolingio. Dentro de este empe帽o educativo orden贸 a sus nobles aprender a escribir, cosa que 茅l mismo intent贸, aunque nunca consigui贸 hacerlo con soltura.36

Divisi贸n y hundimiento

Ludovico P铆o, hijo y heredero de Carlomagno.

Muerto Carlomagno en 814, toma el poder su hijo Ludovico P铆o. Los hijos de 茅ste: Carlos el Calvo (Francia occidental), Luis el Germ谩nico (Francia oriental) y Lotario I (primog茅nito y heredero del t铆tulo imperial), se enfrentaron militarmente disput谩ndose los diferentes territorios del imperio, que, m谩s all谩 de las alianzas aristocr谩ticas, manifestaban distintas personalidades, interpretables desde una perspectiva protonacional (idiomas diferentes -hacia el sur y oeste se impon铆an las lenguas romances que se comenzaban a diferenciar del lat铆n vulgar, hacia el norte y este las lenguas germ谩nicas, como testimoniaban los previos Juramentos de Estrasburgo-, costumbres, tradiciones e instituciones propias -romanas hacia el sur, germanas hacia el norte-). Esta situaci贸n no concluy贸 ni siquiera en el 843 tras el Tratado de Verd煤n, puesto que la posterior divisi贸n del reino de Lotario entre sus hijos (la Lotaringia, franja central desde los Pa铆ses Bajos hasta Italia, pasando por la regi贸n del Rin, Borgo帽a y Provenza) llev贸 a los t铆os de 茅stos -Carlos y Luis-, a otro reparto (el Tratado de Mersen -870) que simplificaba las fronteras (dejando 煤nicamente Italia y Provenza en manos de su sobrino el emperador Luis II el Joven -cuyo cargo no supon铆a m谩s primac铆a que la honor铆fica-), pero no condujo a una mayor concentraci贸n de poder en manos de esos monarcas, d茅biles y en manos de la nobleza territorial. En algunas regiones, el pacto no era m谩s que una entelequia, puesto que la costa del Mar del Norte estaba ocupada por los vikingos. Incluso en las zonas te贸ricamente controladas, las posteriores herencias y luchas internas entre los sucesivos reyes y emperadores carolingios subdividieron y reunificaron los territorios de manera casi aleatoria.

La divisi贸n, sumada al proceso institucional de descentralizaci贸n inherente al sistema feudal, en ausencia de fuertes poderes centrales, y al debilitamiento preexistente de las estructuras sociales y econ贸micas, hizo que la siguiente oleada de invasiones b谩rbaras, sobre todo las protagonizadas por magiares y vikingos, sumieran de nuevo a Europa Occidental en el caos de una nueva edad oscura.

El sistema feudal

Art铆culo principal: Feudalismo

Uso del t茅rmino "feudalismo"

El fracaso del proyecto pol铆tico centralizador de Carlomagno llev贸, en ausencia de ese contrapeso, a la formaci贸n de de un sistema pol铆tico, econ贸mico y social que los historiadores han convenido en llamar feudalismo, aunque en realidad el nombre naci贸 como un peyorativo para designar del Antiguo R茅gimen por parte de sus cr铆ticos ilustrados. La Revoluci贸n francesa suprimi贸 solemnemente "todos los derechos feudales" en la noche del 4 de agosto de 1789 y "definitivamente el r茅gimen feudal", con el decreto del 11 de agosto.

La generalizaci贸n del t茅rmino permite a muchos historiadores aplicarlo a las formaciones sociales de todo el territorio europeo occidental, pertenecieran o no al Imperio carolingio. Los partidarios de un uso restringido, argumentando la necesidad de no confundir conceptos como feudo, villae, tenure, o se帽or铆o lo limitan tanto en espacio (Francia, Oeste de Alemania y Norte de Italia) como en el tiempo: un "primer feudalismo" o "feudalismo carolingio" desde el siglo VIII hasta el a帽o 1000 y un "feudalismo cl谩sico" desde el a帽o 1000 hasta el 1240, a su vez dividido en dos 茅pocas, la primera, hasta el 1160 (la m谩s descentralizada, en que cada se帽or de castillo pod铆a considerarse independiente, y se produce el proceso denominado incastellamento); y la segunda, la propia de la "monarqu铆a feudal"). Habr铆a incluso "feudalismos de importaci贸n": la Inglaterra normanda desde 1066 y los estados latinos de oriente creados durante las Cruzadas (siglos XII y XIII).37

Otros prefieren hablar de "r茅gimen" o "sistema feudal", para diferenciarlo sutilmente del feudalismo estricto, o de s铆ntesis feudal, para marcar el hecho de que sobreviven en ella rasgos de la antig眉edad cl谩sica mezclados con contribuciones germ谩nicas, implicando tanto a instituciones como a elementos productivos, y signific贸 la especificidad del feudalismo europeo occidental como formaci贸n econ贸mico social frente a otras tambi茅n feudales, con consecuencias trascendentales en el futuro devenir hist贸rico.38 M谩s dificultades hay para el uso del t茅rmino cuando nos alejamos m谩s: Europa Oriental experimenta un proceso de "feudalizaci贸n" desde finales de la Edad Media, justo cuando en muchas zonas de Europa Occidental los campesinos se liberan de las formas jur铆dicas de la servidumbre, de modo que suele hablarse del feudalismo polaco o ruso. El Antiguo R茅gimen en Europa, el Islam medieval o el Imperio bizantino fueron sociedades urbanas y comerciales, y con un grado de centralizaci贸n pol铆tica variable, aunque la explotaci贸n del campo se realizaba con relaciones sociales de producci贸n muy similares al feudalismo medieval. Los historiadores que aplican la metodolog铆a del materialismo hist贸rico (Marx defini贸 el modo de producci贸n feudal como el estadio intermedio entre el esclavista y el capitalista) no dudan en hablar de "econom铆a feudal" para referirse a ella, aunque tambi茅n reconocen la necesidad de no aplicar el t茅rmino a cualquier formaci贸n social preindustrial no esclavista, puesto que a lo largo de la historia y de la geograf铆a han existido otros modos de producci贸n tambi茅n previstos en la modelizaci贸n marxista, como el modo de producci贸n primitivo de las sociedades poco evolucionadas, homog茅neas y con escasa divisi贸n social -como las de los mismos pueblos germ谩nicos previamente a las invasiones- y el modo de producci贸n asi谩tico o despotismo hidr谩ulico -Egipto fara贸nico, reinos de la India o Imperio chino- caracterizado por la tributaci贸n de las aldeas campesinas a un estado muy centralizado.39 En lugares a煤n m谩s lejanos se ha llegado a utilizar el t茅rmino feudalismo para describir una 茅poca. Es el caso de Jap贸n y el denominado feudalismo japon茅s, dadas las innegables similitudes y paralelismos que la nobleza feudal europea y su mundo tiene con los samur谩is y el suyo. Tambi茅n se ha llegado a aplicarlo a la situaci贸n hist贸rica de los periodos intermedios de la historia de Egipto, en los que, siguiendo un ritmo c铆clico milenario, decae el poder central y la vida en las ciudades, la anarqu铆a militar rompe la unidad de las tierras del Nilo, y los templos y se帽ores locales que alcanzan a controlar un espacio de poder gobiernan en 茅l de manera independiente sobre los campesinos obligados al trabajo.

El vasallaje y el feudo

Un vasallo arrodillado realiza la inmixtio manum durante el homenaje a su se帽or, sentado. Un escribiente toma nota. Todos est谩n sonrientes.

Dos instituciones eran claves para el feudalismo: por un lado el vasallaje como relaci贸n jur铆dico-pol铆tica entre se帽or y vasallo, un contrato sinalagm谩tico (es decir, entre iguales, con requisitos por ambas partes) entre se帽ores y vasallos (ambos hombres libres, ambos guerreros, ambos nobles), consistente en el intercambio de apoyos y fidelidades mutuas (dotaci贸n de cargos, honores y tierras -el feudo- por el se帽or al vasallo y compromiso de auxilium et consilium -auxilio o apoyo militar y consejo o apoyo pol铆tico-), que si no se cumpl铆a o se romp铆a por cualquiera de las dos partes daba lugar a la felon铆a, y cuya jerarqu铆a se complicaba de forma piramidal (el vasallo era a su vez se帽or de vasallos); y por otro lado el feudo como unidad econ贸mica y de relaciones sociales de producci贸n, entre el se帽or del feudo y sus siervos, no un contrato igualitario, sino una imposici贸n violenta justificada ideol贸gicamente como un do ut des de protecci贸n a cambio de trabajo y sumisi贸n.

Por tanto, la realidad que se enuncia como relaciones feudo-vasall谩ticas es realmente un t茅rmino que incluye dos tipos de relaci贸n social de naturaleza completamente distinta, aunque los t茅rminos que las designan se empleaban en la 茅poca (y se siguen empleando) de manera equ铆voca y con gran confusi贸n terminol贸gica entre ellos:

El vasallaje era un pacto entre dos miembros de la nobleza de distinta categor铆a. El caballero de menor rango se convert铆a en vasallo (vassus) del noble m谩s poderoso, que se convert铆a en su se帽or (dominus) por medio del Homenaje e Investidura, en una ceremonia ritualizada que ten铆a lugar en la torre del homenaje del castillo del se帽or. El homenaje (homage) -del vasallo al se帽or- consist铆a en la postraci贸n o humillaci贸n -habitualmente de rodillas-, el osculum (beso), la inmixtio manum -las manos del vasallo, unidas en posici贸n orante, eran acogidas entre las del se帽or-, y alguna frase que reconociera haberse convertido en su hombre. Tras el homenaje se produc铆a la investidura -del se帽or al vasallo-, que representaba la entrega de un feudo (dependiendo de la categor铆a de vasallo y se帽or, pod铆a ser un condado, un ducado, una marca, un castillo, una poblaci贸n, o un simple sueldo; o incluso un monasterio si el vasallaje era eclesi谩stico) a trav茅s de un s铆mbolo del territorio o de la alimentaci贸n que el se帽or debe al vasallo -un poco de tierra, de hierba o de grano- y del espaldarazo, en el que el vasallo recibe una espada (y unos golpes con ella en los hombros), o bien un b谩culo si era religioso.

La encomienda, encomendaci贸n o patrocinio (patrocinium, commendatio, aunque era habitual utilizar el t茅rmino commendatio para el acto del homenaje o incluso para toda la instituci贸n del vasallaje) eran pactos te贸ricos entre los campesinos y el se帽or feudal, que pod铆an tambi茅n ritualizarse en una ceremonia o -m谩s raramente- dar lugar a un documento. El se帽or acog铆a a los campesinos en su feudo, que se organizaba en una reserva se帽orial que los siervos deb铆an trabajar obligatoriamente (sernas o corveas) y en el conjunto de las peque帽as explotaciones familiares (mansos) que se atribu铆an a los campesinos para que pudieran subsistir. Obligaci贸n del se帽or era protegerles si eran atacados, y mantener el orden y la justicia en el feudo. A cambio, el campesino se convert铆a en su siervo y pasaba a la doble jurisdicci贸n del se帽or feudal: en los t茅rminos utilizados en la pen铆nsula Ib茅rica en la Baja Edad Media, el se帽or铆o territorial, que obligaba al campesino a pagar rentas al noble por el uso de la tierra; y el se帽or铆o jurisdiccional, que convert铆a al se帽or feudal en gobernante y juez del territorio en el que viv铆a el campesino, por lo que obten铆a rentas feudales de muy distinto origen (impuestos, multas, monopolios, etc.). La distinci贸n entre propiedad y jurisdicci贸n no era en el feudalismo algo claro, pues de hecho el mismo concepto de propiedad era confuso, y la jurisdicci贸n, otorgada por el rey como merced, pon铆a al se帽or en disposici贸n de obtener sus rentas. No existieron se帽or铆os jurisdiccionales en los que la totalidad de las parcelas pertenecieran como propiedad al se帽or, siendo muy generalizadas distintas formas de alodio en los campesinos. En momentos posteriores de despoblamiento y refeudalizaci贸n, como la crisis del siglo XVII, algunos nobles intentaban que se considerase despoblado completamente de campesinos un se帽or铆o para liberarse de todo tipo de cortapisas y convertirlo en coto redondo reconvertible para otro uso, como el ganadero.40

Junto con el feudo, el vasallo recibe los siervos que hay en 茅l, no como propiedad esclavista, pero tampoco en r茅gimen de libertad; puesto que su condici贸n servil les impide abandonarlo y les obliga a trabajar. Las obligaciones del se帽or del feudo incluyen el mantenimiento del orden, o sea, la jurisdicci贸n civil y criminal (mero e mixto imperio en la terminolog铆a jur铆dica reintroducida con el Derecho Romano en la Baja Edad Media), lo que daba a煤n mayores oportunidades para obtener el excedente productivo que los campesinos pudieran obtener despu茅s de las obligaciones de trabajo -corveas o sernas en la reserva se帽orial- o del pago de renta -en especie o en dinero, de circulaci贸n muy escasa en la Alta Edad Media, pero m谩s generalizada en los 煤ltimos siglos medievales, seg煤n fue dinamiz谩ndose la econom铆a-. Como monopolio se帽orial sol铆an quedar la explotaci贸n de los bosques y la caza, los caminos y puentes, los molinos, las tabernas y tiendas. Todo ello eran m谩s oportunidades de obtener m谩s renta feudal, incluidos derechos tradicionales, como el ius prime noctis o derecho de pernada, que se convirti贸 en un impuesto por matrimonios, buena muestra de que es en el excedente de donde se extrae la renta feudal de manera extraecon贸mica (en este caso en la demostraci贸n de que una comunidad campesina crece y prospera).

Los 贸rdenes feudales

Art铆culo principal: Estamento
Orator, bellator et laborator (cl茅rigo, guerrero y labrador); o sea, los tres 贸rdenes medievales. Letra capitular de un manuscrito.

Con el tiempo, siguiendo la tendencia marcada desde el Bajo Imperio romano, que se consolid贸 en la 茅poca cl谩sica del feudalismo y que pervivi贸 durante todo el Antiguo R茅gimen, se fue conformando una sociedad organizada de manera estamental, en los llamados estamentos u ordines (贸rdenes): nobleza, clero y pueblo llano (o tercer estado): bellatores, oratores y laboratores los hombres que guerrean, los que rezan y los que trabajan, seg煤n el vocabulario de la 茅poca. Los dos primeros son privilegiados, es decir, no se les aplica la ley com煤n, sino un fuero propio (por ejemplo, tienen distintas penas para el mismo delito, y su forma de ejecuci贸n es diferente) y no pueden trabajar (les est谩n prohibidos los oficios viles y mec谩nicos), puesto que esa es la condici贸n de no privilegiados. En 茅poca medieval, los 贸rdenes feudales no eran estamentos cerrados y bloqueados, sino que manten铆an una permeabilidad que permit铆a en casos extraordinarios el ascenso social debido al m茅rito (por ejemplo, a la demostraci贸n de un excepcional valor), que eran tan escasos que no se viv铆an como una amenaza, cosa que s铆 ocurri贸 a partir de las grandes convulsiones sociales de los siglos finales de la Baja Edad Media, en que los privilegiados se vieron obligados a institucionalizar su posici贸n procurando cerrar el acceso a sus estamentos de los no privilegiados (en lo que tampoco tuvieron una eficacia total). Completamente impropia ser铆a la comparaci贸n con la sociedad de castas de la India, en que guerreros, sacerdotes, comerciantes, campesinos y parias pertenec铆an a castas diferentes entendidas como linajes desconectados cuya mezcla se prohib铆a.

Las funciones de los 贸rdenes feudales estaban fijadas ideol贸gicamente por el agustinismo pol铆tico (Civitate Dei -426-), en b煤squeda de una sociedad que, aunque como terrena no pod铆a dejar de ser corrupta e imperfecta, pod铆a aspirar a ser al menos una sombra de la imagen de una "Ciudad de Dios" perfecta de ra铆ces plat贸nicas41 en que todos tuvieran un papel en su protecci贸n, su salvaci贸n y su mantenimiento. Esta idea fue reformulada y perfilada a lo largo de la Edad Media, sucesivamente por autores como Isidoro de Sevilla (630), la escuela de Auxerre (Haim贸n de Auxerre -865- en la abad铆a borgo帽ona en la que trabajaban Erico de Auxerre y su disc铆pulo Remigio de Auxerre, que segu铆an la tradici贸n de Escoto Eri煤gena), Boecio (892), Wulfstan de York (1010), Gerardo de Cambrai (1024) o Adalber贸n de Laon; y utilizada en textos legislativos como la llamada Compilaci贸n de Huesca de los Fueros de Arag贸n (Jaime I), y el C贸digo de las Siete Partidas (Alfonso X el Sabio, 1265).42

Los bellatores o guerreros eran la nobleza, cuya funci贸n era la protecci贸n f铆sica, la defensa de todos ante las agresiones e injusticias. Estaba organizada piramidalmente desde el emperador, pasando por los reyes y descendiendo sin soluci贸n de continuidad hasta el 煤ltimo escudero, aunque atendiendo a su rango, poder y riqueza puede clasificarse en dos partes diferenciadas: alta nobleza (marqueses, condes y duques) cuyos feudos tienen el tama帽o de regiones y provincias (aunque la mayor parte de las veces no en continuidad territorial, sino repartido y difuso, lleno de enclaves y exclaves); y la baja nobleza o caballeros (barones, infanzones), cuyos feudos son del tama帽o de peque帽as comarcas (a escala municipal o inferior a la municipal), o directamente no poseen feudos territoriales, viviendo en los castillos de se帽ores m谩s importantes, o en ciudades o poblaciones en las que no ejercen jurisdicci贸n (aunque s铆 pueden ejercer su regimiento, es decir, participar en su gobierno municipal en representaci贸n del estado noble). A finales de la Edad Media y en la Edad Moderna, cuando la nobleza ya no ejerc铆a su funci贸n militar, como era el caso de los hidalgos espa帽oles, que aduc铆an sus privilegios estamentales para evitar el pago de impuestos y obtener alguna ventaja social, alardeando de ejecutoria o de blas贸n y casa solariega, pero que al no disponer de rentas feudales suficientes para mantener la manera de vida nobiliaria, corr铆an el peligro de perder su condici贸n por contraer un matrimonio desigual o ganarse la vida trabajando:

Pues la sangre de los godos,

y el linaje e la nobleza
tan crescida,
隆por cu谩ntas v铆as e modos
se pierde su grand alteza
en esta vida!
Unos, por poco valer,
por cu谩n baxos e abatidos
que los tienen;
otros que, por non tener,

con oficios non debidos se mantienen.43

Adem谩s de la legitimaci贸n religiosa, a trav茅s de la cultura y el arte laicos (la 茅pica de los cantares de gesta y la l铆rica del amor cort茅s de los trovadores provenzales) se difund铆a socialmente la legitimaci贸n ideol贸gica de la forma de vida, la funci贸n social y los valores de la nobleza.44

Asesinato de Santo Tom谩s Becket (1170), provocado por el rey de Inglaterra, anteriormente su aliado. Vidriera de la catedral de Canterbury (siglo XIII).
Excomuni贸n de Roberto II de Francia (998), en una recreaci贸n de pintura hist贸rica por Jean-Paul Laurens (1875).

Los oratores o cl茅rigos eran el clero, cuya funci贸n era facilitar la salvaci贸n espiritual de las almas inmortales: algunos formaban una 茅lite poderosa llamada alto clero (abades, obispos), y otros m谩s humildes, el bajo clero (curas de pueblo o los hermanos legos de un monasterio). La extensi贸n y organizaci贸n del monacato benedictino a trav茅s de la Orden de Cluny, estrechamente vinculado a la organizaci贸n de la red episcopal centralizada y jerarquizada, con c煤spide en el Papa de Roma, estableci贸 la doble pir谩mide feudal del clero secular, destinado a la administraci贸n los de sacramentos (que controlaban toda la trayectoria vital de la poblaci贸n, desde el nacimiento hasta muerte); y el clero regular, apartado del mundo y sometido a una regla mon谩stica (habitualmente la regla benedictina). Los tres votos mon谩sticos del clero regular: pobreza, obediencia y castidad; as铆 como el celibato eclesi谩stico que se fue imponiendo al clero secular, funcionaron como un eficaz mecanismo de vinculaci贸n de los dos estamentos privilegiados: los hijos segundones de la nobleza ingresaban en el clero, donde eran mantenidos sin estrecheces gracias a las numerosas fundaciones, donaciones, dotes y mandas testamentarias; pero no disputaban las herencias a sus hermanos, que pod铆an mantener concentrado el patrimonio familiar. Las tierras de la Iglesia quedaban como manos muertas, cuya funci贸n era la de garantizar las misas y oraciones previstas por los donadores, de modo que los hijos rezaban por las almas de los padres. Todo el sistema garantizaba el mantenimiento del prestigio social de los privilegiados, asistiendo a misa en lugares destacados mientras viv铆an y enterrados en lugares preeminentes de iglesias y catedrales cuando mor铆an.45 No faltaron los enfrentamientos: la evidencia de simon铆a y nicola铆smo (nombramientos de cargos eclesi谩sticos interferidos por las autoridades civiles o su pura compraventa) y la utilizaci贸n de la principal amenaza religiosa al poder temporal, equivalente a una muerte civil: la excomuni贸n. El Papa se atribu铆a incluso la autoridad de eximir al vasallo de la fidelidad debida a su se帽or y reivindicarla para s铆 mismo, lo que fue utilizado en varias ocasiones para la fundaci贸n de reinos que pasaban a ser vasallos del Papa (por ejemplo, la independencia que Afonso Henriques obtuvo para el condado convertido en reino de Portugal frente al reino de Le贸n).

Los laboratores o trabajadores, eran el pueblo llano, cuya funci贸n era el mantenimiento de los cuerpos, la funci贸n ideol贸gicamente m谩s baja y humilde -humiliores eran los cercanos al humus, la tierra, mientras que sus superiores eran honestiores, los que pod铆an mantener la honra u honor-.46 Necesariamente los m谩s numerosos, y la inmensa mayor铆a de ellos dedicados a tareas agr铆colas, dado la baj铆sima productividad y rendimiento agr铆cola, propios de la 茅poca preindustrial y del muy escaso nivel t茅cnico (de ah铆 la identificaci贸n en castellano de laborator con labrador). Por lo com煤n estaban sometidos a los otros estamentos. El pueblo llano estaba compuesto en su gran mayor铆a por campesinos, siervos de los se帽ores feudales o campesinos libres (villanos), y por artesanos, que eran escasos y viv铆an, bien en las aldeas (aquellos de menor especializaci贸n, que sol铆an compartir las tareas agr铆colas: herreros, talabarteros, alfareros, sastres) o en las pocas y peque帽as ciudades (los de mayor especializaci贸n y de productos de necesidad menos apremiante o de demandada de las clases altas: joyeros, orfebres, cereros, toneleros, tejedores, tintoreros). La autosuficiencia de los feudos y los monasterios limitaba su mercado y capacidad de crecer. Los oficios de la construcci贸n (canter铆a, alba帽iler铆a, carpinter铆a) y la misma profesi贸n de maestro de obras o arquitecto son una notable excepci贸n: obligados por la naturaleza de su trabajo al desplazamiento al lugar donde se construye el edificio, se transformaron en un gremio n贸mada que se desplazaba por los caminos europeos comunic谩ndose novedades t茅cnicas u ornamentales transformadas en secretos de oficio, lo que est谩 en el origen de su lejana y mitificada vinculaci贸n con la sociedad secreta de la masoner铆a, que desde su origen los consider贸 como los primitivos masones.47

Las zonas sin dependencia intermedia de se帽ores nobles o eclesi谩sticos se denominaban realengo y sol铆an prosperar m谩s, o al menos sol铆an considerar como una desgracia el pasar a depender de un se帽or, hasta el punto de que en algunas ocasiones consegu铆an evitarlo con pagos al rey, o se incentivaba la repoblaci贸n de zonas fronterizas o despobladas (como ocurri贸 en el reino astur-leon茅s con la despoblada Meseta del Duero) donde pod铆an aparecer figuras mixtas, como el caballero villano (que pod铆a mantener con su propia explotaci贸n al menos un caballo de guerra y armarse y defenderse a s铆 mismo) o las behetr铆as, que eleg铆an a su propio se帽or y pod铆an cambiar de uno u a otro si les conven铆a, o con la oferta de un fuero o carta puebla que otorgaba a un poblaci贸n su propio se帽or铆o colectivo. Los privilegios iniciales no fueron suficientes para impedir que con el tiempo la mayor parte de ellos cayeran en la feudalizaci贸n.

Los tres 贸rdenes feudales no eran en la Edad Media a煤n unos estamentos cerrados: eran consecuencia b谩sica de la estructura social que se hab铆a ido creando lenta pero inexorablemente con la transici贸n del esclavismo al feudalismo desde la crisis del siglo III (ruralizaci贸n y formaci贸n de latifundios y villae, reformas de Diocleciano, descomposici贸n del Imperio romano, las invasiones, el establecimiento de los reinos germ谩nicos, instituciones del Imperio carolingio, descomposici贸n de 茅ste y nueva oleada de invasiones). Los se帽ores feudales eran continuaci贸n de las l铆neas clientelares de los condes carolingios, y algunos pueden remontarse a los latifundistas romanos o los s茅quitos germanos, mientras que el campesinado proven铆a de los antiguos esclavos o colonos, o de campesinos libres que se vieron forzados a encomendarse, recibiendo a veces una parte de sus antiguas tierras propias en forma de manso "concedido" por el se帽or. El campesino heredaba su condici贸n servil y su sujeci贸n a la tierra, y rara vez ten铆a oportunidad de ascender de nivel como no fuera por su fuga a una ciudad o por un hecho todav铆a m谩s extraordinario: su ennoblecimiento por un destacado hecho de armas o servicio al rey, que en condiciones normales le estaban completamente vedados. Lo mismo puede decirse del artesano o el mercader (que en algunos casos pod铆a acumular fortuna, pero no alterar su origen humilde). El noble lo era generalmente por herencia, aunque en ocasiones pod铆a alguien ennoblecerse como soldado de fortuna, despu茅s de una victoriosa carrera de armas (como fue el caso, por ejemplo, de Roberto Guiscardo). El clero, por su parte, era reclutado por cooptaci贸n, con un acceso distinto seg煤n el origen social: asegurado para los segundones de las casas nobles y restringido a los niveles inferiores del bajo clero para los del pueblo llano; pero en casos particulares o destacados, el ascenso en la jerarqu铆a eclesi谩stica estaba abierto al m茅rito intelectual. Todo esto le daba al sistema feudal una extraordinaria estabilidad, en donde hab铆a "un lugar para cada hombre, y cada hombre en su lugar", al tiempo que una extraordinaria flexibilidad, porque permit铆a al poder pol铆tico y econ贸mico atomizarse a trav茅s de toda Europa, desde Espa帽a hasta Polonia.

El a帽o mil

El legendario a帽o mil, final del primer milenio, que se utiliza convencionalmente para el paso de la Alta a la Baja Edad Media, en realidad tan solo es una cifra redonda para el c贸mputo de la era cristiana, que no era de universal utilizaci贸n: los musulmanes utilizaban su propio calendario isl谩mico lunar que comienza en la H茅gira (622); en algunas partes de la Cristiandad se utilizaban eras locales (como la era hisp谩nica, que cuenta desde el 38 a. C.). Pero ciertamente, el milenarismo y los pron贸sticos del final de los tiempos estaban presentes; incluso el propio papa durante el cambio de milenio Silvestre II, el franc茅s Gerberto de Aurillac, interesado en todo tipo de conocimientos, se gan贸 una reputaci贸n esot茅rica.48 La astrolog铆a siempre pudo encontrar fen贸menos celestes extraordinarios en los que apoyar su prestigio (como los eclipses), pero ciertamente otros eventos de la 茅poca estuvieron entre los m谩s espectaculares de la historia: el cometa Halley, que se acerca a la Tierra peri贸dicamente cada ocho d茅cadas, alcanz贸 su brillo m谩ximo en la visita de 837,49 despidi贸 el primer milenio en 989 y lleg贸 a tiempo de la batalla de Hastings en 1066; mucho m谩s visibles a煤n, las supernovas SN 1006 y SN 1054, que reciben el n煤mero del a帽o en que se registraron, fueron m谩s detalladamente reflejadas en fuentes chinas, 谩rabes e incluso indoamericanas que en las escasas europeas (a pesar de que la de 1054 coincidi贸 con la batalla de Atapuerca).

Todo el siglo X, m谩s bien por las condiciones reales que por las imaginarias, puede considerarse parte de una 茅poca oscura, pesimista, insegura y presidida por el miedo a todo tipo de peligros, reales e imaginarios, naturales y sobrenaturales: miedo al mar, miedo al bosque, miedo a las brujas y los demonios y a todo lo que, sin entrar dentro de lo sobrenatural cristiano, quedaba relegado a lo inexplicable y al concepto de lo maravilloso, atribuido a seres de dudosa o quiz谩 posible existencia (dragones, duendes, hadas, unicornios). El hecho no ten铆a nada de 煤nico: mil a帽os m谩s tarde, el siglo XX hizo nacer miedos comparables: al holocausto nuclear, al cambio clim谩tico (versiones contempor谩neas del fin del mundo); al comunismo (la caza de brujas con la que se identific贸 al macarthismo), a la libertad (Miedo a la Libertad es la base del fascismo en la interpretaci贸n de Erich Fromm), comparaci贸n que ha sido puesta de manifiesto por los historiadores50 e interpretada por los soci贸logos (Sociedad del riesgo de Ulrich Beck).

La Edad Media cree firmemente que todas las cosas en el universo tienen un significado sobrenatural, y que el mundo es como un libro escrito por la mano de Dios. Todos los animales tienen un significado moral o m铆stico, al igual que todas las piedras y todas las hierbas (y esto es lo que explican los bestiarios, los lapidarios y los herbarios). Se llega as铆 a atribuir significados positivos o negativos tambi茅n a los colores... Para el simbolismo medieval una cosa puede tener incluso dos significados opuestos seg煤n el contexto en el que se contempla (de ah铆 que el le贸n a veces simbolice a Jesucristo y a veces al demonio).51

La coyuntura del a帽o mil

En la coyuntura hist贸rica del a帽o mil, las estructuras pol铆ticas m谩s fuertes del periodo anterior se estaban demostrando muy d茅biles: el Islam se descompuso en califatos (Bagdad, El Cairo y C贸rdoba), que para el a帽o 1000 se estaban demostrando incapaces de contener a los reinos cristianos en la pen铆nsula Ib茅rica (fracaso final de Almanzor) y al Imperio bizantino en el Mediterr谩neo Oriental. Tambi茅n sufre la expansi贸n bizantina el Imperio B煤lgaro, que queda destruido. Los particularismos nacionales franc茅s, polaco y h煤ngaro dibujan fronteras protonacionales que, curiosamente, son muy similares a las del a帽o 2000. En cambio, el Imperio carolingio se hab铆a disuelto en principados feudales ingobernables, que los Ot贸nidas se propon铆an incluir en una segunda Restauratio Imperii (Ot贸n I, en el 962), esta vez sobre bases germanas.52

La persistencia del miedo y la funci贸n de la risa

Nel mezzo del cammin di nostra vita
mi ritrovai per una selva oscura
ch猫 la diritta via era smarrita.
En el medio del camino de nuestra vida
me encontraba en un bosque oscuro
porque el recto camino hab铆a extraviado.
Dante, Divina Comedia
Disciplinantes o flagelantes en un grabado del siglo XV. Penitenciagite (haced penitencia) Hay que castigar el cuerpo para salvar el alma. El ascetismo ve en la mortificaci贸n un camino para superar las tentaciones de la carne y obtener m茅ritos en vida para la redenci贸n de la culpa por los pecados.

Los miedos y la inseguridad no acabaron con el a帽o mil, ni tampoco hubo que esperar para volver a encontrarlos a la terrible Peste Negra y a los flagelantes del siglo XIV. Incluso en el 贸ptimo medieval del expansivo siglo XIII lo m谩s habitual era encontrar textos como el de Dante, o como 茅stos:

Este himno de autor desconocido, atribuido a muy diversos personajes (el papa Gregorio -que pudiera ser Gregorio Magno, a quien tambi茅n se atribuye el canto gregoriano, u otro de los de ese nombre-, al fundador del Cister San Bernardo de Claraval, a los monjes dominicos Umbertus y Frangipani y al franciscano Tom谩s de Celano) e incorporado a la liturgia de la misa:


Dies ir忙, dies illa,
Solvet s忙clum in favilla,
Teste David cum Sibylla !
Quantus tremor est futurus,
quando judex est venturus,
cuncta stricte discussurus !
...
Confutatis maledictis,
flammis acribus addictis,
voca me cum benedictis.
Oro supplex et acclinis,
cor contritum quasi cinis,
gere curam mei finis.
Lacrimosa dies illa,
qua resurget ex favilla
judicandus homo reus.
Huic ergo parce, Deus.

D铆a de la ira; d铆a aquel
en que los siglos se reduzcan a cenizas;
como testigos el rey David y la Sibila.
隆Cu谩nto terror habr谩 en el futuro
cuando el juez haya de venir
a juzgar todo estrictamente!
...
Tras confundir a los malditos
arrojados a las llamas voraces
hazme llamar entre los benditos
Te lo ruego, suplicante y de rodillas,
el coraz贸n acongojado, casi hecho cenizas:
hazte cargo de mi destino.
D铆a de l谩grimas ser谩 aquel d铆a
en que resucitar谩, del polvo
para el juicio, el hombre culpable.
A ese, pues, perd贸nalo, oh Dios.
Un monstruoso demonio arranca la lengua con una tenaza a un condenado (posiblemente un castigo por haber pecado de palabra), mientras otro demonio le arrastra tir谩ndole del pelo. Capitel rom谩nico de la iglesia de Bois-Sainte-Marie, Brionnais, Francia.

Pero tambi茅n participa de la misma concepci贸n pesimista del mundo este otro, proveniente de un ambiente totalmente opuesto, recogido en una colecci贸n de poemas goliardos (monjes y estudiantes de vida desordenada):53

O Fortuna: Oh Fortuna,
velut luna: como la Luna
statu variabilis,: variable
semper crescis: creces sin cesar
aut decrescis;: o desapareces.
vita detestabilis: 隆Vida detestable!
nunc obdurat: primero embota
et tunc curat: y despu茅s estimula,
ludo mentis aciem: como juego, la agudeza de la mente.
egestatem,: la pobreza
potestatem: y el poder
dissolvit ut glaciem.: se derriten como el hielo.
Sors immanis: Destino monstruoso
et inanis,: y vac铆o,
rota tu volubilis,: una rueda girando es lo que eres,
status malus,: si est谩 mal colocada
vana salus: la salud es vana,
semper dissolubilis,: siempre puede ser disuelta,
obumbrata: eclipsada
et velata: y velada
Fortuna imperatrix mundi: Fortuna emperatriz del mundo (Carmina Burana)

Lo sobrenatural estaba presente en la vida cotidiana de todos como un constante recordatorio de la brevedad de la vida y la inminencia de la muerte, cuyo radical igualitarismo se aplicaba, en contrapunto con la desigualdad de las condiciones, como un cohesionador social, al igual que la promesa de la vida eterna. La imaginaci贸n se excitaba con las im谩genes m谩s morbosas de lo que ocurrir铆a en el juicio final, los tormentos del infierno y de los m茅ritos que los santos hab铆an obtenido con su vida asc茅tica y sus martirios (que bien administrados por la Iglesia pod铆an ahorrar las penas temporales del purgatorio). Esto no s贸lo operaba en los amedrentados iletrados que 煤nicamente dispon铆an del evangelio en piedra de las iglesias; la mayor parte de los lectores cultos daban todo cr茅dito a las escenas truculentas que llenaban los martirologios y a las inveros铆miles historias de la Leyenda 脕urea de Jacopo da Vor谩gine.

El miedo era inherente a la violencia estructural permanente del feudalismo, que aunque se encauzara por mecanismos aceptables socialmente y estableciera un orden estamental te贸ricamente perfecto, era un permanente recuerdo de la posibilidad de subversi贸n del orden, peri贸dicamente renovado con guerras, invasiones y sublevaciones internas. En particular, las s谩tiras contra el r煤stico eran manifestaciones de la mezcla de desprecio y desconfianza con que cl茅rigos y nobles ve铆an al siervo, reducido a un monstruo deforme, ignorante y violento, capaz de las mayores atrocidades, sobre todo cuando se agrupaba.54

A furia rusticorum libera nos, Domine De la furia de los campesinos, l铆branos Se帽or.
Adici贸n a la liturgia eclesi谩stica de la Letan铆a de los Santos.55

Pero al mismo tiempo, se sosten铆a, como parte esencial del edificio ideol贸gico (era la justificaci贸n de la elecci贸n papal) que la voz del pueblo era la voz de Dios (Vox populi, vox Dei). El esp铆ritu medieval deb铆a asumir la contradicci贸n de impulsar manifestaciones p煤blicas de piedad y devoci贸n y al tiempo permitir generosas concesiones al pecado. Los carnavales y otras parodias grotescas (la fiesta del asno o el charivari) permit铆an todo tipo de licencias, incluso la blasfemia y la burla a lo sagrado, invirtiendo las jerarqu铆as (se eleg铆an reyes de los tontos ni帽os obispos u obispos de la fiesta) haciendo triunfar todo lo que el resto del a帽o estaba prohibido, era considerado feo, desagradable o daba miedo, como reacci贸n saludable al terror cotidiano al m谩s all谩 y garant铆a de que, pasados los excesos de la fiesta, se volver铆a d贸cilmente al trabajo y la obediencia. Seriedad y tristeza eran prerrogativas de quien practicaba un sagrado optimismo (hay que sufrir pues luego nos aguarda la vida eterna), mientras que la risa era la medicina del que viv铆a con pesimismo una vida miserable y dif铆cil.56 Frente al mayor rigorismo del cristianismo primitivo, los te贸logos medievales especulaban sobre si Cristo ri贸 o no (la Ep铆stola de L茅ntulo, uno de los evangelios ap贸crifos sosten铆a que no; mientras que algunos padres de la iglesia defend铆an el derecho a una santa alegr铆a), lo que justificaba textos c贸micos eclesi谩sticos, como la Coena Cypriani y la Joca monachorum.57

Baja Edad Media (siglos XI al XV)

Faenas agr铆colas del mes de junio, ilustraci贸n de Las muy ricas horas del Duque de Berry (1411-1416). Fen贸menos tradicionales y de larga duraci贸n, como la necesidad de murallas, lo rudimentario de las t茅cnicas y la explotaci贸n de los campesinos se contraponen a fen贸menos nuevos y din谩micos, como el crecimiento de la ciudad y su atrevida arquitectura, que no obstante se siguen basando en la extracci贸n y distribuci贸n del excedente productivo del campo. A煤n queda mucho para culminar la transici贸n del feudalismo al capitalismo.

La Baja Edad Media es un t茅rmino que a veces produce confusi贸n, pues procede de un equ铆voco etimol贸gico entre alem谩n y castellano: baja no significa decadente, sino reciente; por oposici贸n al alta de la Alta Edad Media, que significa antigua (en alem谩n alt: viejo, antiguo). No obstante, es cierto que desde alguna perspectiva historiogr谩fica puede verse al conjunto del periodo medieval como el ciclo de nacimiento, desarrollo, auge e inevitable ca铆da de una civilizaci贸n, modelo interpretativo que inici贸 Gibbon para el Imperio romano (donde es m谩s obvia la oposici贸n entre Alto Imperio y Bajo Imperio) y que se ha aplicado con mayor o menor fortuna a otros contextos hist贸ricos y art铆sticos.58 As铆 se entiende que se asigne el nombre de Plenitud de la Edad Media al periodo de la Historia de Europa que ocupa los siglos XI al XIII. Esa Plena Edad Media terminar铆a en la crisis del siglo XIV o crisis de la Edad Media, en la que s铆 se pueden apreciar procesos decadentes, y es habitual calificarla de ocaso u oto帽o. No obstante, los 煤ltimos siglos medievales est谩n llenos de hechos y procesos din谩micos, con enormes repercusiones y proyecciones en el futuro, aunque l贸gicamente son los hechos y procesos que pueden entenderse como "nuevos", que prefiguran los nuevos tiempos de la modernidad. Al mismo tiempo, los hechos, procesos, agentes sociales, instituciones y valores caracterizados como medievales han entrado claramente en decadencia; sobreviven, y sobrevivir谩n por siglos, en buena medida gracias a su institucionalizaci贸n (por ejemplo, el cierre de los estamentos privilegiados o la adopci贸n del mayorazgo), lo que no deja de ser un s铆ntoma de que es entonces, y no antes, que se consider贸 necesario defenderlos tanto.

La Plena Edad Media (siglos XI al XIII)

Art铆culo principal: Plena Edad Media

La justificaci贸n de esa denominaci贸n es lo excepcional del desarrollo demogr谩fico, econ贸mico, social y cultural de Europa que tiene lugar en ese per铆odo, coincidente con un clima muy favorable (se ha hablado del "贸ptimo medieval") que permit铆a cultivar vides en Inglaterra.

El simb贸lico a帽o mil (cuyos terrores milenaristas son un mito historiogr谩fico frecuentemente exagerado) no significa nada por s铆 mismo, pero a partir de entonces se da por terminada la Edad Oscura de las invasiones de la Alta Edad Media: h煤ngaros y normandos est谩n ya asentados e integrados en la cristiandad latina. La Europa de la Plena Edad Media es expansiva tambi茅n en el terreno militar: las cruzadas en el Pr贸ximo Oriente, la dominaci贸n angevina de Sicilia y el avance de los reinos cristianos en la pen铆nsula Ib茅rica (desaparecido el Califato de C贸rdoba) amenazan con reducir el espacio isl谩mico a la ribera sur de la cuenca del Mediterr谩neo y el interior de Asia.

El modo de producci贸n feudal se desarrolla sin encontrar de momento l铆mites a su extensi贸n (como ocurrir谩 con la crisis del siglo XIV). La renta feudal se distribuye por los se帽ores fuera del campo, donde se origina: las ciudades y la burgues铆a crecen con el aumento de la demanda de productos artesanales y del comercio a larga distancia, nacen y se desarrollan las ferias, las rutas comerciales terrestres y mar铆timas e instituciones como la Hansa. Europa Central y Septentrional entran en el coraz贸n de la civilizaci贸n Occidental. El Imperio bizantino se mantiene entre el islam y los cruzados, extendida su influencia cultural por los Balcanes y las estepas rusas donde se resiste el empuje mongol.

El arte rom谩nico y el primer g贸tico son protegidos por las 贸rdenes religiosas y el clero secular. Cluny y el C铆ster llenan Europa de monasterios. El camino de Santiago articula la pen铆nsula Ib茅rica con Europa. Nacen las Universidades (Bolonia, Sorbona, Oxford, Cambridge, Salamanca, Co铆mbra). La escol谩stica llega a su cumbre con Tom谩s de Aquino, tras recibir la influencia de las traducciones del 谩rabe (averro铆smo). El derecho romano empieza a influir en los reyes que se ven a s铆 mismos como emperadores en su reino.

Los conflictos crecen a la par que la sociedad: herej铆as, revueltas campesinas y urbanas, la salvaje represi贸n de todas ellas y las no menos salvajes guerras feudales son constantes.

La expansi贸n del sistema feudal

Dinamismo interno: econ贸mico, social, tecnol贸gico e intelectual
Un campesino orde帽a una oveja, mientras en la caba帽a un ni帽o come ante una mesa (los muebles no eran muy habituales en las casas de los pobres). Ilustraci贸n del siglo XIV de Tacuinum sanitatis, un tratado m茅dico 谩rabe de Ibn Butlan que se tradujo al lat铆n y tuvo una gran difusi贸n por Europa Occidental en la Baja Edad Media, como otras obras de origen similar.

Lejos de ser un sistema social anquilosado (el cierre del acceso a los estamentos es un proceso que se produce como reacci贸n conservadora de los privilegiados, tras la crisis final de la Edad Media, ya en el Antiguo R茅gimen), el feudalismo medieval demostr贸 suficiente flexibilidad como para permitir el desarrollo de dos procesos, que se retroalimentaron mutuamente favoreciendo una r谩pida expansi贸n. Por una parte, el asignar un lugar a cada persona dentro del sistema, permiti贸 la expulsi贸n de todos aquellos para quienes no hab铆a lugar, envi谩ndolos como colonos y aventureros militares a tierras no ganadas para la Cristiandad Occidental, expandiendo as铆 brutalmente sus l铆mites. Por la otra, el asegurar un cierto orden y estabilidad social para el mundo agrario tras el fin del periodo de las invasiones; aunque ni mucho menos se acabaron las guerras -consustanciales al sistema feudal- el nivel habitual de violencia en periodos b茅licos tend铆a a controlarse por las propias instituciones -c贸digo de honor, tregua de Dios, acogimiento a sagrado- y en periodos normales tend铆a a ritualizarse -desaf铆os, duelos, rieptos, justas, torneos, paso honroso-, aunque no desaparec铆a ni en las relaciones internacionales ni dentro de los reinos, con unas ciudades que basaban su seguridad y pax urbana en sus fuertes murallas, sus toques de queda y su expeditiva justicia, y unos inseguros campos en los que se帽ores de horca y cuchillo impon铆an sus prerrogativas e incluso abusaban de ellas (malhechores feudales), no sin encontrar la resistencia antise帽orial de los siervos,59 a veces mitificada (Robin Hood). A diferencia del modo de producci贸n esclavista (y del modo de producci贸n capitalista), el modo de producci贸n feudal pon铆a en el productor -campesino- el inter茅s en el aumento de la producci贸n, puesto que se beneficiaba directamente de 茅l: si la cosecha es mala, no por ello no paga renta, si la cosecha es buena, se beneficia de esa ventaja. Es por ello que el sistema por s铆 s贸lo estimula el trabajo y la incorporaci贸n de lo que la experiencia demuestre como buenas pr谩cticas agr铆colas, incluso la incorporaci贸n de nuevas t茅cnicas que mejoren el rendimiento de la tierra. Si el aumento de la producci贸n es permanente y no coyuntural (una sola buena cosecha por causas clim谩ticas), quien empezar谩 a recibir est铆mulos ser谩 el se帽or feudal, que detectar谩 ese aumento de los excedentes cuya extracci贸n es la base de su renta feudal (mayor uso del molino, mayor circulaci贸n por los caminos y puentes, mayor consumo en tiendas y tabernas; de todos los cuales cobra impuestos o aspirar谩 a hacerlo), incluso se ver谩 impulsado a subir la renta. Cuando lo que ocurre es que los campesinos, empujados por el aumento de sus familias, presionan los l铆mites de los mansos roturando tierras antes incultas (eriales, pastos, bosques, humedales desecables), el se帽or podr谩 imponer nuevas condiciones, e incluso impedirlo, porque forman parte de su reserva o de sus usos monopol铆sticos (caza, alimento de sus caballos).

Caballos de tiro equipados con colleras para permitir el aprovechamiento eficaz de su fuerza. La fotograf铆a es actual, pero la tecnolog铆a empleada es similar a la mejorada en la Edad Media.

Esa din谩mica lucha de clases entre siervos y se帽ores dinamizaba la econom铆a y hac铆a posible el inicio de una concentraci贸n de riquezas acumuladas a partir de las rentas agr铆colas; pero nunca de manera comparable a la acumulaci贸n de capital propia del capitalismo, pues no se hac铆a con ellas inversi贸n productiva (como hubiera ocurrido de disponer los campesinos del uso del excedente), sino atesoramiento en manos de nobleza y clero. Tal cosa, en 煤ltima instancia, a trav茅s de los programas de construcci贸n (castillos, monasterios, iglesias, catedrales, palacios) y el gasto suntuario en productos de lujo -caballos, armas sofisticadas, joyas, obras de arte, telas de calidad, tintes, sedas, tapices, especias- no pudo dejar de estimular el rudimentario comercio a larga distancia, la circulaci贸n monetaria y la vida urbana; en definitiva, el resurgimiento econ贸mico de Europa Occidental. Ir贸nicamente, ambos procesos terminar铆an por minar las bases del feudalismo, y llevarlo hacia su destrucci贸n.60 No obstante, no hay que imaginar que se produjo nada parecido a la revoluci贸n agr铆cola previa a la revoluci贸n industrial: el hecho de que ni campesinos ni se帽ores pudieran convertir en capital el excedente (unos porque se lo extra铆an y otros porque su posici贸n social era incompatible con las actividades econ贸micas) hac铆a lenta y costosa cualquier innovaci贸n, adem谩s del hecho de que cualquier innovaci贸n chocaba con prejuicios ideol贸gicos y una mentalidad fuertemente tradicionalista, ambas cosas propias de la sociedad preindustrial. S贸lo en el transcurso de siglos, y debido al ensayo y error del buen hacer artesanal de an贸nimos herreros y talabarteros sin ning煤n tipo de conexi贸n con la investigaci贸n cient铆fica, se produjo la incorporaci贸n de escasas pero decisivas mejoras t茅cnicas como la collera (que posibilita el aprovechamiento eficaz de la fuerza de los caballos de tiro, que empiezan a sustituir a los bueyes) o el arado de vertedera (que sustituye al arado romano en las tierras h煤medas y pesadas del norte de Europa, no as铆 en las secas y ligeras del sur). El barbecho de a帽o y vez sigui贸 siendo el m茅todo de cultivo m谩s utilizado; la rotaci贸n de cultivos era desconocida, el abonado era un recurso excepcional, dada la escasez de animales, cuyo esti茅rcol era el 煤nico abono disponible; el regad铆o estaba limitado a algunas de las zonas mediterr谩neas de cultura isl谩mica; se escatimaba la utilizaci贸n de hierro en herramientas y aperos de labranza, dado su coste inasumible por los campesinos; el nivel t茅cnico, en general, era precario. El molino de viento fue una transferencia tecnol贸gica que, como tantas otras en otros campos (p贸lvora, papel, br煤jula, grabado), proven铆a de Asia. Aun con su alcance limitado, el conjunto de innovaciones y cambios se concentr贸 especialmente en un periodo que algunos historiadores han venido en llamar el "Renacimiento" del siglo XII o la Revoluci贸n del siglo XII, momento en el que el dinamismo econ贸mico y social, a partir del motor principal, que es el campo, produce el despertar de un mundo urbano hasta entonces marginal en Europa Occidental, y el surgimiento de fen贸menos intelectuales como la universidad medieval y la escol谩stica.

Art铆culo principal: Revoluci贸n del siglo XII
La universidad
Art铆culo principal: Universidad medieval
Aula universitaria. Laurentius de Voltolina, segunda mitad del siglo XIV.

Siguiendo el precedente de la organizaci贸n carolingia de las escuelas palatinas, catedralicias y mon谩sticas (debida a Alcuino de York -787-), m谩s que el de otras instituciones semejantes existentes en el mundo isl谩mico,61 las primeras universidades de la Europa cristiana fueron fundadas para el estudio del derecho, la medicina y la teolog铆a. La parte central de la ense帽anza envolv铆a el estudio de las artes preparatorias (denominadas artes liberales por cuanto eran mentales o espirituales y liberaban del trabajo manual propio de las artesan铆as, consideradas oficios viles y mec谩nicos); estas artes liberales eran el trivium (gram谩tica, ret贸rica y l贸gica) y el quadrivium (aritm茅tica, geometr铆a, m煤sica y astronom铆a). Despu茅s, el alumno entraba en contacto con estudios m谩s espec铆ficos. Adem谩s de centros de ense帽anza, eran tambi茅n el lugar de investigaci贸n y producci贸n del saber, y foco de vigorosos debates y pol茅micas, lo que a veces requiri贸 incluso las intervenciones del poder civil y eclesi谩stico, a pesar de los fueros de los que estaban dotadas y que las convert铆an en instituciones independientes, bien dotadas econ贸micamente con una base patrimonial de tierras y edificios. La transformaci贸n cultural generada por las universidades ha sido resumida de este modo: En 1100, la escuela segu铆a al maestro; en 1200, el maestro segu铆a a la escuela.62 Las m谩s prestigiosas recib铆an el nombre de Studium Generale, y su fama se extend铆a por toda Europa, requiriendo la presencia de sus maestros, o al menos la comunicaci贸n epistolar, lo que inici贸 un fecundo intercambio intelectual facilitado por el uso com煤n de la lengua culta, el lat铆n.

Entre 1200 y 1400 fueron fundadas en Europa 52 universidades; 29 de ellas de fundaci贸n papal, las dem谩s de fundaci贸n imperial o real. La primera fue posiblemente Bolonia (especializada en Derecho, 1088), a la que sigui贸 Oxford (antes de 1096), de la que se escindi贸 su rival Cambridge (1209), Par铆s, de mediados del siglo XII (uno de cuyos colegios fue la Sorbona, 1275), Salamanca (1218, precedida por el Estudio General de Palencia de 1208), Padua (1222), N谩poles (1224), Co铆mbra (1308, trasladada desde el Estudio General de Lisboa de 1290), Alcal谩 de Henares (1293, refundada por el Cardenal Cisneros en 1499), la Sapienza (Roma, 1303), Valladolid (1346), la Universidad Carolina (Praga, 1348), la Universidad Jagell贸nica (Cracovia, 1363), Viena (1365), Heidelberg (1386), Colonia (1368) y, ya al final del periodo medieval, Lovaina (1425), Barcelona (1450), Basilea (1460) y Uppsala (1477). En medicina gozaba de un gran prestigio la Escuela M茅dica Salernitana, con ra铆ces 谩rabes, que proven铆a del siglo IX; y en 1220 empez贸 a rivalizar con ella la Facultad de Medicina de Montpellier.

V茅ase tambi茅n: Universidad
La escol谩stica
Art铆culo principal: Escol谩stica

La escol谩stica fue la corriente teol贸gico-filos贸fica dominante del pensamiento medieval, tras la patr铆stica de la Antig眉edad tard铆a, y se bas贸 en la coordinaci贸n de fe y raz贸n (en principio la identificaci贸n de ambas), que en cualquier caso siempre supon铆a la clara sumisi贸n de la raz贸n a la fe (Philosophia ancilla theologiae -la filosof铆a es esclava de la teolog铆a-). Pero tambi茅n es un m茅todo de trabajo intelectual: todo pensamiento deb铆a someterse al principio de autoridad (Magister dixit -lo dijo el Maestro-), y la ense帽anza se pod铆a limitar en principio a la repetici贸n o glosa de los textos antiguos, y sobre todo de la Biblia, la principal fuente de conocimiento, pues representa la Revelaci贸n divina; a pesar de todo ello, la escol谩stica incentiv贸 la especulaci贸n y el razonamiento, pues supon铆a someterse a un r铆gido armaz贸n l贸gico y una estructura esquem谩tica del discurso que deb铆a exponerse a refutaciones y preparar defensas. Desde el comienzo del siglo IX al fin del XII los debates se centraron en la cuesti贸n de los universales, que opone a los realistas encabezados por Guillermo de Champeaux, a los nominalistas representados por Roscelino y a los conceptualistas (Pedro Abelardo). En el siglo XII tiene lugar la recepci贸n de textos de Arist贸teles antes desconocidos en Occidente, primero indirectamente a trav茅s de los fil贸sofos jud铆os y 谩rabes, especialmente Avicena y Averroes, pero en seguida directamente traducido del griego al lat铆n por san Alberto Magno y por Guillermo de Moerbeke, secretario de santo Tom谩s de Aquino, verdadera cumbre del pensamiento medieval y elevado al rango de Doctor de la Iglesia. El apogeo de la escol谩stica coincide con el siglo XIII, en que se fundan las universidades y surgen las 贸rdenes mendicantes: dominicos (que siguieron una tendencia aristot茅lica -los anteriormente citados-) y franciscanos (caracterizados por el platonismo y la tradici贸n patr铆stica -Alejandro de Hales o san Buenaventura-). Ambas 贸rdenes copar谩n las c谩tedras y la vida de los colegios universitarios, y de ellas proceder谩n la mayor铆a de los te贸logos y fil贸sofos de la 茅poca.

El siglo XIV representar谩 la crisis de la escol谩stica a trav茅s de dos franciscanos brit谩nicos: el doctor subtilis Duns Scoto y Guillermo de Occam. Precedente de ambos ser铆a la Escuela de Oxford (Robert Grosseteste y Roger Bacon) centrada en el estudio de la naturaleza, defendiendo la posibilidad de una ciencia experimental apoyada en la matem谩tica, contra el tomismo dominante. La pol茅mica de los universales se termin贸 decantando por los nominalistas, lo que dejaba un espacio a la filosof铆a m谩s all谩 de la teolog铆a.

Los intelectuales medievales buscaban entender los principios geom茅tricos y arm贸nicos con los que Dios habr铆a creado el Universo. El comp谩s en esta ilustraci贸n de un manuscrito del siglo XIII es un s铆mbolo del acto de creaci贸n de Dios.63
Ergo Domine, qui das fidei intellectum, da mihi, ut, quantum scis expedire, intelligam, quia es sicut credimus, et hoc es quod credimus. Et quidem credimus te esse aliquid quo nihil maius cogitari possit. An ergo non est aliqua talis natura, quia "dixit insipiens in corde suo: non est Deus" ? Luego Se帽or, t煤 que das el entendimiento a la fe, dame de entender, tanto como consideres bueno, que t煤 eres como creemos y lo que creemos. Y bien, creemos que t煤 eres algo mayor que lo cual no puede pensarse cosa alguna. Ahora, 驴acaso no existe esta naturaleza, porque "dijo el necio en su coraz贸n: no hay Dios" ?
Anselmo de Canterbury, inicio del argumento ontol贸gico para probar la existencia de Dios.
Proslogio, cap铆tulo II (1078). La frase entrecomillada es una cita b铆blica (Salmos 13:1).64
Dicitur Exodi III, ex persona Dei, ego sum qui sum.

Deum esse quinque viis probari potest... Quinta via sumitur ex gubernatione rerum. Videmus enim quod aliqua quae cognitione carent, scilicet corpora naturalia, operantur propter finem, quod apparet ex hoc quod semper aut frequentius eodem modo operantur, ut consequantur id quod est optimum; unde patet quod non a casu, sed ex intentione perveniunt ad finem. Ea autem quae non habent cognitionem, non tendunt in finem nisi directa ab aliquo cognoscente et intelligente, sicut sagitta a sagittante. Ergo est aliquid intelligens, a quo omnes res naturales ordinantur ad finem, et hoc dicimus Deum.

Se dice en 脡xodo 3,14 de la persona de Dios: "Yo soy el que es."

La existencia de Dios puede ser probada de cinco maneras distintas... La quinta se deduce a partir del ordenamiento de las cosas. Pues vemos que hay cosas que no tienen conocimiento, como son los cuerpos naturales, y que obran por un fin. Esto se puede comprobar observando c贸mo siempre o a menudo obran igual para conseguir lo mejor. De donde se deduce que, para alcanzar su objetivo, no obran al azar, sino intencionadamente. Las cosas que no tienen conocimiento no tienden al fin sin ser dirigidas por alguien con conocimiento e inteligencia, como la flecha por el arquero. Por lo tanto, hay alguien inteligente por el que todas las cosas son dirigidas al fin. Le llamamos Dios.

Tom谩s de Aquino, quinta de las Cinco V铆as (Quinquae viae) para probar la existencia de Dios.
Summa Theologiae (Suma Teol贸gica, 1274), Quaestio 2, Articulus 3.65
Comp谩rese con los argumentos actuales sobre el dise帽o inteligente.
El surgimiento de la burgues铆a
Signoria de Florencia, una instituci贸n municipal que ejerce el poder soberano en esta ciudad estado italiana, dominada por una potente burgues铆a artesanal y comercial que se va ennobleciendo y convirtiendo en patriciado urbano.

La burgues铆a es el nuevo agente social formado por los artesanos y mercaderes que surgen en el entorno de las ciudades, bien en las antiguas ciudades romanas que hab铆an deca铆do, bien en nuevos n煤cleos creados en torno a castillos o cruces de caminos -los propiamente llamados burgos-. Muchas de estas ciudades incorporaron ese nombre -Friburgo, Estrasburgo; en Espa帽a Burgo de Osma o Burgos-.

La burgues铆a estaba interesada en presionar al poder pol铆tico (imperio, papado, las diferentes monarqu铆as, la nobleza feudal local o instituciones eclesi谩sticas -di贸cesis o monasterios- de las que dependieran sus ciudades) para que se facilitara la apertura econ贸mica de los espacios cerrados de las urbes, se redujeran los tributos de portazgo y se garantizaran formas de comercio seguro y una centralizaci贸n de la administraci贸n de justicia e igualdad de las normas en amplios territorios que les permitieran desarrollar su trabajo, al tiempo que garant铆as de que los que vulnerasen dichas normas ser铆an castigados con igual dureza en los distintos territorios.

Aquellas ciudades que abr铆an las puertas al comercio y a una mayor libertad de circulaci贸n, ve铆an incrementar la riqueza y prosperidad de sus habitantes y las del se帽or, por lo que con reticencias pero de manera firme se fue difundiendo el modelo. Las alianzas entre se帽ores eran m谩s comunes, no ya tanto para la guerra, como para permitir el desarrollo econ贸mico de sus respectivos territorios, y el rey fue el elemento aglutinador de esas alianzas.

Los burgueses pueden considerarse como hombres libres en cuanto estaban parcialmente fuera del sistema feudal, que literalmente los asediaba -se ha comparado a las ciudades con islas en un oc茅ano feudal-,66 porque no participaban directamente de las relaciones feudo-vasall谩ticas: ni eran se帽ores feudales, ni campesinos sometidos a servidumbre, ni hombres de iglesia. La sujeci贸n como s煤bdito del poder pol铆tico era semejante a un lazo de vasallaje, pero m谩s bien como se帽or铆o colectivo que hac铆a que la ciudad respondiera como un todo a las demandas de apoyo militar y pol铆tico del rey o del gobernante a la que estuviera vinculada, y que a su vez participara en la explotaci贸n feudal del campo circundante (alfoz en Espa帽a).

La expresi贸n alemana Stadtluft macht frei "Los aires de la ciudad dan libertad", o "te hacen libre"67 (par谩frasis de la frase evang茅lica "la verdad os har谩 libres"),68 indicaba que quienes pod铆an radicarse en las ciudades, a veces huyendo literalmente de la sujeci贸n de la servidumbre,69 ten铆an todo un nuevo mundo de oportunidades que explotar, aunque no en r茅gimen de libertad, entendida 茅sta en su forma contempor谩nea. La sujeci贸n a las normas gremiales y a las leyes urbanas pod铆a ser m谩s dura incluso que las del campo: la pax urbana significaba la rigidez en la aplicaci贸n de la justicia, que manten铆a los caminos y las puertas de entrada flanqueados con cad谩veres de ajusticiados y un severo toque de queda, con cierre de puertas al anochecer y rondas de vigilancia. Eso s铆: conced铆a a los burgueses la oportunidad de ejercer parcela de poder, incluyendo el uso de las armas en la milicia urbana (como las Hermandades castellanas que se unificaron en la Santa Hermandad ya en el siglo XV), que en no pocas ocasiones se utilizaron en contra de las huestes feudales, con el benepl谩cito de las emergentes monarqu铆as autoritarias. En el caso m谩s precoz y espectacular fueron las comunas italianas, que se independizaron de hecho del Sacro Imperio Romano Germ谩nico a partir de la batalla de Legnano (1176).

Eva hilando ante la cuna de uno de sus hijos. Ilustraci贸n del folio 8 del Psalterio Hunter. La introducci贸n de la rueca para hilar fue una de las innovaciones introducidas desde Asia en la Plena Edad Media. La de la ilustraci贸n es una hilandera primitiva, sin rueda. Ambas eran utilizadas tanto en la artesan铆a urbana como en las labores dom茅sticas de las mujeres en campo y ciudad. Como todos los trabajos, dio origen a tensiones sociales: When Adam delved, and Eve span / Who was then a gentleman? ("Cuando Ad谩n cavaba y Eva hilaba, 驴qui茅n era entonces caballero?") era una rima popular con la que el cl茅rigo John Ball moviliz贸 a los campesinos ingleses de la revuelta de 1381.

En los burgos surgieron muchas instituciones sociales nuevas. El desarrollo del comercio llev贸 aparejado consigo el del sistema financiero y la contabilidad. Los artesanos se unieron en asociaciones llamadas gremios, ligas, corporaciones, cofrad铆as, o artes, seg煤n el lugar geogr谩fico. El funcionamiento interno de los talleres gremiales implicaba un aprendizaje de varios a帽os del aprendiz a cargo de un maestro (el due帽o del taller), que implicaba el paso de aqu茅l a la condici贸n de oficial cuando demostrara conocer el oficio, lo que implicaba su consideraci贸n como trabajador asalariado, una condici贸n de por s铆 ajena al mundo feudal que incluso se traslad贸 al campo (en principio de manera marginal) con los jornaleros que no dispon铆an de tierras propias ni concedidas por el se帽or. La asociaci贸n de los talleres en los gremios, funcionaba de manera completamente contraria al mercado libre capitalista: se procuraba evitar todo rasgo posible de competencia fijando los precios, las calidades, los horarios y condiciones de trabajo, e incluso las calles donde pod铆an radicarse. La apertura de nuevos talleres y el paso del rango de oficial al de maestro estaban muy restringidos, de modo que en la pr谩ctica se incentivaban las herencias y los enlaces matrimoniales endog谩micos dentro del gremio. El objetivo era conseguir la supervivencia de todos, no el 茅xito del mejor.

M谩s apertura demostr贸 el comercio. Los buhoneros que iban de aldea en aldea, y los escasos aventureros que se atrev铆an a hacer viajes m谩s largos eran los mercaderes m谩s habituales de la Alta Edad Media, antes del a帽o 1000. En tres siglos, para comienzos del siglo XIV, las ferias de Champa帽a y de Medina hab铆an creado rutas terrestres estables y m谩s o menos seguras que (a lomos de mulas o con carretas en el mejor de los casos) recorr铆an Europa de norte a sur (en el caso castellano siguiendo las ca帽adas trashumantes de la Mesta, en el caso franc茅s enlazando los emporios flamenco y norte-italiano a trav茅s de las pr贸speras regiones borgo帽onas y renanas, todas ellas salpicadas de ciudades). La Hansa o liga hanse谩tica estableci贸 a su vez rutas mar铆timas de una estabilidad y seguridad similar (con mayor capacidad de carga, en barcos de tecnolog铆a innovadora) que un铆an el B谩ltico y el Mar del Norte a trav茅s de los estrechos escandinavos, conectando territorios tan lejanos como Rusia y Flandes y rutas fluviales que conectaban todo el norte de Europa (r铆os como el Rin y el V铆stula), permitiendo el desarrollo de ciudades como Hamburgo, L眉beck y Danzing, y estableciendo consulados comerciales denominados kontor.70 En el Mediterr谩neo se llamaron Consulado del Mar: el primero en Trani en 1063 y luego Pisa, Mesina, Chipre, Constantinopla, Venecia, Montpellier, Valencia (1283), Mallorca (1343) y Barcelona (1347).71 Cuando el estrecho de Gibraltar fue seguro, se pudieron conectar mar铆timamente ambas Europas, con rutas entre las ciudades italianas (sobre todo G茅nova), Marsella, Barcelona, Valencia, Sevilla, Lisboa, los puertos del Cant谩brico (Santander, Laredo, Bilbao), los del Atl谩ntico franc茅s y los del Canal de la Mancha (ingleses y flamencos, sobre todo Brujas y Amberes). El contacto cada vez m谩s fluido de gentes de distintas naciones (como comenzaron a llamarse a las agrupaciones de comerciantes de cercano origen geogr谩fico que se entend铆an en la misma lengua vulgar, al igual que ocurr铆a en las secciones de las 贸rdenes militares) termin贸 produciendo que ambas instituciones funcionaran de hecho, como primitivas organizaciones internacionales.

Todo ello desarroll贸 un incipiente capitalismo comercial (v茅ase tambi茅n Historia del capitalismo) con el incremento o surgimiento ex novo de la econom铆a monetaria, la banca (cr茅dito, pr茅stamos, seguros, letras de cambio), actividades que mantuvieron siempre recelos morales (pecado de usura para todas las que significara lucro indebido, y en que 煤nicamente pod铆an incurrir los jud铆os cuando prestaban a otros que no fueran de su religi贸n, oficio prohibido tanto a los cristianos como a los musulmanes). La aparici贸n de burgueses ricos y de una plebe urbana pobre origin贸 un nuevo tipo de tensiones sociales, que produjeron revueltas urbanas.72 En cuanto a los aspectos ideol贸gicos, la expresi贸n del inconformismo burgu茅s con su puesto marginal en la sociedad feudal est谩 en el origen de las herej铆as a lo largo de toda la Baja Edad Media (c谩taros, valdenses, albigenses, dulcinianos, hussitas, wycliffianos). Los intentos de responder a esas demandas del mundo urbano por parte de la Iglesia, as铆 como de controlarlas y en su caso reprimirlas, produjeron la aparici贸n de las 贸rdenes mendicantes (franciscanos y dominicos) y de la Inquisici贸n. A veces, la imposibilidad de conseguir el control hizo optar por el exterminio, como ocurri贸 en Beziers en 1209, siguiendo la respuesta del legado pontificio Arnaud Amaury:73

- 驴C贸mo distinguiremos a los herejes de los cat贸licos? - Matadlos a todos, que Dios reconocer谩 a los suyos
Las catedrales y la b煤squeda de la altura
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En la Edad Media, la oposici贸n entre lo alto y lo bajo "se proyecta en el espacio": se construyen torres y murallas muy elevadas, muy visibles, para manifestar que se quiere escapar de lo "bajo"... lo alto y la altura designan lo que es grande y hermoso... se expresa en la construcci贸n de los castillos y las catedrales... Esa oposici贸n es el correlato de la que existe entre el cielo y la tierra.

(...)

Luego, se busc贸 la luz, e incluso se acab贸 por identificar a Dios con la luz. Los progresos t茅cnicos, la b煤squeda de espacios abiertos y el uso cada vez m谩s sofisticado del hierro y los diversos metales dieron nacimiento, entre los siglos XI y XIII a las grandes catedrales.74

La rivalidad entre castillos se帽oriales tuvo su correlato urbano en la rivalidad entre casas fortificadas, con torres desafiantes, que han sobrevivido en los espectaculares conjuntos de San Gimignano o de C谩ceres. Mucho m谩s extendida estuvo la rivalidad de las catedrales, cuya construcci贸n se demoraba por siglos, desarroll谩ndose de un modo org谩nico, sin que los planes originarios se terminaran, haciendo que el resultado final fuera habitualmente la suma de estilos muy diferentes. Se llegaron a producir verdaderas carreras de prestigio, como la que se prolong贸 por cientos de a帽os entre las de Siena y Florencia. Las dimensiones extraordinarias de ambas hicieron imposible que se terminaran antes de la crisis bajomedieval, lo que determin贸 que los sieneses (izquierda: Catedral de Siena Duomo di Santa Mar铆a) optaran por conformarse con lo construido hasta entonces (para que pudiera utilizarse desde sus inicios, siempre se comenzaban las obras por el 谩bside, permitiendo consagrar el altar y dar culto mientras continuaban las obras). Lo que se pretend铆a era convertir el actual brazo mayor en el menor, y construir un brazo mayor verdaderamente descomunal (proyecto de 1339 que tuvo que abandonarse; el dise帽o inicial era de 1215-1263). Mientras tanto, los florentinos (derecha: Catedral de Florencia Duomo di Santa Mar铆a dei Fiori), humillados por no ser capaces de cubrir el gigantesco espacio central del crucero (un desproporcionado tambor octogonal sobreelevado), tuvieron que esperar a que Filippo Brunelleschi consiguiera resolver el desaf铆o t茅cnico con una impresionante c煤pula que abre la 茅poca del Renacimiento (concurso de 1419 y construcci贸n entre 1420 y 1436). V茅ase tambi茅n catedrales de Espa帽a.

Nuevas entidades pol铆ticas

Poderes Universales, Monarqu铆as Feudales y Ciudades-Estado

En la Plena Edad Media se observ贸 una gran disparidad en la escala a que se ejerc铆a el poder pol铆tico: los poderes universales (Pontificado e Imperio) segu铆an reivindicando su primac铆a frente a las Monarqu铆as feudales, que en la pr谩ctica funcionaban como estados independientes. Al mismo tiempo, entidades mucho m谩s peque帽as en extensi贸n demostraban ser muy din谩micas en las relaciones internacionales (las ciudades-estado italianas y las ciudades libres del Imperio Germ谩nico), y el municipalismo demostr贸 ser una fuerza muy a tener en cuenta en todos los territorios de Europa.75

El redescubrimiento del Digesto justinianeo (Digestum Vetus) permiti贸 el estudio aut贸nomo del Derecho (Pepo e Irnerio) y el surgimiento de la Escuela de los Glosadores y de la Universidad de Bolonia (1088). Ese suceso, que permitir谩 el redescubrimiento paulatino del Derecho romano, llevar谩 a la formaci贸n del llamado Corpus Iuris Civilis y a la posibilidad de plantear un Ius commune (Derecho com煤n), y justificar la concentraci贸n de poder y capacidad reglamentaria en la instituci贸n imperial, o en los monarcas, cada uno de los cuales empezar谩 a considerarse como imperator in regno suo (emperador en su reino).

Rex superiorem non recognoscens in regno suo est Imperator: El rey no reconoce superiores, en su reino es emperador.
Decretal Per Venerabilem de Inocencio III, 1202.76

La dif铆cil convivencia de Pontificado e Imperio (regnum et sacerdocium) a lo largo de los siglos dio origen entre 1073 y 1122 a la querella de las investiduras. Distintas formulaciones ideol贸gicas (teor铆a de las dos espadas, Plenitudo potestatis, Dictatus papae, condenas de la simon铆a y el nicola铆smo) constitu铆an un edificio levantado durante siglos por el que el Papa pretend铆a marcar la supremac铆a de la autoridad religiosa sobre el poder civil (lo que se ha venido denominando agustinismo pol铆tico), mientras que el Emperador pretend铆a hacer valer la legitimidad de su cargo, que pretend铆a derivar del antiguo Imperio romano (Translatio imperii), as铆 como el hecho material de su capacidad militar para imponer su poder territorial e incluso tutelar la vida religiosa (tanto en los aspectos institucionales como los dogm谩ticos), a semejanza de su equivalente en Oriente. El acceso de distintas dinast铆as a la dignidad imperial debilit贸 el poder de los emperadores, sujetos a un sistema de elecci贸n que les hac铆a dependientes de un delicado juego de alianzas entre los dignatarios que alcanzaron el t铆tulo de pr铆ncipe elector, unos laicos (pr铆ncipes territoriales, independientes en la pr谩ctica) y otros eclesi谩sticos (obispos de ciudades libres). No obstante, peri贸dicamente se asist铆a a intentos de recuperar el poder imperial (Ot贸n III y Enrique II entre los 煤ltimos ot贸nidas), que en ocasiones llegaban a enfrentamientos espectaculares (Enrique IV, de la dinast铆a Salia, o Federico I Barbarroja y Federico II de la dinast铆a Hohenstaufen). La oposici贸n entre g眉elfos y gibelinos, cada uno asociado a uno de los poderes en liza (papa y emperador), presidi贸 la vida pol铆tica de Alemania e Italia desde el siglo XII hasta bien entrada la Baja Edad Media.

Ambas pretensiones distaron mucho de hacerse efectivas, agotadas en su propio debate y superadas por la mayor eficacia pol铆tica de las entidades urbanas y los reinos del resto de Europa.77

Art铆culo principal: Dominium mundi
V茅ase tambi茅n: Derecho penal#Edad Media
Parlamentarismo

Apareci贸 el parlamentarismo, una forma de representaci贸n pol铆tica que con el tiempo se convirti贸 en el precedente de la divisi贸n de poderes consustancial a la democracia de la Edad Contempor谩nea. La primac铆a en el tiempo la tiene el Al镁ingi island茅s (930), que segu铆a el modelo de los thing o asambleas de guerreros germanos; pero desde finales del siglo XI se fue gestando un nuevo modelo institucional, derivado de la obligaci贸n feudal de consilium, que implicaba a los tres 贸rdenes feudales, y se generaliz贸 por Europa occidental: las Cortes de Le贸n (1188), el Parlamento ingl茅s (1258) -previamente las relaciones de poder entre rey y nobleza hab铆an sido reguladas en la Carta Magna, 1215, o las Provisiones de Oxford, 1258- y los Estados Generales franceses (1302).

La Reforma Gregoriana y las reformas mon谩sticas

Torre de la Abad铆a de Cluny.
Art铆culo principal: Reforma gregoriana

Hildebrando de Toscana, ya desde su posici贸n bajo los pontificados de Le贸n IX y Nicol谩s II, y m谩s tarde como papa Gregorio VII (con lo que cubre toda la segunda mitad del siglo XI), emprendi贸 un programa de centralizaci贸n de la Iglesia, con la ayuda de los benedictinos de Cluny, que se extendieron por toda Europa Occidental implicando a las monarqu铆as feudales (destacadamente en los reinos cristianos peninsulares, a trav茅s del Camino de Santiago).

Las siguientes reformas mon谩sticas, como la cartuja (San Bruno) y sobre todo la cisterciense (San Bernardo de Claraval) significar谩n nuevos fortalecimientos de la jerarqu铆a eclesi谩stica y su implantaci贸n dispersa en todo el territorio europeo como una impresionante fuerza social y econ贸mica ligada a las estructuras feudales, vinculada a las familias nobles y a las dinast铆as regias y con una base de riqueza territorial e inmobiliaria, a la que se a帽ad铆a el cobro de los derechos propios de la Iglesia (diezmos, primicias, derechos de estola, y otras cargas locales, como el voto de Santiago en el noroeste de Espa帽a).

El fortalecimiento del poder papal intensific贸 las tensiones pol铆ticas e ideol贸gicas con el Imperio Germ谩nico y con la Iglesia oriental, que en este caso terminar谩n llevando al Cisma de Oriente.

Las Cruzadas trajeron como consecuencia la creaci贸n de un tipo especial de 贸rdenes religiosas, que, adem谩s de someterse a una regla mon谩stica (habitualmente la cisterciense, incluyendo el cumplimiento te贸rico de los votos mon谩sticos) exig铆an a sus componentes una vida castrense m谩s que asc茅tica: fueron las 贸rdenes militares, fundadas tras la toma de Jerusal茅n en 1099 (caballeros del Santo Sepulcro, templarios -1104- y hospitalarios -1118-). Tambi茅n se constituyeron en otros contextos geogr谩ficos (贸rdenes militares espa帽olas y caballeros teut贸nicos).

La adaptaci贸n a la pujante vida urbana de los siglos XII y XIII ser谩 misi贸n de un nuevo ciclo de fundaciones en el clero regular: las 贸rdenes mendicantes, cuyos miembros no eran monjes, sino frailes (franciscanos de San Francisco de As铆s y dominicos de Santo Domingo de Guzm谩n, a las que siguieron otras, como los agustinos); y de nuevas instituciones: las Universidades y la Inquisici贸n.

Anunciaci贸n por Conrad von Soest, 1403. La Virgen, modelo de virtudes femeninas, cuya inocencia es simbolizada por el lirio, escucha el mensaje divino tra铆do por el arc谩ngel San Gabriel y acepta su destino (concebir a Cristo por obra y gracia del Esp铆ritu Santo -la paloma-) con humildad y obediencia: Ecce ancilla Domini; fiat mihi secundum verbum tuum: He aqu铆 la esclava del Se帽or; h谩gase en m铆 seg煤n tu palabra (Lucas 1:38).78

Innovaciones dogm谩ticas y devocionales

A partir del siglo XI y el siglo XII, se introdujeron en el cristianismo latino innovaciones dogm谩ticas y devocionales de gran trascendencia:

La imposici贸n del rito romano frente a la anterior multiplicidad de liturgias (rito hisp谩nico, rito bracarense, rito ambrosiano, etc.)

La imposici贸n del celibato sacerdotal en el Concilio de Letr谩n (1123).

El hallazgo del papel del purgatorio como estadio intermedio de las almas entre cielo e infierno, que intensificar谩 la funci贸n intermediadora de la Iglesia a trav茅s de las oraciones y misas y los m茅ritos de la Comuni贸n de los Santos por ella administrados.

Mariolatr铆a

La intensificaci贸n del papel de la Virgen Mar铆a, que pasa a ser una corredentora con atributos investigados por la mariolog铆a y a煤n no dogmatizados (Inmaculada Concepci贸n, Asunci贸n de la Virgen), con nuevas devociones y oraciones (Avemar铆a -yuxtaposici贸n de textos evang茅licos que se introduce en occidente en el siglo XI-, Salve -adoptada por Cluny en 1135-, Rosario -introducido por Santo Domingo contra los albigenses-), una fiebre de fundaciones de iglesias en su nombre, y con un ampl铆simo tratamiento art铆stico. En la 茅poca del amor cort茅s la devoci贸n a la Virgen apenas pod铆a distinguirse, al menos en las formas, de la que el caballero sent铆a por su dama.79

La mariolog铆a hab铆a nacido en la Antig眉edad tard铆a con la patr铆stica, y el culto popular de la virgen fue uno de los factores clave de la suave transici贸n del paganismo al cristianismo, que suele interpretarse como una adaptaci贸n del patriarcal monote铆smo del juda铆smo al matriarcal pante贸n de las diosas-v铆rgenes-madre del Mediterr谩neo cl谩sico: la cananea Astart茅, la babilonia Istar, las griegas Rea y Gaia, la frigia Cibeles, la Artemisa de 脡feso, la Dem茅ter de Eleusis, la egipcia Isis, etc.80 La controversia Cristotokos-Theotokos (Mar铆a como "Madre de Cristo" o "Madre de Dios"), y el amplio tratamiento de 茅sta en el arte bizantino hab铆an caracterizado a la iglesia oriental. El protagonismo de la Virgen quedaba ampliamente compensado con la misoginia del tratamiento de otras figuras femeninas, destacadamente Eva, la Magdalena y Santa Mar铆a Egipc铆aca. La renuncia al cuerpo (la carne enemiga del alma) y a las riquezas, que da oportunidad al arrepentimiento y la redenci贸n (y conf铆a su gesti贸n a la Madre Iglesia) sol铆a ser el aspecto m谩s destacable tambi茅n en las vidas de otras santas y m谩rtires.81

Sacramentos y cohesi贸n social. Minor铆as religiosas
El pecado original, por Bertram von Minden, 1375. El tema de Ad谩n y Eva daba la ocasi贸n m谩s habitual de representaci贸n de desnudos durante la Edad Media.

Por 煤ltimo, la institucionalizaci贸n de los sacramentos, especialmente la penitencia y la comuni贸n pascual que se plantean como tr谩mites anuales que el fiel ha de cumplir ante su p谩rroco y confesor. La vivencia comunitaria de los sacramentos, sobre todo los que significan cambios vitales (bautismo, matrimonio, extrema unci贸n), y los rituales funerarios, cohesionaban fuertemente a las sociedades locales tanto aldeanas como urbanas, sobre todo cuando se enfrentaban a la convivencia con otras comunidades religiosas -jud铆os en toda Europa y musulmanes en Espa帽a-.

La celebraci贸n de las festividades en d铆as distintos (viernes los musulmanes, s谩bados los jud铆os, domingos los cristianos), los distintos tab煤es alimentarios (cerdo, alcohol, rituales de matanza que obligan a separar las carnicer铆as) y la separaci贸n f铆sica de las comunidades -guetos, aljamas o juder铆as y morer铆as- planteaban una situaci贸n que, incluso con tolerancia religiosa, distaba mucho de ser un trato igualitario. Los jud铆os cumplieron una funci贸n social de chivo expiatorio que dio salida a las tensiones sociales en determinados momentos, con el estallido de pogromos (revueltas antijud铆as, que tras la conversiones masivas dieron paso a revueltas anticonversas) o con las pol铆ticas de expulsi贸n (Inglaterra -1290-, Francia -1394- y Espa帽a -1492- y Portugal en 1496). La existencia de minor铆as religiosas dentro del cristianismo, en cambio, no pod铆a ser aceptada, puesto que la comunidad pol铆tica se identificaba con la unidad en la fe. Los definidos como herejes, por tanto, eran perseguidos por todos los medios.

Delito y pecado. El sexo

En cuanto a las desviaciones del comportamiento que no supusieran desaf铆os de opini贸n sino delitos o pecados (conceptos identificables y de imposible deslindamiento), su tratamiento era objeto de las jurisdicciones civil (que aplicaba el fuero correspondiente, la legislaci贸n del reino o el derecho com煤n) y religiosa (que aplicaba el Derecho Can贸nico en cuestiones ordinarias, o el procedimiento inquisitorial en caso necesario), cuya coordinaci贸n era a veces compleja, como ocurr铆a con las desviaciones de la conducta sexual considerada correcta (masturbaci贸n, homosexualidad, incesto, estupro, amancebamiento, adulterio y otros asuntos matrimoniales).82 En cualquier caso, la vivencia de la sexualidad y la desnudez del cuerpo tuvo tratamientos muy distintos en cada 茅poca y lugar; y diferentes expectativas para cada nivel social (se consideraba que era propio de los campesinos un comportamiento animal, es decir, natural, y se pretend铆a que los nobles y cl茅rigos tuvieran m谩s voluntad para controlar sus instintos).

Tambi茅n costumbres como los ba帽os (conocidos desde las termas romanas y reintroducidos por los 谩rabes) y pr谩cticas como la prostituci贸n fueron objeto de cr铆ticas morales y reglamentaciones m谩s o menos permisivas, llegando en el caso de los ba帽os progresivamente hasta la prohibici贸n (se les acusaba de inmorales y de producir el afeminamiento de los guerreros), y en el de la prostituci贸n al confinamiento en determinados barrios, la obligaci贸n de llevar determinadas prendas y la detenci贸n de sus actividades en determinadas fechas (Semana Santa). La erradicaci贸n de la prostituci贸n no se conceb铆a posible, dado lo inevitable del pecado, y su papel de mal menor que evitaba que el deseo irrefrenable de los varones fuera en contra del honor de las doncellas y las mujeres respetables. Por lo general, los historiadores suelen coincidir que el periodo de la Plena Edad Media fue una etapa de mayor libertad de costumbres que no tuvo que esperar a El Decamer贸n (1348), y que en algunas cuestiones, como la condici贸n femenina, signific贸 una verdadera promoci贸n, tanto frente a la Alta Edad Media como frente a la Edad Moderna;83 aunque el extendido mito de que se llegara a dudar si la mujer ten铆a alma es un error filol贸gico.84

Expansi贸n geogr谩fica de la Europa feudal

Willelm Dux, el Duque Guillermo de Normand铆a dirige sus tropas a la batalla de Hastings que le convertir谩 en rey de Inglaterra (1066). Tapiz de Bayeux, bordado pocos a帽os despu茅s.

La expansi贸n geogr谩fica se llev贸 a cabo, o se intent贸 llevar a cabo, al menos, en varias direcciones, siguiendo no tanto un prop贸sito determinado por concepciones nacionalistas inexistentes en la 茅poca, sino la din谩mica propia de las casas feudales. Los normandos, vikingos asentados en Normand铆a, dieron origen a una de las casas feudales m谩s expansivas de Europa, que se extendi贸 por Francia, Inglaterra e Italia, enlazada con las de Anjou-Plantagenet y Aquitania. Las casas de Navarra y Castilla (dinast铆a Jimena), Francia, Borgo帽a y Flandes (Capetos, Casa de Borgo帽a -extendida por la Pen铆nsula Ib茅rica-, Valois) y Austria (casa de Habsburgo) son otros buenos ejemplos, y todas ellas se vieron vinculadas por alianzas, enlaces matrimoniales y enfrentamientos sucesorios o territoriales, consustanciales a las relaciones feudo-vasall谩ticas y expresi贸n de la violencia inherente al feudalismo.85 En el contexto espacial de la Europa N贸rdica y Centro-Oriental tuvieron un desarrollo similar la Casa de Sweyn Estridsson danesa, la Bj盲lbo noruega y los Sverker y Erik suecos; y m谩s tarde la Dinast铆a Jogalia o Jagell贸n (Hungr铆a, Bohemia, Polonia y Lituania).

En Espa帽a, simult谩neamente a la disoluci贸n del Califato de C贸rdoba (en guerra civil desde el 1010 y extinguido el 1031), se cre贸 un vac铆o de poder que los reinos feudales cristianohisp谩nicos de Castilla, Le贸n, Navarra, Portugal y Arag贸n (fusionado din谩sticamente con el condado de Barcelona) intentaron aprovechar, expandi茅ndose frente a los reinos de taifas musulmanes en la llamada Reconquista. En las Islas Brit谩nicas, el reino de Inglaterra intent贸 repetidas veces invadir a Gales, Escocia e Irlanda, con mayor o menor 茅xito.

Reconstrucci贸n de un drakkar, embarcaci贸n usada habitualmente por los vikingos.

En Europa del Norte, acabadas las invasiones de los vikingos, las riquezas saqueadas por 茅stos sirvieron para adquirir productos y servicios occidentales, creando en el Mar B谩ltico una pr贸spera red comercial que atrajo a los escandinavos a la civilizaci贸n occidental, mientras su expansi贸n hacia el oeste por el Atl谩ntico (Islandia y Groenlandia) no pas贸 de la m铆tica Vinlandia (asentamiento fracasado en Am茅rica del Norte, en torno al a帽o 1000). Los vikingos orientales (varegos), llegaron hasta Constantinopla, y fundaron los reinos de Ucrania y Rusia. Los vikingos meridionales (normandos) se instalaron en Normand铆a, Inglaterra, Sicilia y el sur de Italia, creando reinos centralizados y eficientes (Rol贸n, Guillermo el Conquistador y Rogerio I de Sicilia). En el este, en el a帽o 955, Ot贸n el Grande bati贸 a los magiares en la Batalla del R铆o Lech y reincorpor贸 Hungr铆a a Occidente, al tiempo que comenzaba la "germanizaci贸n" de Polonia, hasta entonces pagana. Posteriormente, desde tiempos de Enrique el Le贸n (siglo XII), los alemanes se fueron abriendo paso a trav茅s de las tierras de los vendos, hasta el Mar B谩ltico, en un proceso de colonizaci贸n conocido como Ostsiedlung (que ser谩 mitificado posteriormente con el rom谩ntico nombre de Drang nach Osten, o Af谩n de ir hacia el Este, lo que sirvi贸 para justificar la teor铆a nazi del espacio vital alem谩n Lebensraum). Pero sin lugar a dudas, el movimiento de expansi贸n m谩s espectacular, aunque finalmente fallido, fueron las Cruzadas, en donde selectos miembros de la nobleza guerrera occidental cruzaron el Mar Mediterr谩neo e invadieron el Medio Oriente, creando reinos de ef铆mera duraci贸n.

Luis IX de Francia (San Luis) dirigi贸 a sus caballeros a un desembarco naval contra el fuerte egipcio de Damietta en la Quinta Cruzada (1217-1221).
Las Cruzadas
Art铆culo principal: Cruzadas

Las Cruzadas fueron expediciones emprendidas, en cumplimiento de un solemne voto, para liberar Tierra Santa de la dominaci贸n musulmana. El origen de la palabra remonta a la cruz hecha de tela y usada como insignia en la ropa exterior de los que tomaron parte en esas iniciativas, a partir de la petici贸n del Papa Urbano II y las predicaciones de Pedro el Ermita帽o. Las sucesivas cruzadas tuvieron lugar entre los siglos XI y XIII. Fueron motivadas por los intereses expansionistas de la nobleza feudal, el control del comercio con Asia y el af谩n hegem贸nico del papado sobre las iglesias de Oriente.

Balance de la expansi贸n geogr谩fica
Espada, cetro, orbe y corona (con su caracter铆stica cruz inclinada) de San Esteban de Hungr铆a, rey magiar convertido al cristianismo y coronado en diciembre del a帽o 1000 por el papa Silvestre II, en un acto similar al que protagoniz贸 Carlomagno exactamente doscientos a帽os antes, significando en este caso la expansi贸n del cristianismo occidental y las instituciones feudales por la Europa centro-oriental.

El balance de esta expansi贸n fue espectacular, por comparaci贸n a la vulnerabilidad de la oscura 茅poca anterior: Tras medio siglo de instituciones carolingias, hacia 843 (Tratado de Verd煤n), los territorios que pod铆an identificarse m谩s o menos pr贸ximamente con ellas (lo que podr铆a denominarse una formaci贸n social cristiano occidental) se extend铆an por Francia, el oeste y sur de Alemania, el sur de Gran Breta帽a, las monta帽as septentrionales de Espa帽a y el norte de Italia. Un siglo despu茅s, en la 茅poca de Batalla del R铆o Lech (955), no hab铆a regi贸n de Europa Occidental a salvo de las nuevas oleadas de invasores b谩rbaros, que parec铆an conducir a una nueva crisis de civilizaci贸n.86

Sin embargo, en los dos siglos siguientes al fat铆dico a帽o mil el panorama hab铆a cambiado completamente: para la 茅poca de la Batalla de Navas de Tolosa (1212), hab铆an sido incorporadas a la civilizaci贸n europea toda Italia hasta Sicilia, la Gran Breta帽a no inglesa (Escocia y Gales), Escandinavia (que se expand铆a por el Atl谩ntico Norte hasta Groenlandia), buena parte de Europa Oriental (Polonia, Bohemia, Moravia y Hungr铆a, quedando los pueblos eslavos de los Balcanes y Rusia en la 贸rbita del cristianismo oriental e institucionalizando sus propios reinos) y media Pen铆nsula Ib茅rica (en el transcurso del siglo XIII lo ser铆a toda excepto el tributario reino nazar铆 de Granada, quedando marcado definitivamente el predominio cristiano sobre el estrecho de Gibraltar con la batalla del Salado -1340-). Otros territorios perif茅ricos (como Lituania o Irlanda) estaban sometidos a una presi贸n militar cada vez mayor por parte de los reinos centrales de la cristiandad latina. M谩s all谩 de los l铆mites de Europa Occidental, las incursiones militares de huestes latinas de muy variada composici贸n hab铆an puesto en sus manos lugares tan lejanos como Constantinopla y los ducados de Atenas y Neopatria o Jerusal茅n y los Estados Cruzados.

Cristianos, musulmanes y jud铆os en la Pen铆nsula Ib茅rica

Art铆culo principal: Baja Edad Media en Espa帽a
V茅anse tambi茅n: El Cid, Roger de Lauria y Al-Azraq

El ocaso de la Edad Media (siglos XIV y XV)

Muerte de Wat Tyler, l铆der de la revuelta campesina de 1381 en Inglaterra.

El s铆mil astron贸mico de ocaso, que Johan Huizinga convierte en oto帽o, es utilizado con mucha frecuencia en la historiograf铆a, con un valor anal贸gico que m谩s que una decadencia en lo econ贸mico o lo intelectual refleja un claro agotamiento de los rasgos espec铆ficamente medievales frente a sus sustitutos modernos.87

La crisis del siglo XIV

Art铆culo principal: Crisis del siglo XIV

El final de la Edad Media llega con el comienzo de la transici贸n del feudalismo al capitalismo, otro periodo secular de transici贸n entre modos de producci贸n que no finalizar谩 hasta el final del Antiguo R茅gimen y el comienzo de la Edad Contempor谩nea, con lo que tanto este 煤ltimo periodo medieval como la Edad Moderna entera cumplen un papel similar y cubren una similar extensi贸n temporal (500 a帽os) a lo que signific贸 la Antig眉edad Tard铆a para el comienzo de la Edad Media.

La ley de rendimientos decrecientes empez贸 a mostrar sus efectos a medida que el dinamismo de los campesinos forz贸 la roturaci贸n de tierras marginales y las lentas mejoras t茅cnicas no pod铆an sucederse a un ritmo semejante. La coyuntura clim谩tica cambi贸, acabando con el denominado 贸ptimo medieval que permiti贸 la colonizaci贸n de Groenlandia y el cultivo de vides en Inglaterra. Las malas cosechas condujeron a hambrunas que debilitaron f铆sicamente a las poblaciones, preparando el terreno para que la Peste negra de 1348 fuera una cat谩strofe demogr谩fica en Europa. La repetici贸n sucesiva de epidemias caracteriz贸 un ciclo secular.

Consecuencias de la crisis

El matrimonio Arnolfini, por Jan van Eyck (1430), representa el interior de una acomodada casa burguesa, que ambientan bien algunos de los nuevos valores de esa emergente clase social: la propiedad privada ganada con el trabajo, la familia nuclear, la moderaci贸n, la discreci贸n y la privacidad. La escena transcurre en Flandes, un emporio comercial y artesanal, que suscit贸 el florecimiento de una nueva forma de pintura, la de los primitivos flamencos que entre otras innovaciones, iniciaron la pintura al 贸leo, lo que permit铆a detalles sutil铆simos para hacer cada vez m谩s fieles los retratos, un g茅nero que siglos antes no ten铆a ninguna demanda social.

Las consecuencias no fueron negativas para todos. Los supervivientes acumularon inesperadamente capital en forma de herencias, que pudo en algunos casos invertirse en empresas comerciales, o acumularon inesperadamente patrimonios nobiliarios. Las alteraciones de los precios de mercado de los productos, sometidos a tensiones nunca vistas de oferta y demanda cambi贸 la forma de percibir las relaciones econ贸micas: los salarios (un concepto, como el de circulaci贸n monetaria ya de por s铆 disolvente de la econom铆a tradicional) crec铆an al tiempo que las rentas feudales pasaron a ser inseguras, obligando a los se帽ores a decisiones dif铆ciles. Alternativamente primero tendieron a ser m谩s comprensivos con sus siervos, que a veces estuvieron en situaci贸n de imponer una nueva relaci贸n, liberados de la servidumbre; mientras que en un segundo momento, sobre todo tras algunas rebeliones campesinas fracasadas y duramente reprimidas, impusieron en algunas zonas una nueva refeudalizaci贸n, o cambios de estrategia productiva como el paso de la agricultura a la ganader铆a (expansi贸n de la Mesta).6

El negocio lanero produjo curiosas alianzas internacionales e interestamentales (se帽ores ganaderos, mercaderes de la lana, artesanos de pa帽os) que suscitaron verdaderas guerras comerciales (en ese sentido se ha podido interpretar las cambiantes alianzas y divisiones internas Inglaterra-Francia-Flandes durante la Guerra de los Cien A帽os, en la que Castilla se implic贸 en su propia guerra civil).88 脷nicamente los nobles con m谩s capacidad (demostrada la mayor parte de las veces por el despojo de nobles con menos capacidad) pudieron convertirse en una gran nobleza o aristocracia de grandes casas nobiliarias, mientras que la peque帽a nobleza se empobrec铆a, reducida a la mera supervivencia o a la b煤squeda de nuevos tipos de ingresos en la creciente administraci贸n de las monarqu铆as, o a los tradicionales de la Iglesia.

En las instituciones del clero tambi茅n se va abriendo un abismo entre el alto clero de obispos, can贸nigos y abades y los curas de parroquias pobres; y el bajo clero de frailes o cl茅rigos vagabundos, de opiniones teol贸gicas difusas, o bien supervivientes materialistas en la pr谩ctica, goliardos o estudiantes sin oficio ni beneficio.

En las ciudades, la alta burgues铆a y la baja burgues铆a viven un similar proceso de separaci贸n de fortunas, que hace imposible mantener que un aprendiz o incluso un oficial o un maestro de taller pobre tenga algo que ver con un mercader enriquecido por el comercio a larga distancia de la Hansa o las ferias de Champa帽a y de Medina, o un m茅dico o un letrado salidos de la universidad para entrar en la alta sociedad. Se va abriendo paso la posibilidad (antes inaudita) de que la condici贸n social dependa m谩s de la capacidad econ贸mica (no necesariamente ligada siempre a la tierra) que del origen familiar.

Frente al mundo medieval de los tres 贸rdenes, basado en una econom铆a agraria y firmemente ligada a la posesi贸n de la tierra, emerge un mundo de ciudades basado en una econom铆a comercial. Los centros de poder se desplazan hacia los nuevos burgos. Estos reequilibrios se vieron reflejados en los campos de batalla, ya que los caballeros feudales empezaron a ser superados por el desarrollo de t茅cnicas militares como el arco de tiro largo,89 arma que los ingleses usaron para barrer a los franceses en la Batalla de Agincourt, en 1415, o la pica, usada por la infanter铆a de mercenarios suizos. Es en esta 茅poca cuando aparecen los primeros ej茅rcitos profesionales, compuestos por soldados a los que no les une un pacto de vasallaje con su se帽or sino la paga. A partir del siglo XIII se registran en Occidente los primeros usos de la de p贸lvora, invenci贸n china extendida desde la India por los 谩rabes, pero de forma muy discontinua. Roger Bacon la describe en 1216) y hay relatos del uso de armas de fuego en la defensa musulmana de Sevilla (1248) y Niebla (1262, v茅ase El ca帽贸n en la Edad Media). Con el tiempo, el oficio militar se envilece, devaluando las funciones de la nobleza con las de la caballer铆a y los castillos, que quedan obsoletos. El aumento de los costes y las t谩cticas de batallas y asedios traer谩 como consecuencia el aumento del poder del rey frente a la aristocracia. La guerra pasa a depender no de las huestes feudales, sino de los crecientes impuestos, pagados por los no privilegiados.

D铆ptico de Melun, de Jean Fouquet (1450). Panel izquierdo: 脡tienne Chevalier, el donante, con San Esteban, su santo patron铆mico. En otra 茅poca, la perspectiva jer谩rquica hubiera distanciado a un simple mortal, por muy poderoso que fuera, de personajes celestiales.
Mismo d铆ptico, Panel derecho: La Virgen con el Ni帽o. La modelo fue Agn猫s Sorel, amante del rey Carlos VII de Francia, lo que aumenta el atrevimiento de la representaci贸n, que aun as铆 resultaba asumible por la sensibilidad de la 茅poca.

Nuevas ideas

Las nuevas ideas religiosas -que se adaptan mejor a la forma de vida de la burgues铆a que a la de los privilegiados- ya estuvieron en el fermento de las herej铆as que se hab铆an producido previamente, a partir del siglo XII (c谩taros, valdenses), y que hab铆an encontrado eficaz respuesta en las nuevas 贸rdenes religiosas mendicantes, insertas en el entorno urbano; pero en los 煤ltimos siglos medievales el husismo o el wycliffismo tienen una mayor proyecci贸n hacia lo que ser谩 la Reforma protestante del siglo XVI. El milenarismo de los flagelantes conviv铆a con el misticismo de un Tom谩s de Kempis y con los des贸rdenes y corrupci贸n de costumbres en la Iglesia que culminaron en el Cisma de Occidente. Fue devastador el impacto que tuvo en la cristiandad occidental el espect谩culo de dos (y hasta tres) papas excomulg谩ndose mutuamente (y a emperadores, reyes y obispos, y con ellos a todos sus sacerdotes y fieles), uno en la llamada cautividad de Avi帽贸n a la que le somet铆a el rey de Francia (fille ain茅e de l'Eglise -hija mayor de la Iglesia-), otro en Roma y un tercero elegido por el Concilio de Pisa (1409). La situaci贸n no se recondujo totalmente ni siquiera con el Concilio de Constanza (1413), que si hubieran prosperado las tesis conciliaristas se habr铆a convertido en una especie de parlamento europeo supranacional, cuasi-soberano y competente en toda clase de temas. Hasta la humilde Pe帽铆scola se lleg贸 a convertir por alg煤n tiempo en el centro del mundo cristiano -para los escasos seguidores del Papa Luna-.

Los intentos de imprimir mayor racionalidad al catolicismo ya ven铆an estando presentes desde la cumbre de la escol谩stica de los siglos XII y XIII con Pedro Abelardo, Tom谩s de Aquino o Roger Bacon; pero ahora esa escol谩stica se enfrenta a su propia crisis y cuestionamiento interno, con Guillermo de Ockham o Duns Scoto. La mentalidad teoc茅ntrica iba lentamente dando paso a una nueva antropoc茅ntrica, en un proceso que culminar谩 con el humanismo del siglo XV, en lo que ya puede denominarse Edad Moderna. Ese cambio no se limit贸 煤nicamente a las 茅lites intelectuales: personalidades extravagantes, como Juana de Arco, se convierten en h茅roes populares (con el contrapunto de otras terribles, como Gilles de Rais -Barba Azul-);90 la mentalidad social va alej谩ndose del conformismo temeroso para acoger otras concepciones que implican una nueva forma de afrontar el futuro y las novedades:

Hoy comamos y bebamos y cantemos y holguemos, que ma帽ana ayunaremos.
Villancico de Juan del Encina

El anonimato conscientemente buscado en el que vivieron silenciosamente generaciones durante siglos

Non nobis, Domine, non nobis,
sed nomini tuo da gloriam
隆No a nosotros, Se帽or, no a nosotros,
sino a tu nombre da la gloria!
Salmos 115:1, musicalizado y utilizado muy frecuentemente para uso lit煤rgico. Se adopt贸 como lema de los templarios y aparece en la obra Enrique V de Shakespeare.91

y que seguir谩 siendo la situaci贸n de los humildes durante los siglos siguientes, da paso a la b煤squeda de la fama y de la gloria personal, no s贸lo entre los nobles, sino en todos los 谩mbitos sociales: los artesanos comienzan a firmar sus productos (desde las obras de arte a las marcas artesanas), y cada vez es menos excepcional que cualquier acto de la vida deje su huella documental (libros parroquiales, registros mercantiles, escribanos, protocolos notariales, actos jur铆dicos).

El desaf铆o al monopolio econ贸mico, social, pol铆tico e intelectual de los privilegiados, creaba lentamente nuevos espacios de poder en beneficio de los reyes, as铆 como un lugar cada vez m谩s amplio para la burgues铆a. Aunque la mayor parte de la poblaci贸n sigui贸 siendo campesina, lo cierto es que el impulso y las novedades ya no proven铆an del castillo o el monasterio, sino de la Corte y la ciudad. Entre tanto, el amor cort茅s (procedente de la Provenza del siglo XI) y el ideal caballeresco se revitalizaron y pasaron a convertirse en una ideolog铆a justificativa del modo de vida nobiliario justo cuando este empezaba a estar en cuesti贸n,92 viviendo una 茅poca dorada, obviamente decadente, localizada en el per铆odo de esplendor del ducado de Borgo帽a, que reflej贸 Johan Huizinga en su magistral El oto帽o de la Edad Media.

El fin de la Edad Media en la Pen铆nsula Ib茅rica

Mientras que para el Mediterr谩neo Oriental el fin de la Edad Media supuso el avance imparable del isl谩mico Imperio otomano, en el extremo occidental, los expansivos reinos cristianos de la Pen铆nsula Ib茅rica, tras un periodo de crisis y ralentizaci贸n del avance secular hacia el sur, simplificaron el mapa pol铆tico con la uni贸n matrimonial de los Reyes Cat贸licos (Fernando II de Arag贸n e Isabel I de Castilla), los acuerdos de estos con el de Portugal (Tratado de Alc谩莽ovas, que supon铆an el reparto de influencias sobre el Atl谩ntico) y la conquista de Granada. Navarra, dividida en una guerra civil entre bandos orientados e intervenidos por franceses y aragoneses, ser铆a anexionada en su mayor parte a la creciente Monarqu铆a Cat贸lica en 1512.

V茅anse tambi茅n: G贸tico isabelino, plateresco y manuelino

V茅ase tambi茅n

Referencias

  1. Edad media 476-1492
  2. Perry Anderson, op. cit.
  3. Aunque el primero que se帽al贸 la existencia de unidad en el periodo comprendido entre el siglo V y el XV fue el humanista Flavio Biondo, la gloria de haber utilizado antes que nadie el t茅rmino Edad Media le corresponde al obispo de Alesia, Giovanni Andrea dei Bussi. En una carta suya del a帽o 1469 se dice expresamente lo siguiente: 芦sed mediae tempestatis tum veteris, tum recentio颅res usque ad nostra tempora禄. Esa media tempestas era el esbozo de unos 芦tiempos medios禄, que serv铆an de puente entre la gloriosa antig眉edad cl谩sica, a la que se mitificaba, y los nuevos tiempos, que hab铆an vuelto sus ojos hacia aquel per铆odo de esplendor. Expresiones como medium aevum, media tempestas, media aetas, etc., aparecen en historiadores o fil贸logos desde comienzos del siglo XVI. As铆, por ejemplo, las utilizaron Joaquin de Wat, en 1501, o Juan de Heerwagen, en 1532. M谩s avanzado el siglo, en 1575, las encontramos en Marco Welser y Adriano Junius. El uso de dichas expresiones puede, asimismo, rastrearse en el transcurso del siglo XVII: Conisius, en 1601; Goldats, en 1604; Vossius, en 1662; etc. Du Cange, en su c茅lebre Glosario, aparecido en 1678, habl贸 de la 芦mediae et infimae latinitatis禄. Puede decirse que el t茅rmino Edad Media hab铆a sido plenamente admitido, por m谩s que su origen no fuera propiamente obra de los historiadores, sino de los fil贸logos. No obstante, en el mismo siglo XVII se produjeron algunas precisiones de gran transcendencia acerca de los 芦tiempos medios禄. En 1665, Jorge Horn, en una obra titulada Arca No茅, llamaba 芦medium aevum禄 al per铆odo comprendido entre los a帽os 300 y 1500. Poco tiempo despu茅s, en 1688, apareci贸 un libro que iba a desempe帽ar un papel destacado en la fijaci贸n del concepto de Edad Media. Se trata de la Historia medii aevi a temporibus Constantini Magni ad Constantinopolim a Turcis captam, del que era autor Crist贸bal Keller, profesor de la universidad alemana de Halle. Fue Keller, cuyas precisiones cronol贸gicas sobre el Medievo son bien significativas, el punto de partida de la difusi贸n y generalizaci贸n de la expresi贸n Edad Media.
    Valde贸n, op. cit., vol 11 pg. 11.
  4. Riu, Manuel (1978): Pr贸logo a la edici贸n espa帽ola en La historia del mundo en la Edad Media (The Shorter Cambridge Medieval History, The Later Roman Empire To The Twelfth Century). Madrid, Sopena, tomo I pg. XXIV.
  5. Incluso en la actualidad se juzga a la Edad Media como una 茅poca mala o "fea", a la vez violenta, oscura e ignorante. Ahora sabemos que esta imagen es falsa, aunque hubo una Edad Media de la violencia, y no 煤nicamente la de los conflictos y las guerras entre grupos y entre pa铆ses, sino tambi茅n las violencias contra los jud铆os, con el comienzo del antisemitismo, y la represi贸n de los rebeldes a la doctrina de la Iglesia... Evidentemente, las Cruzadas tambi茅n forman parte del balance negativo. Pero la Edad Media fue igualmente, y pienso que incluso ante todo, un gran per贸do creador. Se puede apreciar en el terreno el arte, de las instituciones, por supuesto primordialmente en las ciudades (por ejemplo con las universidades), o incluso del pensamiento, en el que la filosof铆a que se ha llamado "escol谩stica" alcanz贸 altas cumbres del saber... la Edad Media cre贸 "lugares de encuentro" comerciales y festivos (las ferias, los mercados y las fiestas), en los que seguimos inspir谩ndonos.
    Le Goff, op. cit., pgs. 115-116
    En esta 茅poca, la noche se vive en ambientes poco luminosos: en caba帽as alumbradas a lo sumo por el fuego del hogar, en las estancias ampl铆simas de castillos iluminados por antorchas o en la celda de un monje a la d茅bil luz de un candil, y oscuras (adem谩s de inseguras) eran las calles de los pueblos y de las ciudades. No obstante, 茅sta es una caracter铆stica propia tambi茅n del Renacimiento, del Barroco y -m谩s tarde a煤n- del per铆odo que se prolonga al menos hasta el descubrimiento de la electricidad. En cambio, al hombre medieval se le ve -o, al menos, se le representa en poes铆a y en pintura- en un ambiente muy luminoso. Lo que llama la atenci贸n en las miniaturas medievales es que, habiendo sido realizadas tal vez en ambientes ocscuros apenas iluminados por una 煤nica ventana, est谩n llenas de luz, incluso de una luminosidad especial, producida por la proximidad de colores puros: rojo, azul, oro, plata, blanco y verde, sin matices ni claroscuros.
    Umberto Eco, Historia de la Belleza, pg. 99-100
  6. a b Rodney Hilton, op. cit.
  7. Le Goff, op. cit., pg. 63-64
  8. Romano y Tenenti, op. cit.
  9. El debate entre las distintas concepciones del feudalismo es uno de las cl谩sicas discrepancias entre las escuelas institucionalista o restrictiva (Fran莽ois-Louis Ganshof Qu'est-ce que la f茅odalit茅? -Qu茅 es el feudalismo-, 1947); y la materialista (Georges Duby Se帽ores y Campesinos). Para el caso espa帽ol es muy ilustrativo este texto de Salustiano Moreta (1978) Se帽ores contra labradores: el malhechor feudal en la literatura:
    Respecto al feudalismo castellano, dado que la historiograf铆a oficial y academicista parti贸 de los presupuestos te贸rico-metodol贸gicos positivistas y de una idea jur铆dico-pol铆tica del feudalismo, no se dud贸 en asegurar 芦sin riesgo de error, que el sistema feudal no alcanz贸 en los Estados de la Reconquista su completo desarrollo y que la estructura social y pol铆tica de la mayor parte de la Espa帽a cristiana nunca lleg贸 a constituirse seg煤n las formas pol铆ticas de los Estados feudales禄 (Luis Garc铆a de Valdeavellano, Las instituciones feudales en Espa帽a, p谩g. 231). En esta misma l铆nea, a partir de la consideraci贸n del feudalismo como un fen贸meno esencialmente pol铆tico y superestructural, se formular铆a una distinci贸n mixtificante entre r茅gimen feudal y r茅gimen se帽orial como categor铆as excluyentes y contrapuestas (Luis Garc铆a de Valdeavellano, op. cit; Grassotti, Las instituciones feudo-vasall谩ticas en Le贸n y Castilla. Partiendo desde presupuestos positivistas, Salvador de Mox贸 ha puesto de manifiesto algunas de las limitaciones de las causas y razones aducidas por los dos autores anteriores para mantener la no feudalizaci贸n castellana. Sociedad, estado y feudalismo, p谩gs. 193-202.). Por fortuna la visi贸n acad茅mico-oficial del feudalismo en general y del feudalismo castellano en particular resulta cada vez menos inapelable y su cuestionamiento cr铆tico se halla en marcha, precisamente desde las perspectivas te贸rico-metodol贸gicas derivadas -en unos casos simplemente invocadas y en otros asumidas directa y conscientemente, aunque con desigual acierto y rigor de la otra concepci贸n del feudalismo: el feudalismo entendido como modo de producci贸n (Pese a no contar todav铆a con una sola monograf铆a rigurosa sobre el feudalismo en Castilla analizado desde las categor铆as y m茅todos derivados de su consideraci贸n como 芦modo de producci贸n禄 se han publicado ya algunos trabajos y se van ensayando, poco a poco, ciertas observaciones y problemas que apuntan hacia esa direcci贸n: Bartolom茅 Clavero, Mayorazgo: propiedad feudal en Castilla (1369-1836), p谩gs. 60 y ss.; Se帽orio y hacienda a finales del antiguo r茅gimen en Castilla; Julio Valde贸n Baruque, Pr贸logo en El modo de producci贸n feudal, Akal, p谩gs. 7-14; Sebasti谩 Domingo, Crisis de los factores mediatizantes del regimen feudal; Reyna Pastor de Togneri, Del Islam al Cristianismo, p谩gs. 12 y ss.)
  10. a b Pirenne, op. cit.
  11. Le Goff, op. cit., pgs. 116-117
  12. DRAE
  13. Persona versada en el conocimiento de lo medieval. DRAE
  14. Honor茅 de Balzac El p煤blico est谩 harto de Espa帽a, del Oriente y de la historia de Francia al modo de Walter Scott.
  15. V茅ase todo lo referente a El c贸digo da Vinci.
  16. Wolfram Eberhard (1952) Conquerors and Rulers. Social Forces in Medieval China ISBN 978-90-04-00515-0; Early Medieval China, revista historiogr谩fica dedicada a la dinast铆a Han y el comienzo de la Tang; Bao Gan, Gabriel Garc铆a-Noblejas S谩nchez-Cendal, Ning Yao (2000) Cuentos Extraordinarios De La China Medieval, Madrid : Lengua de Trapo, ISBN 84-89618-47-X
  17. Sociedad en el Jap贸n medieval, en Artehistoria.
  18. Literatura granadina (referencia a la embajada de Ibn Jald煤n en la corte de Castilla en 1363 y en la de Tamerl谩n en 1401). Ibn Jald煤n: Auge y decadencia de los Imperios (sobre Ibn Jald煤n y su paralelismo con Ruy Gonz谩lez de Clavijo). Vida y haza帽as del Gran Tamorl谩n, con la descripci贸n de las tierras de su imperio y se帽or铆o, de Ruy Gonz谩lez de Clavijo (espa帽ol moderno) en Cervantesvirtual.
  19. Texto seleccionado por Claudio S谩nchez Albornoz y Aurelio Vi帽as (1929) Lecturas de Historia de Espa帽a, Madrid, p. 24, citado en Cervantesvirtual.
  20. Texto del poema. El tema fue convertido en novela por John Maxwell Coetzee. Esperando a los b谩rbaros (Traducci贸n de Concha Manella y Luis Mart铆nez Victorio), Debolsillo: Barcelona, 2004 Comentario de la novela.
  21. Jos茅 Mar铆n Riveros El problema b谩rbaro.
  22. Marco Bussagli Comprender la arquitectura Madrid: Susaeta, ISBN 84-305-4483-6 pg. 116
  23. Anderson, Perry (1986) Transiciones de la Antig眉edad al Feudalismo, Madrid: Alianza ISBN 84-323-0355-0; Fern谩ndez, Llorens, Ortega y Roig (1986) Occidente, Barcelona: Vic茅ns Vives ISBN 84-316-2407-8
  24. Jean Dani茅lou y otros (1982) Nueva historia de la Iglesia Ediciones Cristiandad, ISBN 84-7057-038-2 pg. 542. En el 谩mbito hisp谩nico resultan ya cl谩sicos los estudios de Manuel D铆az y D铆az referidos a las transformaciones en la educaci贸n de las 茅lites y al renacimiento visigodo (en Gerardo Rodr铆guez, rese帽a de Rosamond McKitterick (ed.) (2002) La alta Edad Media. Europa 400-1000, Barcelona, Cr铆tica; en Temas Mediev. v.13 n.1 Buenos Aires ene./dic. 2005.
  25. Santa 脷rsula y las Once Mil V铆rgenes
  26. P谩lsson, Hermann (1971). Pinguin Classics. ed. Hrafnkel's Saga and Other Icelandic Stories. ISBN 0-14-044238-3. 
  27. H贸man, B. y Szekf疟, Gy. (1935). Magyar T枚rt茅net. Budapest, Hungr铆a: Kir谩ly Magyar Egyetemi Nyomda.
  28. No as铆 la de Alejandr铆a, que sobrevivi贸 incluso al asesinato de Hipatia (415). El museo de Alejadr铆a y la biblioteca de Alejandr铆a hab铆an sufrido muchas vicisitudes, como incendios y terremotos, y el Serapeum fue mandado derribar por el patriarca Te贸filo en 391, aunque sus fondos, saqueados y desperdigados, sobrevivieron hasta la invasi贸n musulmana (634), en que el califa Omar protagoniz贸 otra c茅lebre ofensa: Los libros de la Biblioteca o bien contradicen al Cor谩n, y entonces son peligrosos, o bien coinciden con el Cor谩n, y entonces son redundantes, citado en Curiosidades de la Ciencia de Leonardo Moledo .
  29. O bello sudario, o buen sudario. Procopio, en su Historia secreta reproduce as铆 las palabras de Teodora:
    Quien ha recibido el poder soberano no debe vivir si se lo deja quitar. T煤 C茅sar, si quieres huir, nada es m谩s f谩cil... en cuanto a m铆, Dios no permita que abandone la p煤rpura y aparezca en p煤blico sin ser saludada como emperatriz. Aprecio mucho esta antigua sentencia: "La p煤rpura es un glorioso sudario".
    (Citado por Pilar Benejam, Horizonte, pg. 106)
  30. Arnold J. Toynbee (1971) Ciudades en marcha, Madid: Alianza pg. 64 ISBN 84-206-9253-0
  31. La Pronoia, en Imperio bizantino. Historia de Bizancio enfocada principalmente en el per铆odo de los Comnenos.
  32. Pirene, op. cit.
  33. Cf. Las mil y una noches en Wikisource
  34. Ziauddin Sardar, Science in Islamic philosophy
  35. Le Goff op. cit., pgs. 25-27
  36. Berta Raposo Fern谩ndez (1999) Textos alemanes primitivos: La edad media temprana alemana en sus testimonios literarios, pg. 12 Universitat de Val猫ncia. ISBN 978-84-370-4049-3
  37. Guy Fourquin (1977), Se帽or铆o y feudalismo en la edad media, Madrid: EDAF. ISBN 84-7166-347-3
  38. Es la tesis principal de Perry Anderson op. cit.. Es comentada y criticada por Gregory Elliott (2004) Perry Anderson: El laboratorio implacable de la historia Universitat de Val猫ncia, ISBN 84-370-5935-6 pg. 144. La expresi贸n s铆ntesis feudal es utilizada habitualmente en ese sentido: Bisso y otros Occidente y su legado. Una historia. Volumen I. Desde las primeras civilizaciones a la crisis del mundo medieval ISBN 987-9164-80-6 rese帽a
  39. Witold Kula Teor铆a econ贸mica del sistema feudal; Perry Anderson, op. cit.
  40. Voces coto redondo, se帽or铆o y serna, en Diccionario Tem谩tico de la Enciclopedia de historia de Espa帽a, Miguel Artola (dir.), pgs. 370-371 y 1086-1089
  41. Plat贸n, siguiendo un esquema tri谩dico de tradici贸n indoeuropea, plantea en sus di谩logos (por ejemplo en Fedro y en Rep煤blica) una sociedad en la que los trabajadores (representantes de la virtud cardinal de la templanza) sostienen a los guerreros que les defienden(fortaleza) y a los fil贸sofos que les gobiernan (prudencia), y su conjunto en armon铆a produce la obtenci贸n final de la justicia.
  42. V茅anse los textos citados en Estamento. Fuentes: De consolatione Philosophiae, citado por CONSTABLE, G.,The orders of society. Three Studies in Medieval Religious and Social Thought. Cambridge, 1995, pp 267 y sigs. Institutes of Polity (1008-1010), citado por NICCOLI, O.. I sacerdoti, i guerrieri, i contadini. Storia di un'immagine della societ脿. Mil谩n, 1979, pg 13. GELABERT GONZ脕LEZ, Juan Eloy. El control de la econom铆a, pg. 591, cap. 7 de Historia de Europa, dir ARTOLA, Miguel, Espasa-Calpe, Madrid, 2007. ISBN 978-84-670-2630-6. Sobre el origen de la divisi贸n entre oratores, bellatores y laboratores (en franc茅s) leforumcatholique. Gesta episcoporum cameracensium (1024). Carmine ad Robertum regem (1027-1031). SERVERAT, Vincent: La Pourpre et la gl猫be. Rh茅torique des 茅tats de la soci茅t茅 dans l'Espagne m茅di茅vale (ELLUG : Grenoble, 1997), sobre todo p. 75-124.; mismo autor: Sobre algunas tr铆adas sociales en la Hispania medieval : de Isidoro de Sevilla a Rodrigo S谩nchez de Ar茅valo, Revista de Literatura Medieval 19 (2007), sobre todo p. 208-218. ALVARADO PLANAS, Javier: De la ideolog铆a trifuncional a la separaci贸n de poderes (UNED : Madrid, 1993). Partida 2, t铆tulo XXI, introducci贸n.
  43. Copla X de las Coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique
  44. Arnold Hauser Historia social de la literatura y el arte
  45. La identificaci贸n entre clero y nobleza como privilegiados, y el papel clave de los votos, era evidente en el momento de su supresi贸n durante la Revoluci贸n francesa, y se explicit贸 en los debates de la Asamblea (decreto del 13 de febrero de 1790), comentados en De la convocaci贸n a la revoluci贸n. La Constituci贸n francesa de 1791 de Chantal L贸pez y Omar Cort茅s. Lo mismo ocurri贸 en el caso espa帽ol: Secularizaci贸n: Estado e iglesia en tiempos de G贸mez Farias, de Anne Staples, Estudios de Historia Moderna y Contempor谩nea de M茅xico, 脕lvaro Matute (editor), M茅xico, Universidad Nacional Aut贸noma de M茅xico, Instituto de Investigaciones Hist贸ricas, v. 10, 1986, p. 109-123
  46. Etimol贸gicamente humilior significa los m谩s humildes, los m谩s pobres. Humilis, -e Adjetivo. Humilde; pobre. Breve vocabulario lat铆n-castellano: H. El humilior es el que se encuentra rebajado en tierra (ad humun). Humillarse es rebajarse porque se supone que la tierra es lo m谩s bajo (infima) que hay en el mundo. El mismo origen tiene humor (humildad), seg煤n Marcus Terentius Varro, De Lingua Latina, traducci贸n de Manuel Antonio Marcos Casquero, Anthropos 1990 ISBN 84-7658-238-2 Pg.19. Honestior significa los m谩s honestos, los m谩s honrados: Honestior, -ius Adjetivo en grado comparativo de 鈥渉onestus鈥. Honestus, -a, -um Adjetivo. Honesto, honrado. Breve vocabulario lat铆n-castellano: H
  47. La novela de Ken Follett Los pilares de la tierra refleja ese ambiente.
  48. Pierre Rich茅, Gerbert d'Aurillac, le pape de l'an mil, Paris, 1987. Rich茅, Pierre (1990). Gerberto, el Papa del a帽o mil. Editorial Nerea. ISBN 978-84-86763-45-9. 
  49. Donald K. Yeomans (1998). 芦Great Comets in History禄. Jet Propulsion Laboratory. Consultado el 15-03-2007.
  50. Le Goff, op. cit., especialmente pg. 20 y cap铆tulo 7 El imaginario religioso de la Edad Media. 脕ngeles y demonios, santas y santos, lo maravilloso, dragones y hadas, pgs. 95-105
  51. Umberto Eco (2004) Historia de la Belleza, Barcelona:Lumen, ISBN 84-264-1468-0, pg. 121
  52. Georges Duby (1987) Atlas hist贸rico mundial, Madrid: Debate, ISBN 84-7444-349-0
  53. Dos traducciones al castellano:
  54. S谩tiras contra el r煤stico y fiestas carnavalescas, en Umberto Eco (2007) Historia de la Fealdad, Barcelona: Lumen ISBN 978-84-264-1634-6, pgs. 137.
  55. Citado por E. Pablo Molina El latido impetuoso de la letra. Violencia y Literatura en algunos textos hispanoamericanos
  56. Umberto Eco, op. cit. pg. 137 y 140.
  57. Umberto Eco op. cit., pg. 135. El tema de la risa en la Edad Media ha sido tratado tambi茅n por Eco en su novela El nombre de la rosa.
  58. Bas谩ndose en una teor铆a de Eugenio D'Ors se ha aplicado esta idea a los periodos del Arte griego: constructivo=arcaico, pleno=cl谩sico y decadentes=helen铆stico; y ve铆a paralelismos en el Renacimiento: Quattrocento-Cinquecento-Manierismo; o en otros periodos: Barroco tenebrista-Barroco triunfante-Rococ贸; Neoclasicismo-Romanticismo.
  59. Salustiano Moreta (1978) Malhechores feudales. Violencia, antagonismos y alianzas de clases en Castilla, siglos XIII-XIV Madrid : Catedra, ISBN 84-376-0129-0. Una selecci贸n del texto en Se帽ores contra labradores: el malhechor-feudal en la literatura. El ascenso de la nobleza. Resistencia antise帽orial. en Artehistoria. Tambi茅n desarrolla la idea Duby, op. cit.
  60. Si las ciudades y la burgues铆a son una contradicci贸n inherente al sistema feudal en su dinamismo, o algo extra帽o y externo al modo de producci贸n feudal, es un debate cl谩sico de la historiograf铆a materialista, expuesto en Rodney Hilton, op. cit.. Una visi贸n ir贸nica de esta din谩mica se encuentra en la parodia de estudio de econom铆a hist贸rica El papel de las especias (y de la pimienta en particular) en el desarrollo econ贸mico de la Edad Media, en Allegro ma non troppo, de Carlo Cipolla (1988, ed. espa帽ola de 1991), Barcelona:Cr铆tica Drakontos ISBN 84-7423-509-X
  61. A partir del siglo IX las Bimaristan entregaban diplomaturas de medicina a estudiantes que realizaban pr谩cticas hospitalarias para ejercer profesionalmente como m茅dicos. John Bagot Glubb Quotations on Islamic Civilization:
    En tiempos de Mamun, las escuelas de medicina fueron extremadamente activas en Bagdad. El primer hospital p煤blico gratuito fue abierto en Bagdad durante el califato de Harun Al-Rashid. Al desarrollarse este sistema, m茅dicos y cirujanos fueron requeridos para impartir lecciones en la escuela de m茅dicos, y entregaban diplomas a aquellos a los que consideraban cualificados para practicar la medicina. El primer hospital en Egipto fue abierto en 872, y a partir de entonces saltaron a todo lo largo y ancho del Imperio, desde Al-Andalus hasta Persia.
    La Universidad de Al Karaouine (Fez, Marruecos, 859) es considerada la m谩s antigua del mundo (The Guinness Book Of Records, Published 1998, ISBN 0-553-57895-2, P.242). La primera universidad completa ser铆a la Universidad Al-Azhar (El Cairo, Egipto, siglo X), que ofrec铆a una amplia variedad de graduaciones acad茅micas, incluyendo estudios de post-grado.
  62. HASKINS, Charles H., Rennaisance of the twelfth Century, 1927, p. 358

  63. *Thomas Woods, How the Catholic Church Built Western Civilization (Washington, DC: Regenery, 2005), ISBN 0-89526-038-7
  64. Texto latino
  65. Texto latino. Texto castellano.
  66. island in the sea of feudalism cita -sin indicar la fuente- R. J. A. White (1967) A Short History of England Cambridge University Press, ISBN 0-521-09439-9, pg. 53
  67. Un ejemplo de esta utilizaci贸n nos lo ofrecen quienes citan (descontextualizando sus circunstancias hist贸ricas) el conocido refr谩n alem谩n, 芦El aire de la ciudad os har谩 libres禄, como corroboraci贸n de la tesis ideol贸gica que atribuye a la ciudad, en general, la capacidad de conseguir que un sujeto de la especie humana pueda alcanzar la libertad, es decir, sin tener en cuenta que el refr谩n citado se formula en el proceso de transformaci贸n del sistema feudal en el sistema constituido por las ciudades burguesas de la baja edad media.
    Gustavo Bueno, Sobre la educaci贸n para la ciudadan铆a democr谩tica, en catobepl谩s.
  68. Jn 8,32
  69. El siervo huido se consideraba libre de retornar con su se帽or si consegu铆a domiciliarse en una corporaci贸n urbana por un a帽o y un d铆a. R. J. A. White, op. cit., pg 54
  70. La liga hanse谩tica en Proa a la mar, n潞 135.
  71. Otros consulados, como Perpi帽谩n y Malta, se abren ya en el siglo XVII. Enciclopedia General del Mar. Ediciones Garriga Barcelona (1957)
  72. Michel Mollat y Philippe Wolff (1970) Edici贸n espa帽ola de 1979 U帽as azules, Jacques y Ciompi. Las revoluciones populares en Europa en los siglos XIV y XV, Madrid: Siglo XXI ISBN 84-323-0232-5
  73. Eugenia Rico La tierra de los c谩taros, El Mundo, especial viajes, diciembre de 2002. La escena novelada por Sophy Burnham (2003) El Tesoro de Montsegur M茅xico: Ediciones B ISBN 84-666-1096-0 pg. 43
  74. Le Goff, op. cit., pgs. 40-41 y pg. 50
  75. Toynbee op. cit.
  76. Francisco Tom谩s y Valiente y otros (1996) Autonom铆a y soberan铆a. Una consideraci贸n hist贸rica, Madrid: Marcial Pons; citado en Revista de estudios hist贸rico-jur铆dicos n潞 21, Valpara铆so 1999 ISSN 0716-5455
  77. Valde贸n, op. cit, especialmente La 茅poca de las ideas universales. El pontificado y el imperio. Las Cruzadas. Capetos y Angevinos, pg. 131-157.
  78. Texto en lat铆n en la Nova Vulgata.
  79. Para toda la secci贸n Le Goff, op. cit., pgs. 80-87; la cita en cursiva, de Agust铆n Rico Mansilla En torno a Gonzalo de Berceo: Los "milagros de Nuestra Se帽ora" y el culto a la Virgen, de donde tambi茅n es esta cita:
    Casi todos los historiadores que han estudiado el tema est谩n de acuerdo en un punto: En Europa, los siglos XII y XIII marcaron el auge de uno de los fen贸menos m谩s interesantes del cristianismo, el culto a la Virgen Mar铆a (Gerli,1988). Hasta ese momento, la devoci贸n a la Virgen, aun existiendo, hab铆a sido algo de importancia menor en la Iglesia. Hilda Graef (1967), desde la m谩s estricta ortodoxia cat贸lica, considera al siglo XII como la edad de oro de la mariolog铆a. Y Atienza (1991) estima que el culto a Mar铆a en el occidente cristiano estall贸 masivamente a finales del siglo XI, se expandi贸 a lo largo de los siglos XII y XIII y se estabiliz贸, pero con una implantaci贸n popular cada vez m谩s amplia, a partir del siglo XIV.
    V茅ase tambi茅n una perspectiva m谩s tradicionalista en el art铆culo Devoci贸n a la Sant铆sima Virgen Mar铆a de la Enciclopedia Cat贸lica.
  80. Juan Mart铆n Velasco Diccionario de Mariolog铆a P谩gs. 580-582: Paganismo y devoci贸n a Mar铆a; tambi茅n Agust铆n Rico Mansilla op. cit.
    parece casi seguro que la consideraci贸n y aceptaci贸n por la Iglesia del protagonismo mariano en el misterio de la Encarnaci贸n fue evolucionando progresivamente desde el siglo II hasta el V (Concilio de Efeso), pero no puede afirmarse con seguridad que se difundiera entre la gran masa de fieles y, menos a煤n, que fuese objeto de un culto generalizado. Por otra parte, conviene recordar que la liturgia cat贸lica fue sustituyendo muy lentamente a los primitivos cultos precristianos, los cuales tardaron varios siglos en olvidarse; a煤n se pueden rastrear en muchas fiestas actuales de base pagana. Hemos visto que el estudio de las festividades dedicadas a Mar铆a aporta algunos datos: En la Iglesia oriental solo se tiene noticia de una fiesta anterior al siglo V: la "Conmemoraci贸n de Santa Mar铆a": y, a principios del siglo VI, la del "Tr谩nsito de la Virgen". Sorprendentemente, en la Iglesia romana no se conocen fiestas marianas hasta el siglo VII, lo qu茅 induce a pensar que la evoluci贸n fue bastante m谩s lenta.
  81. Georges Duby (1996) Damas del siglo XII, Madrid, Alianza; especialmente Mar铆a Magdalena (editado como separata: ISBN 84-206-4699-7)
  82. Martine Charageat y Miguel 脕ngel Motis Dolader Sexo. Edad Media y Renacimiento. Diferentes maneras de vivir el matrimonio y la sexualidad en las comunidades cristianas y en las hebreas, en Florilegio medieval, Biblioteca Gonzalo de Berceo.
  83. Adeline Rucqoi La mujer en la Edad Media. El renacimiento termin贸 con las conquistas femeninas de los siglos XI al XIII en Florilegio Medieval, Biblioteca Gonzalo de Berceo.
  84. Uta Ranke-Heinemann La mujer seg煤n Tom谩s de Aquino, en Florilegio Medieval, Biblioteca Gonzalo de Berceo.
  85. Duby, op. cit.
  86. Es la tesis que defiende el historiador Kenneth Clark en Civilization, un prestigioso documental televisivo de la BBC, de la que se public贸 tambi茅n un libro.
  87. Huizinga op. cit.. Aragon茅s y castellano en el ocaso de la Edad Media ISSN 0213-2486, N潞 10-11, 1993, pags. 51-84 Promotores, arquitectos y talleres en el ocaso de la Edad Media Mar铆a Victoria Herr谩ez Ortega, Gerardo Boto Varela, 2004, ISBN 84-9773-161-1). En la Historia De Las Ideas Pol铆ticas de Jean Touchard se le da a esta periodizaci贸n un valor comparativo con las dem谩s: Cap铆tulo III: La Alta Edad Media: un empirismo hierocr谩tico (siglos V a X). Cap铆tulo IV: La Edad Media: el poder pontificio entre los antiguos (siglos XI a XIII). Cap铆tulo V: El ocaso de la Edad Media (siglos XIV y XV). Rese帽a de la 6陋 edici贸n (2006) ISBN: 8430943552.
  88. Santos Madrazo Madrazo (1969) Las dos Espa帽as. Burgues铆a y nobleza, los or铆genes del precapitalismo espa帽ol Editorial Z Y X.
  89. Arqueros en la Edad Media
  90. Ernesto Ferrero Barbabl煤. Gilles de Rais y el ocaso de la Edad Media. La historia verdadera que anticip贸 en cuatrocientos a帽os las fantasias m谩s perversas del marqu茅s de Sade.
  91. Liber Psalmorum 115:1 en Vatican.va. Fragmento de la pel铆cula Enrique V de Kenneth Branagh (subt铆tulos en franc茅s).
  92. Arnold Hauser Historia social de la literatura y el arte.

Bibliograf铆a

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